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«Los afganos son muy hospitalarios, pero no admiten que nadie les diga qué deben hacer»

El periodista tarraconense Pau Miranda es un experto en información internacional y vive en Kabul, donde trabaja para Médicos Sin Fronteras

Xavier Fernández

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El periodista tarraconense Pau Miranda, en la sede del Diari. Foto: Pere Ferré

El periodista tarraconense Pau Miranda, en la sede del Diari. Foto: Pere Ferré

Pau Miranda es el actual responsable de Comunicación de la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Afganistán, pero responde esta entrevista como periodista experto en política internacional, no como portavoz de la ONG. Miranda ha ejercido de corresponsal de diversos medios de comunicación en India y Pakistán y también ha cubierto noticias en Bangladesh, Sri Lanka, Nepal, República Democrática del Congo, República Centroafricana, Sierra Leona, Siria, Yemen, Irak, Palestina...


¿Las ONG cubren necesidades que debería asumir el Estado?
Uno de los principales problemas de las ONG es cómo financian una actividad que debería no sólo estar financiada sino cubierta por instituciones públicas. Son como parches para tapar agujeros. El objetivo de toda ONG debería ser desaparecer. O porque ha desaparecido la necesidad a cubrir o porque la financia el Estado.

¿Cómo se puede conjugar una buena financiación con que la ONG sea independiente?
Si la financiación es pública, dependes de un sistema de pago ineficaz porque tienes que cubrir una necesidad y pagar a tus trabajadores y no puedes esperar a que llegue el dinero. También dependes de los cambios políticos. ¿Qué haces?¿Lo que crees que debes hacer o lo que te dice el Gobierno que hagas? La gran fuerza de Médicos Sin Fronteras es precisamente que la inmensa mayoría de su financiación es privada e incluso individual. Eso te da independencia y legitimidad.

¿Cómo convencer al ciudadano de que confíe en las ONG, que esté seguro de que el dinero que done irá donde debe ir?
Las ONG deben rendir cuentas, explicar lo que están haciendo. Tienen que ser muy transparentes. 

¿Cómo es su vida en Kabul?
Mi día a día es levantarme, ir a la oficina, comer, volver a la oficina, ir o no al gimnasio, volver a casa, cenar, ver una serie e ir a dormir.
Suena ‘demasiado’ normal para vivir donde vive. Normalizas cosas que no son normales. Residimos en una isla de casas de la cual no salimos. La situación en Kabul es complicada para los extranjeros. Nos movemos en un espacio limitado. En alguna ocasión sí salimos

¿Salen protegidos?
Médicos sin Fronteras no lleva nunca guardaespaldas ni coches blindados. Sí que vamos en coches con el logotipo. El objetivo es que te proteja la propia comunidad para la que trabajas. Si ellos creen que nuestro trabajo es útil, respetarán tu presencia. 

¿Aún se ‘nota’ la presencia de Bin Laden en Afganistán?
Los afganos son un pueblo muy hospitalario, pero que no admite que nadie les diga cómo tiene que llevar su país. Eso vale para los americanos, los soviéticos, los británicos, los italianos y los árabes. La presencia de Bin Laden acarreó consecuencias muy duras para el país. Ahora es un recuerdo. 

Usted cubrió la caída de los talibanes a consecuencia de la guerra emprendida por EEUU tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. 
El 11-S lo cambió todo. Parece que la historia de Afganistán empiece en 2001, pero es muy anterior. La guerra de Afganistán ya hacía 20 años que duraba. Los talibanes son un movimiento más que surge en los años 90. Tienen una agenda nacional. No quieren cambiar el resto del mundo. Ahora se han convertido básicamente en una milicia armada, pero también con un discurso político. 

Se suele asociar Afganistán con mujeres andando por la calle cubiertas con burka.
La situación de la mujer es claramente mejorable desde nuestro punto de vista occidental. Esto hay que remarcarlo: nosotros tenemos nuestra manera de ver el mundo, que pensamos que es la mejor. Otros tienen la suya, que también piensan que es la mejor. Hay que respetarla. Nos olvidamos de que en España las mujeres cobran como mínimo un 25% menos que un hombre por el mismo trabajo.

Esa brecha salarial es inadmisible, desde luego, pero no es lo mismo que llevar burka. 
No, claro. ¿Pero tenemos que dar lecciones a los otros cuando no hemos sabido resolver nuestros propios problemas? Hay zonas rurales de la India en que la mujer va tan cubierta como en Afganistán y no se habla tanto.

