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Los barrios de Tarragona se quedan sin oficinas bancarias ni cajeros automáticos

En el caso del Serrallo, por ejemplo, los vecinos deben desplazarse hasta la calle Pere Martell para poder sacar dinero en efectivo. Sant Pere i Sant Pau organiza una concentración protesta

CARLA POMEROL

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Antiguamente, en la calle de Gravina del Serrallo, había dos entidades bancarias, una frente a la otra. Cerraron hace años. FOTO: PERE FERRÉ

Antiguamente, en la calle de Gravina del Serrallo, había dos entidades bancarias, una frente a la otra. Cerraron hace años. FOTO: PERE FERRÉ

Si un vecino del Serrallo quiere sacar dinero en efectivo del banco debe desplazarse hasta la calle Pere Martell. El barrio marinero se ha quedado sin cajeros automáticos ni oficinas bancarias. Montserrat, de 86 años y vecina del Serrallo, es una de las afectadas por esta decisión. «De un día para otro, las sucursales han bajado la persiana y nos hemos quedado sin el servicio. La consecuencia, en mi caso, es doble: por un lado, porque me cuesta mucho hacer la subida andando hasta el cajero más próximo y, en segundo lugar, porque vivo sola y necesito de alguien que me ayude con las gestiones bancarias», explicaba Montserrat, quien ha decidido que sacará el dinero de la entidad financiera como castigo.

Como el Serrallo, son muchos los barrios tarraconenses que se han ido quedando sin cajeros y sin atención personalizada. Las entidades bancarias han iniciado el desmantelamiento de las oficinas más pequeñas de la ciudad. La mayoría de los bancos apuestan por abrir espacios más grandes y especializados.

Hace unos años, el Serrallo estaba lleno de entidades bancarias: desde La Caixa, hasta el BBVA, pasando por la Caixa Tarragona y el Penedès. Poco a poco, han ido cerrándose todas; unas por desaparecer y otras por una nueva estrategia empresarial. Las últimas en bajar la persiana fueron La Caixa y el BBVA, dejando al barrio sin ningún cajero automático. «Las oficinas más cercanas para ir a hacer gestiones están ubicadas al lado de la estación de autobuses y en la calle Mallorca», explica Justo Velilla, portavoz de la Associació de Veïns del Serrallo, quien añade que «el nuestro es un barrio con mucha gente mayor y, en algunos casos, personas que no pueden desplazarse solas». Velilla dice que «entiendo que las oficinas bancarias deberían ser un servicio social», y añade que «a una persona de 90 años no le hables de aplicaciones ni de correos electrónicos. Es un derecho que los atienda alguien».

En el Serrallo, ir al banco era parecido a ir a la peluquería o a la panadería. Los vecinos habían conseguido crear un vínculo personal con los trabajadores, cosa que generaba tranquilidad, sobre todo, entre las personas más mayores.

La Part Alta, la Vall de l’Arrabassada o el barrio de Sant Salvador, también han sufrido el desmantelamiento de las sucursales. En el caso de Sant Salvador, actualmente hay operativos dos cajeros automáticos, «de los cuales uno de ellos funciona un día sí y un día no», apunta Toni García, presidente de la Associació de Veïns de Sant Salvador-Sant Ramon. García añade que «para una población de siete mil personas hay solo una oficina de BBVA». La de Caixabank cerró hace unos meses. «Hacía unos 50 años que estaba en el barrio y daba un servicio fundamental, sobre todo, para la gente mayor. Nos han dejado con una mano delante y otra detrás», comenta García.

Todas las asociaciones de vecinos afectadas por el cierre de sucursales han mandado cartas a los bancos pidiendo explicaciones. «A nosotros no nos han contestado nunca», añade García.

Protesta en SPiSP

El malestar en Sant Pere i Sant Pau es tan grande que las dos entidades vecinales del barrio han convocado una concentración protesta para reclamar los servicios mínimos de los bancos. Gabi Muniesa, líder vecinal de la asociación la Unió, explica que «más allá de la pérdida de cajeros automáticos, también denunciamos que hayan dejado el barrio sin atención personalizada».

A principios de este año, algunos vecinos de avanzada edad denunciaron haber sido asaltados por otras personas mientras sacaban el dinero en el cajero automático. «Antes, entraban dentro de la oficina y un empleado del banco les atendía. Ahora deben hacerlo solos y al aire libre», dice Muniesa. Las dos entidades vecinales se han organizado y, desde el mes de mayo, custodian los cajeros automáticos para proteger a los ancianos de los posibles robos. La manifestación tendrá lugar este próximo domingo, a partir de las once de la mañana, en la plaza de la cuarta promoción de Sant Pere i Sant Pau.

‘Consellers’ seniors

Fruto de un encuentro entre los representantes vecinales y los responsables de Caixabank, la entidad bancaria impulsará en las próximas semanas una figura especialista en ayudar a las personas mayores en sus trámites y gestiones bancarias. «Lo que se conoce como conseller senior», aseguran fuentes de la entidad.

Referente al cierre de cajeros automáticos, el Diari se ha puesto en contacto con Caixabank y con el BBVA, y ambas entidades aseguran que la decisión obedece a una reestructuración y a un cambio de modelo del sector bancario, que se basa en concentrar los servicios en oficinas más grandes y más especializadas. «Y si cerramos una oficina, perdemos los cajeros, es inevitable», dicen desde el BBVA.

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