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Tarragona Entrevista

‘Los árboles nos dan una lección de lucha de millones de siglos’

Más conocido por su faceta política, Raül Font ama y vive la botánica. Se ha dedicado a catalogar las 61 especies de árboles que hay en el Parc del Francolí en una guía tan rigurosa como amena

Norian Muñoz

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Raül Font-Quer con el libro que presenta mañana en el Col·legi de Farmacèutics (al fondo).  FOTO: Lluís Milián

Raül Font-Quer con el libro que presenta mañana en el Col·legi de Farmacèutics (al fondo). FOTO: Lluís Milián

Raül Font-Quer (Tarragona 1958) es una cara conocida en la ciudad gracias a su trayectoria política, pero lo cierto es que su formación, y en buena medida, su pasión, está en la botánica. Mañana presenta el libro ‘El Parc del Francolí, Guia per conèixer els arbres’ (Silva editorial), un completo manual para descubrir la insospechada riqueza vegetal del gran parque de la ciudad. La guía se completa con fotos de Txiqui López.


Ya ha pasado una década desde que se inauguró el Parc del Francolí. ¿Sigue siendo un gran desconocido?

Son 12,7 hectáreas de parque en una zona a la que a mucha gente del centro de Tarragona le cuesta llegar. De alguna forma es un parque por descubrir.

¿Cómo le da por ponerse a catalogar los árboles del parque?

La gente me identifica como político, pero yo estudié biología e ingeniería agrícola e hice oposiciones y soy catedrático de instituto de ciencias naturales. Lo fui unos años y cuando dejé la política volví a ser profesor de botánica y doy clases en el Institut d’Horticultura de Reus. Digamos que lo de la política fue un largo paréntesis... En mi familia soy la cuarta generación de farmacéuticos y piense que hasta el siglo XX la botánica sólo se enseñaba en las facultades de farmacia. Mi hijo, la quinta generación, me ayudó en la parte del libro donde describo las propiedades medicinales.

«La política fue un largo paréntesis... Yo había  estudiado biología e ingeniería agrícola e hice oposiciones y soy catedrático de instituto»

Eso sí que explica su interés por los árboles, pero, ¿por qué los del Francolí?

Yo tuve una enfermedad complicada y felizmente superada y el médico me aconsejó que hiciera deporte y una de mis actividades diarias era un circuito por el parque. De tanto ir pasando me daba cuenta de que los árboles hacían su ciclo anual. Entonces decidí hacer una ficha de cada uno y me han salido inventariadas 61 especies diferentes. Inicialmente la idea era utilizarlas con mis alumnos. Desde hace un par de años las clases de botánica las hacemos en el parque, al pie del árbol... En el libro incluyo un apartado sobre los usos, el cultivo, las propiedades medicinales, la distribución geográfica y curiosidades.

Hay algunos árboles que ya estaban allí antes del parque.

Sí, y es un acierto, hay algunas especies antiguas, árboles de ribera mediterránea como el álamo, el tamarit o el fresno que se han respetado. Luego han respetado árboles que había en los antiguos campos de cultivo como algarrobos, olivos, avellanos... Y luego algunas especies de jardinería australianas, suramericanas, asiáticas, africanas... Algunas malviven porque no tienen las condiciones; pero también está el valor de poder contemplarlas.

¿Qué más se puede ver?

Existen tres especies distintas de cedros en el mundo. En una zona concreta del parque están plantadas las tres... En otra zona existen dos robles bastante abundantes que se hibridan dando lugar a un tercero... Y aquí los tenemos los tres. Eso es fantástico. 

¿Alguno que le tenga especial cariño?

Una Betula Pendula de subespecie ‘fontqueri’ en honor a mi abuelo que fue fundador del Instituto Botánico de Barcelona y del Jardín Botánico del Barcelona. Es un árbol típico de los bosques de Rusia y usaban la corteza para hacer papel, incluso papel de wáter. Sir Baden Powell, que fue fundador de los scouts, decía que si estás en el bosque y está toda la madera húmeda, la capa exterior de este árbol puede servir para hacer fuego porque expulsa el agua.

Más curiosidades...

El Almez, en catalán Lledoner, tiene un fruto que comíamos y tiene un hueso muy pequeñito. Los niños de Tarragona buscábamos cañas del río, hacíamos una especie de cervatana y con el huesillo hacíamos guerras. 

Hay gente que abraza los árboles. ¿Usted también?

(Risas) Yo los abrazo de otra manera, con el conocimiento, pero piense que son seres vivos que la evolución ha hecho trabajar mucho. Las plantas provienen de las algas verdes marinas que van colonizando la Tierra y las que han sobrevivido son las que han luchado, las que han tirado para arriba para que nadie les haga sombra. Son una lección de lucha durante millones de siglos de evolución. Hay eucaliptos que llegan a tener 130 metros de altura. Parece magia. ¿Qué bombea el agua hasta la última hoja?

Y hay que cuidarlos.

Sí, y tenemos que hacerlo por puro egoísmo, no por romanticismo. Mire este árbol (señala una foto del libro) un tejo, ha salvado la vida de millones de mujeres en los últimos 20 años. Este árbol fabrica una sustancia química que se usa en la quimioterapia para revertir el cáncer de mama y que todavía no se puede elaborar en laboratorio.
 

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