¿Se acostumbra a verlas?
Después de quince años, hay situaciones a las que uno se acostumbra e intenta entender la cultura de otras personas, aunque cuesta mucho. 

También ha estado en África. ¿Qué es lo que más le ha impresionado?
Conozco sólo algunos países. Por ejemplo en República Centroafricana me impresionó la calidez de la gente y la precariedad extrema a todos los niveles con que viven. Aún así no pierden las ganas de seguir adelante e incluso de sonreír. Hay personas que llevan toda su vida huyendo de la guerra.

Se ha encargado de la comunicación de campañas de MSF en varios países, como Irak. Como periodista, no como portavoz de la ONG, ¿cree usted que EEUU ya sabía que no había armas de destrucción masiva?
Si Colin Powell, que fue Secretario de Estado, ha reconocido su error, no seré yo el que lo corrija. Hay evidencias de que o sabían que no había armas o no tenían suficientes pruebas para demostrar que sí las había.  

Colin Powell ha reconocido el error. El expremier Toni Blair pidió perdón por la guerra. Aznar no ha rectificado ni un ápice.
No. ¿Qué responsabilidades políticas han asumido él o su partido? Ninguna. Una de las peores consecuencias de la guerra de Irak es la actual guerra de Siria. 

Con todo lo que ha visto y vivido, ¿le queda la sensación de que los seres humanos no sabemos más que matarnos?
Uno ve lo peor, pero también lo mejor. Esto es un tópico, pero es cierto. En situaciones extremas, uno se da cuenta de la valía del ser humano. Es cuando sale lo mejor. A veces nos sorprendemos en nuestro tranquilo entorno de un gesto amable: que nos dejen pasar, que nos abran la puerta...  Cuando hay mucha violencia, cualquier gesto es aún mucho más importante. En Afganistán y otros países, el nivel de generosidad, de desinterés, de intentar ayudar a los otros aunque no les conozcan de nada, es impresionante.

Una sola pregunta sobre Catalunya. ¿Fue ingenuo esperar que Europa reconociese una Catalunya independiente?
Esperar grandeza de miras, incluso generosidad democrática de un grupo de países que han dejado que los refugiados se les ahogasen en la piscina de delante sin hacer casi nada, era cuando menos atrevido. La Unión Europa es grupo de estados y el sistema de estados intenta mantenerse. Ante una ‘amenaza’ el sistema se defiende, no apoya a la ‘amenaza’. La reacción hasta cierto punto es lógica.

 

El perfil
De Costa Rica a Kabul pasando por la Part Alta de Tarragona

La vida de Pau Miranda es de película. Nació en Costa Rica en 1973, de padre costaricense y madre uruguaya. Cuando Pau tenía sólo un año de edad, la familia se trasladó a Holanda. Pocos años después se instalaron en Barcelona y en 1984 recalaron en Tarragona, concretamente en la calle Puig d’en Sitges, en plena Part Alta. «Son los años más importantes, cuando haces amigos, tienes las primeras novietas, te haces mayor...», explica Pau. Estudió Periodismo en la Autònoma de Barcelona y luego viajó por medio mundo, pero se siente tarraconense. «He dado muchas vueltas, pero el único sitio que considero mi casa es Tarragona. Cuando en cualquier lugar del mundo me preguntan que de donde soy, siempre respondo que de Tarragona». Los padres de Pau se separaron y su madre se volvió a casar con un hombre nacido en Santander pero que había combatido durante la Guerra Civil en Tarragona. Tras la derrota republicana, el que sería el padrastro de Pau tuvo que exiliarse. Volvió a su ciudad de adopción, Tarragona, tras la muerte de Franco. Pau presume de orígenes: «Ahora la Part Alta se ha vuelto un poco pijita. Soy de la Part Alta de cuando no estaba tan arreglada, con edificios viejos. Era un barrio que necesitaba mucha atención que al final le dieron, cosa de la que me alegro mucho». El auge de restaurantes y bares ha provocado que desapareciesen locales «que no eran de restauración», comenta Pau entre risas. «Recuerdo ‘El Caprichito’. Hará unos 30 años. Me explicaban lo que era, veía una luz y me hacía mucha gracia», rememora Pau, que por entonces tendría unos 14 años. Ahora reside y trabaja en Kabul como responsable de Comunicación de la ONG Médicos Sin Fronteras. 

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