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Los abstencionistas de Salou, Calafell, Deltebre y Constantí serán decisivos el 21-D

Fueron los municipios con menos participación el 27-S de 2015. Movilizar a ese caladero de voto urbano y de clase baja será vital para los partidos

Raúl Cosano

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Movilizar las bolsas de abstención en entornos urbanos será decisivo el 21-D. Foto: Lluís Milián

Movilizar las bolsas de abstención en entornos urbanos será decisivo el 21-D. Foto: Lluís Milián

El desafío del 21-D es batir el récord de las elecciones catalanas más participativas de la historia. No será fácil. En 2015 se llegó al tope: un 74,9% de participación en Catalunya, y un 74,19% en Tarragona. Sólo cinco comicios al Congreso de los Diputados (1977, 1982, 1993, 1996 y 2004) suscitaron tanto interés en las urnas. 

La movilización, y su reverso, la abstención, se presumen más decisivos que nunca teniendo en cuenta la cortísima diferencia entre el bloque independentista y el unionista. Ambas partes estuvieron separadas por únicamente 1.386 sufragios, a favor del no a la independencia. Sin embargo, era el ‘sí’ quien vencía, por 10 a 8, en el número de diputados. 

La provincia, como el resto de Catalunya, muestra altos porcentajes de participación en zonas rurales, muy difíciles de modificar, sobre todo teniendo en cuenta que el independentismo debe mantener su movilización en esos ámbitos. Por tanto, es en los núcleos metropolitanos donde los partidos tienen más margen de maniobra para arañar votos. 

«La clave va a estar en el voto urbano, de clase trabajadora, media-baja. Para que haya un cambio real en el equilibrio de fuerzas actual tiene que haber una participación superior al 80%. Eso es mucho. Esa participación superior se daría en aquellos núcleos donde tradicionalmente ha habido más abstención. Probablemente se movilizaría más voto constitucionalista que independentista, pero eso es sólo una hipótesis», cuenta Àngel Belzunegui, profesor y sociólogo en la URV. Otro dato revelador: en Catalunya, dos tercios de los que no fueron a las urnas el 27-S viven en alguna de las 50 ciudades más pobladas.

Del contraste sale la clave del 21-D y, en concreto, de aquellos municipios que menos votaron en las elecciones donde más se votó. En la provincia se pueden detectar. Son Salou (70,05%), Constantí (71,32%), Calafell (70,29%), El Montmell (65,86%), Deltebre (68,67%), Sant Jaume d’Enveja (69,19%), Mas de Barberans (71,12%) o Alfara de Carles (66,99%). Otros dos se pueden añadir para formar un ‘top ten’ crucial: Creixell (71,96%) y La Bisbal del Penedès (71,53%).

Grandes municipios del litoral
Algunos de ellos, además de estar incluso cuatro puntos por debajo de la media tarraconense de participación (74,19%), aparecen en la lista de los municipios más grandes de la provincia y tienden a estar ubicados en el litoral. 

Ismael Peña-López, profesor de política en la UOC, define dónde pueden estar los escasos reductos de movilización en campaña: «Es probable que se movilice un extremo que hasta ahora no lo estaba: gente que normalmente no participaba, por ‘pasar’ de la política, con status social bajo, quizás con un nivel educativo más bajo y más sensible a movimientos más populistas. Es un caladero de votos que podría ir seguramente en clave española o unionista».

Esa bolsa de votantes por movilizar –una complicadísima tarea para los partidos– contrasta con una Catalunya interior que votó en masa y que, por la prima del voto rural del sistema electoral, dio a los partidos independentistas la mayoría en escaños aunque no ganaran en sufragios. «El voto claramente soberanista no es inamovible, pero de alguna manera ha tocado techo por el momento, no a largo plazo», apunta Belzunegui. En numerosos municipios del interior de la provincia, la participación superó el 80% y en algunos incluso alcanzó el 90%. 
Ismael Peña-López no descarta, sin embargo, que el incremento de la participación beneficie eventualmente al soberanismo: «Hay que tener en cuenta que el 1-O hizo mella en estos sectores que no votaban, que no estaban interesados por la política, que votaban a las derechas o que estaban desencantados con el socialismo de los últimos años y no iban a las urnas. Puede ser que se decanten por opciones independentistas». 

Hay quien piensa que aumentar la participación será casi imposible. «El independentismo es el que es, y lo hemos ido viendo varias veces, el 9-N, el 27-S o el 1-O. Si hay alguien por movilizar, es por el otro lado», dice el politólogo Oriol Bartomeus. Sin embargo, el profesor de Ciencias Políticas es escéptico sobre que haya una gran bolsa de votantes por movilizar por el lado constitucionalista. «Es el mito de la mayoría silenciosa. Ciudadanos está en la trampa de que existe un remanente inmenso de votos que se movilizará a favor de su candidatura y que le llevará más allá de los 30 diputados», cuenta Oriol Bartomeus, que reconoce la incertidumbre: «Todo se mueve, de forma que hacer vaticinios es un deporte de riesgo. La sensación es que cada vez hay más electores sin decidir y que los que dicen haber decidido son capaces de cambiar en cualquier momento». 

Acaba Bartomeus la predicción: «Todo dependerá de la penúltima filtración, del penúltimo tuit, de la última resolución judicial, del último giro de guión… hasta el mismo día de las elecciones». 

A favor de un aumento de la participación podría jugar el incremento del censo. Hay 5,5 millones de ciudadanos llamados a votar. Las 136.000 personas que han alcanzado la mayoría de edad superan al balance de muertos y emigrados. Hay 43.130 potenciales electores más, 4.381 en Tarragona. Pero ni si quiera eso es certeza de nada en un panorama cambiante con sólo una realidad: la abstención será esencial y los partidos se esmeran en lograr votos allí donde está enquistada. 

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