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Los archivos perdidos de Sant Magí

El Arxiu Històric Arxidiocesà de Tarragona descubre en Barcelona seis cajas de documentos de la parroquia de la Brufaganya que se pensaba que se habían quemado durante la Guerra Civil
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Joan Maria Quijada Bosch, ojeando uno de los libros que se han recuperado de la parroquia de Sant Magí. Foto: J.C.

Joan Maria Quijada Bosch, ojeando uno de los libros que se han recuperado de la parroquia de Sant Magí. Foto: J.C.

Joan Maria Quijada es técnico del Arxiu Històric Arxidiocesà de Tarragona (AHAT). A finales del pasado año estaba leyendo un informe sobre el estado de destrucción que había sufrido la parroquia de Sant Magí de Rocamora (o Brufaganya) en la Guerra Civil. «Me fijé en que una vez terminado el conflicto, en 1939, se explicaba que el archivo parroquial se había llevado a Igualada y no decía nada de que se había quemado o destruido, tal y como se pensaba». Era la pista que abría un rayo de esperanza, puesto que la idea generalizada es que los archivos se habían consumido en la destrucción de 1936.

Aquel 22 de julio se personaron en la parroquia de Sant Magí de Rocamora (situada en Pontils, Conca de Barberà) algunos miembros del comité antifascista de Santa Coloma e Igualada, junto con otros milicianos, con la intención de capturar a mosén Miralles, cura de la parroquia. Llegaron tarde los milicianos, puesto que éste se había ido. Sin embargo, aprovecharon para saquear el templo. Se llevaron muebles y algunos objetos de plata consagrados a la liturgia.

En el informe que leyó Quijada se explicaba que «según la declaración del vecino Magí Niubó, en 1939, el comité antifascista de Igualada se llevó de la iglesia el archivo y por tanto no se quemó en el saqueo», argumenta el investigador.

Este mes de marzo, Quijada acompañó al director del AHAT, mosén Manel Fuentes, a Barcelona. Habían pedido permiso para consultar informes de 1939 de parroquias del Baix Penedès al Arxiu Diocesà de Barcelona. El trabajo nada tenía que ver con la pista de Sant Magí de Rocamora, pero Manel Fuentes, consultando diversos catálogos, se fijó en que había uno que contenía archivos de fuera del obispado de Barcelona y que en su interior había documentación de la parroquia de Pontils. «Era la primera constatación de que el archivo no se había quemado en la Guerra», explica Joan Maria Quijada. Sin embargo, los dos investigadores tuvieron que volver otro día para conocer la magnitud de la documentación que se guardaba en la Ciudad Condal.

 

Cinco cajas y su valor

El 13 de marzo, Fuentes y Quijada pudieron ojear la documentación referente a la parroquia de la Conca de Barberà. «El director del Arxiu Diocesà de Barcelona, mosén Josep Mª Martí, nos comentó que no habría inconveniente en retornar la documentación a Tarragona tras cumplimentar la solicitud», explican ambos. El 24 de marzo entraba en el registro de entrada del Arxiu Diocesà de Barcelona la petición y el pasado 20 de abril se recogía para trasladarla a Tarragona.

¿Qué importancia tiene toda la documentación recuperada? «Antes de hacer una valoración, se debe catalogar», apunta Quijada. Toda esta información nueva –añadida a la que ya está estudiada– permitirá hacer estudios sobre la evolución tanto desde una vertiente urbanística de la zona (la ampliación del santuario dedicado a Sant Magí) como desde el punto de vista humano con la información que tienen los libros sacramentales. El periodo que abarca esta información va de 1604 hasta 1936.

 

De Igualada a Pedralbes

El traslado de la documentación de la parroquia de Sant Magí hasta igualada, en 1936, se salvó, en parte, por la orden del conseller de Cultura de la Generalitat, Ventura Gassol, quien decretó que toda documentación de carácter histórico pasaba a ser responsabilidad de la Generalitat.

Quizá desde su confiscación el 22 de julio hasta la proclama de Gassol, el 4 de agosto, nadie se preocupó de destruir aquellas cajas, que quedaron protegidas por orden del Govern de la época ese verano.

Manel Fuentes y Joan Maria Quijada han reconstruido el camino que recorrieron estos documentos desde 1936.

Salieron de Igualada en 1938 para quedar en depósito en el Monasterio de Pedralbes, que aquel año se había convertido en el Arxiu Històric General de Catalunya.

Con la ocupación franquista de la ciudad, los archivos permanecieron un tiempo en Pedralbes hasta que paulatinamente se fueron devolviendo a sus propietarios.

Sin embargo, nadie solicitó la devolución de los archivos de la parroquia de Pontils y la información quedó guardada en Barcelona sin que nadie supiera de ella hasta hace unos meses, cuando la pista descubierta por Quijada ha permitido recuperar los documentos 79 años después.

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