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Los ciberataques disparan la demanda de ingenieros

La URV no da abasto para cubrir todas las plazas de informática que le reclama la industria. Los estudiantes de informática, telemática o ‘telecos’ reciben ofertas de trabajo dos años antes de acabar. Las amenazas en la red suben y se reclaman perfiles ligados a la seguridad

Raúl Cosano

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Un examen de aplicaciones y servicios móviles, en el grado de Telemática de la URV.  Foto: Lluís Milián

Un examen de aplicaciones y servicios móviles, en el grado de Telemática de la URV. Foto: Lluís Milián

A un alumno de informática de la URV le ofrecían 10.000 euros de sueldo cuando aún no había acabado la carrera. La oferta le llegó luego otra vez, ampliada, y un poco más suculenta. Eran 16.000 euros. El profesor le hizo una broma que era a la vez una recomendación: «Es mejor que sigas estudiando. Y espera a que te ofrezcan 22.000 euros». 

La situación es habitual en Tarragona. Los alumnos de ingeniería informática, telemática y telecomunicaciones se han convertido en piezas codiciadas por todo tipo de empresas, desde pymes a grandes compañías, en pleno boom del internet de las cosas y bajo la amenaza creciente de los ciberataques a escala global. 

En tercer curso el estudiante puede tener ya varias ofertas sobre la mesa, como indica Jordi Castellà, director del Departament d’Enginyeria Informàtica i Matemàtiques de la URV: «Hay mucha demanda y como cuesta años llegar a un buen nivel, muchas empresas hacen captación antes, incluso cuando el alumno está aún en la universidad». Es una situación insólita en otros campos.

La URV no puede cubrir todas las plazas que la industria reclama. «En las reuniones con el clúster TIC nos dicen que no pueden crecer suficientemente porque no producimos bastantes informáticos para abastecer sus necesidades», define Castellà.  

El resultado es que cursar algunos de estos estudios supone tener el trabajo asegurado una vez se acabe el grado. «Hay que tener en cuenta que la informática está en todos los sitios, desde la smart city, hasta los móviles… hay muchas vertientes, ya no concebimos el día a día sin la informática», apunta Castellà. 

La ciberseguridad es el nicho al alza. Episodios recientes como el estropicio provocado el virus Wanna Cry, de repercusión mundial, o el fallo informático de British Airways han puesto sobre la palestra la vulnerabilidad de los sistemas, toda una oportunidad para explorar esta veta y poder ganarse la vida. 

El ingeniero técnico en telecomunicaciones y experto en domótica David Ferré alude al amplio abanico de opciones laborales: «De la carrera sales con muchos conocimientos, y tienes salida para casi todos los ámbitos, desde el mantenimiento a la seguridad informática. Ahora los ingenieros van muy buscados». 

De fondo, la omnipresencia de la red de redes: «Con esta demanda creciente nos estamos adaptando al futuro. Ya se habla de la importancia de las telecomunicaciones, algo que no se ve y a lo que no se le daba la importancia que tiene. Lo común era ver que las cosas parecía que funcionasen por arte de magia, sin ser consciente de que por detrás hay trabajando muchos ingenieros». 

Ferré establece un paralelismo ilustrador: «El mundo real se aproxima cada vez más al de internet. Todas las fechorías se acaban reproduciendo. Si hay policía en el mundo real, ¿por qué no la va a haber en internet?». 

El empresario e informático tarraconense Ramon Cerdà hace otra comparación: «Si todas las empresas tienen a un vigilante de seguridad en la puerta, ¿por qué no van a hacer lo mismo con sus contenidos en internet?». 

Hay otra complicación que hace difícil que las compañías puedan ‘pescar’ profesionales. «¿Qué necesita una empresa? ¿Un experto en seguridad? ¿Alguien que sepa como asegurar la aplicación informática?. ¿Alguien de seguridad que vigila que nadie externo entra en el sistema?», se cuestiona Castellà desde la URV. 

«La persona que pueda entender bien un ataque es alguien que se ha tenido que formar muchos años y debe conocer muy bien todas las partes de la informática, como una especie de gourmet», prosigue el docente Jordi Castellà, también miembro del grupo de investigación Crises Security and Privacy y de la Càtedra Unesco de Privacidad de Datos. 

Por eso, cuando a los alumnos les tientan los cantos de sirena de alguna empresa en forma de oferta, los profesores siempre les recomiendan rechazarla y terminar antes los estudios. «Sabiendo que estamos en estudios con mucha salida laboral, es más fácil trabajar con el alumnado, es más sencillo motivarlo y el ambiente es mejor», define Castellà. 

El estudiante, además, puede testar e ir probando a medida que avanza. «Cada dos semanas me viene al despacho algún alumno que no sabe qué hacer ni por dónde tirar, porque le gusta todo. Entonces yo pienso: ‘bendito problema’. Porque puede ir probando diferentes caminos, sabiendo que en todos encontrará salida», cuenta Castellà. 

Entre ingenieros informáticos, telemáticos y de telecomunicaciones, cada curso salen de la URV unos 50 estudiantes, aproximadamente. Todos se gradúan con trabajo prácticamente asegurado. «Otra cosa distinta es la remuneración. Luego se trata de seguir progresando y mejorando. También hay quien se marcha fuera para aspirar a algo mejor, pero las perspectivas laborales son buenas y lo seguirán siendo más en el futuro», aclara Castellà.

También incide en los salarios  Pere Millán, profesor del área de Arquitectura i Tecnologia de Computadors en el Departament d’Enginyeria Informàtica de la URV:«Cada vez dependemos más de dispositivos informáticos. Hay mucha demanda. Todos los alumnos suelen salir de aquí con trabajo, aunque quizás las retribuciones no son las que deberían de ser y no se valora lo suficiente esa labor. Por eso, muchos estudiantes empiezan trabajando en el territorio, cerca de casa, pero después se van fuera, al extranjero, porque en otros países las condiciones son mejores». 

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