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Los artesanos siguen vivos y entre nosotros

Las franquicias mandan sobre lo que compramos y usamos, pero todavía unos pocos artesanos desafían al mercado y venden sus productos de feria en feria

Norián Muñoz

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Joan elabora perfumes y crea él mismo los botes. En la foto, trabajando en la Fira d’Artesans instalada por estos días en  la Rambla. FOTOS: lluís milián

Joan elabora perfumes y crea él mismo los botes. En la foto, trabajando en la Fira d’Artesans instalada por estos días en la Rambla. FOTOS: lluís milián

De diez de la mañana a diez de la noche, en la calle, aguantando las inclemencias del clima y, sobre todo, las fluctuaciones entre el interés y la indiferencia de los paseantes.

Así transcurre, en días de feria, la vida de muchos artesanos en una escena que, en esencia, no dista mucho de la que podría haber tenido lugar en la edad media.

Pero no hay que engañarse; lo que a unos pueden parecerles penurias, para otros es, simplemente, una vida elegida a conciencia. «Me encanta lo que hago», reconoce sonriente Joan Gómez, perfumista, desde el puesto que comparte con su pareja, Griselda, en la Fira d’Artesans de Tarragona, ubicada por estos días en la Rambla Nova.

Atiende paciente a quienes se acercan a oler las muestras de perfume, los inciensos, las sales, las cremas naturales... en su puesto, l’Artesania de les Aromes. Aquí se hace todo a mano, hasta los botes de los perfumes a los que da forma, allí mismo, calentando, soplando el vidrio.

¿Que si es duro vivir de la artesanía? Joan reconoce que «toca hacer malabarismos» y que casi cada fin de semana está en una feria distinta, «pero peor sería pasarse el día en una oficina». Además, asegura, la gente, una vez que prueba los productos y la cosmética natural, quiere repetir.

A unos metros Antònia Font sigue tejiendo con una gran aguja de ganchillo; una labor que aprendió de pequeña, en la familia, y que luego, con los años, ha ido perfeccionando y enriqueciendo.

En su caso, después de años de feria en feria ha conseguido montar una tienda en Cambrils donde también ofrece talleres y que cierra este mes para venir a la feria de Tarragona. Dice que este año será definitivo para saber si el negocio puede seguir adelante.

Entre bufandas hechas a mano cuenta que hay gente que valora el hecho de tener algo único, hecho a mano, y que se interesa por el proceso, pero también hay gente que no lo valora en unos tiempos en que las grandes franquicias de moda lo inundan todo.

En estos días también se pasa aquí todo el día y, como los demás, pide favores a los compañeros para ir al lavabo, para comer algo...

Hecho a mano, vendido en la web

Miguel Ángel Ruiz, artesano zapatero, corrobora la teoría de Antònia: las franquicias nos tienen a todos «uniformados» con las mismas prendas, algo evidente incluso entre los más jóvenes, siempre los más propensos a enrolarse en la estética de las tribus urbanas. 

Lleva unos 15 años en el oficio. Hizo estudios formales de patronaje y diseño, pero también pasó, como se hacía antiguamente, por el taller de un maestro zapatero.

Reconoce que «mucha gente se sorprende» al saber que hacen a mano todo el proceso. ¿Ventajas? Que como lo controlan todo, los zapatos también se pueden personalizar al gusto de cada uno.

En su caso, además de las ferias, él y su compañera, Mayte, también venden por internet sus productos (pinrel.net). Eso sí, si quiere tocarlos, toca ir a la feria.

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