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Los carteles de 'se alquila' se extienden por la calle Comte de Rius de Tarragona

Durante muchos años los tarraconenses han conocido este eje como el de la telefonía, por la elevada proliferación de estos establecimientos

Núria Riu

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"Cuando peatonalizaron la calle hace 31 años pensábamos que no iría bien"

"Se ha convertido en la calle de los móviles, de los de antes sólo quedamos dos"

"Es una calle de paso que no está muy cuidada si lo comparas con ciudades como Girona"

La peluquería Estils cerrará el próximo 31 de marzo si la dueña no puede firmar en los próximos días el traspaso del negocio. Ubicada en la esquina entre la Rambla Vella y la calle Comte de Rius suma una trayectoria de más de catorce años en una de las vías que comercialmente tenía todos los puntos para convertirse en el eje VIP del centro de Tarragona. La realidad es completamente distinta: las grandes marcas nunca se han disputado sus metros cuadrados, los establecimientos tradicionales pueden contarse con los dedos de una mano y los carteles de ‘se alquila’ ganan protagonismo sobre todo en el tramo más próximo a la Rambla Nova.

Eurekakids, Magatzems València, Òptica Afflelou, la tienda de ropa Diyla, Goofretti y Baires Outlet tan solo son algunos de los negocios que han echado la persiana en los últimos meses. El cartel de ‘se alquila’ cuelga en una decena de locales. «Esto ha cambiado mucho. Era una de las mejores calles de Tarragona», recuerda la propietaria de la Papereria Núria. Este negocio es el más longevo de la calle.Fundado en 1931, su propietaria recuerda muy bien cuando lo peatonalizaron hace 31 años. «Inicialmente pensamos que la cosa no iría bien, pero se organizaban cosas y se paseaba mucho. Ahora no, eso es una calle de paso», describe Maria Jesús Alonso.

Un lugar de paso

Une dos de las principales arterias del centro como son la Rambla Nova con la Rambla Vella y la Part Alta, por lo que acaba siendo una de las avenidas más transitadas a lo largo del día. Los vehículos hace años que desaparecieron, aunque los comercios del tramo superior conviven aún con el tráfico del párking del hospital de Santa Tecla.

Josep González padre e hijo son la historia viva de esta calle. Son los encargados de la Pastisseria Conde, establecimiento que cumplió sus bodas de oro. Cuando explica los inicios de la pastelería, su fundador recuerda que aterrizó en este local de forma «accidental». «Quería el espacio que ocupa la armaría, pero estaba cerrado por inventario. Así que se quedó con éste. Era el rovell de l’ou», apunta su hijo.Y desde allí han vivido los años de máxima intensidad de una calle por la que tímidamente apostaron los bancos y que posteriormente ha pasado a ser la de la telefonía. Hay una tienda de fundas y gadgets varios, otra de Movistar y el Telecor, que hasta hace unos meses tocaba pared con pared con The Phone House.

Con todo, Josep González considera que «esta crisis nos está haciendo mucho daño a todos. En lugar de lo mejor se busca lo más económico, por lo que intentamos hacer cosas nuevas que nos permitan seguir aguantando».

Alquileres por las nubes

Esta calle también ha caído en la rotación de sus negocios. Sobre todo en el extremo más próximo a la Rambla Nova que ha entrado en un dinamismo de rotaciones muy cortas en los últimos tiempos. El problema está en el alto coste de los alquileres que paga para cualquier local en esta calle. Echando un vistazo a las webs de portales inmobiliarios puede comprobarse como la tienda en antes estaba la óptica Afflelou supone una renta de 2.600 euros al mes, mientras que en el número 7 hay una superficie de 150 metros cuadrados por la que llega a pagarse 1.700 euros.

Scorpios es la tienda de moda de la calle Comte de Rius. Especializada en algunas de las grandes marcas de ropa de hombre y mujer desde 1969 es un referente de obligada peregrinación cuando empieza la temporada de bodas. Su responsable, Roser Borràs, describe que «en estos últimos años ha habido una proliferación espectacular de franquicias que abren y cierran. Es un visto y no visto».

No está cuidada

Borràs describe que mantener un negocio tradicional en el centro de Tarragona ahora mismo «es muy complicado. La competencia es atroz». Y apunta que el hecho de que los viandantes no tengan que estar pendientes del tráfico tampoco se traduce en gente que pasea y que acaba comprando. «Es una calle de paso que no está cuidada tampoco. En ciudades como Girona es muy diferente», concluye esta profesional.

A los comerciantes que quedan ahora en activo se les hace complicado definir si hay un segmento de actividad que predomine en estos momentos por encima de los otros.

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