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Los conservadores del arte

Dos hombres trabajan en un taller de la Part Alta rescatando cuadros para museos de toda España. Manuel Allué y Eduardo Virgili son restauradores que luchan contra los estragos del tiempo en las obras de arte. Su trabajo es pura pasión, una tarea que requiere mucha minuciosidad y paciencia

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Manuel Allué y Eduardo Virgili se dedican a restaurar cuadros desde su taller ubicado en la Part Alta. FOTO: LLUÍS MILIÁN

Manuel Allué y Eduardo Virgili se dedican a restaurar cuadros desde su taller ubicado en la Part Alta. FOTO: LLUÍS MILIÁN

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VIA 1979 es el nombre de la empresa tarraconense que se dedica a la restauración en museos. Está dedicada también a la enmarcación de cuadros e imparte clases de restauración, a particulares y para instituciones. La gestionan Manuel Allué y Eduardo Virgili. Los dos hombres llevan ya años juntos en la restauración de pinturas, esculturas y fachadas. Tienen el taller en la calle Armanyà, en la Part Alta, donde trabajan en las dos plantas del local, que es a la vez taller y galería.

«No, VIA 1979 no viene del italiano (’vía, calle), sonríe Manolo, y explica que el nombre de la empresa es la abreviatura de los apellidos –Virgili y Allué–. «Y el número 1979 es el año que empecé a trabajar aquí», explica mientras cuenta la historia de la pasión de su vida, la restauración artística.


De la mano de su madre
«Tenía unos siete años cuando mi madre, que era una gran aficionada a las antigüedades, me llevó a un taller en Extremadura. Me quedé fascinado por una mesa que estaban restaurando», recuerda Manolo. «Cada sábado tomábamos un aperitivo con mi madre, después ella me llevaba a ver las antigüedades que compraba», cuenta, y recuerda que en aquel momento «esto era carísimo».

Todavía le vienen a la mente los tres restauradores tarraconenses de aquella época –Castellarnau, Agapito Franquet y Rigau–. «Eran personas irrepetibles, físicamente me parecían potentes, gente amante de la restauración», se emociona, y añade que todavía le queda algún mueble de los que compraba su madre.


‘Esto es pura vocación’
«Restaurar es un trabajo vocacional, no caben dudas», dice Manolo, a quien esta pasión le atrapó «por vocación y pura afición desde muy joven. Siempre he querido ser pintor, pero no pinto tan bien como para ganarme la vida con ello», sonríe para afirmar, medio en broma, que quizá por ello al final se ha dedicado a «arreglar cuadros de otros».

Manolo Allué es licenciado en Literatura en Barcelona y de joven trabajó en una editorial. Pero no tardó mucho en darse cuenta de que este trabajo no le llenaba y empezó a estudiar Artes Aplicadas, tras lo que realizó también varios cursos de restauración. Así definitivamente deja el mundo de la edición y lo cambia por este de la restauración en museos. Y después de tantas vueltas en Barcelona, Santiago de Compostela… vuelve «a la cuna», a Tarragona, donde abre VIA 1979.

Su trabajo es especial, «pura afición», y necesita que la persona se vuelque al cien por ciento, que viaje, que esté apasionada por la pintura… En realidad, Manolo Allué ha viajado mucho y conoce los mercados de antigüedades de toda Europa: París, Roma, Londres… Habla con una pasión absoluta nombrando lugares: en el sur de Francia, en Sablon y Jeu de Balle en Bruselas… Por el trabajo le gusta viajar y «comprar, gastar, poseer las cosas antiguas», pero nunca ha sido coleccionista, porque le encanta «el contraste entre lo sofisticado y lo sucio», en el sentido de vejez, elegancia, irrepetibilidad.

Manolo y Eduardo se dedican a enmarcar cuadros en museos, para su conservación y para su exhibición. Su último trabajo ha sido para un museo en Málaga. Ellos mantienen los cuadros en el Museo de Arte Moderno de Tarragona. Ahora están colaborando en la restauración de la fachada de la iglesia de Nazaret, en la Plaça del Rei, en Tarragona. Manolo enseña fotos de la escultura de ‘Cristo de la sangre’ que han restaurado, y enseguida uno aprecia que debe ser muy difícil trabajar cuadros y esculturas, a veces hechas hace unos siglos.

«Nuestro trabajo exige minuciosidad y dura entre nueve y diez meses. Muchas veces me despierto y pienso en el cuadro que estoy haciendo», dice él. A veces baja al taller por la noche para asegurarse de que el cuadro que está restaurando está quedando bien.

Cuando se le pregunta sobre los cuadros de la tesorería mundial de las bellas artes, contesta que «la historia del mundo es crear y destruir», y que muchas obras maestras han sido destruidas durante las guerras –cosa que a veces hace difícil o prácticamente imposible su restauración y manutención. Explica que en estos casos se trabaja en equipos, donde cada uno de los especialistas aporta su opinión.


Un trabajo de horas
A veces se necesitan horas para restaurar un trocito pequeño en el cuadro. Pero Manolo es muy feliz y satisfecho con lo que hace, por eso no separa su vida privada del trabajo –está totalmente dedicado a su profesión–. Afirma que el interés por lo que hace es grande. De hecho, ha colaborado con varios programas de radio.

Ante la pregunta de qué es lo imprescindible para realizar su trabajo y qué consejo daría a los jóvenes que quieren dedicarse a la restauración, responde con total seguridad que «se necesita mucha paciencia». Y al despedirse suelta: «Si los jóvenes hoy sólo quieren ganar dinero, conducir un Audi o comprarse una casa, es mejor dejarlo y dedicarse a otra cosa…».

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