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Los cruceros animan el comercio, pero con poco gasto por visitante en Tarragona

Con un impacto puntual, 62 euros por crucerista, la experiencia es positiva y reabre la discusión sobre la apertura los domingos

Norián Muñoz

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El ´Viking Sea´ llegó a principios de mes y se convirtió en el primer barco que tuvo Tarragona como puerto base. Foto: Pere Ferré/DT

El ´Viking Sea´ llegó a principios de mes y se convirtió en el primer barco que tuvo Tarragona como puerto base. Foto: Pere Ferré/DT

«Han sido unos clientes muy buenos, respetuosos y que dejan muy buenas propinas», cuenta Matías Salas. En su restaurante de la Plaça de la Font este verano ha visto llegar a un nuevo perfil de clientes: los cruceristas, que con sus identificativos colgando del cuello han entrado a cuentagotas pero han venido a alegrar un verano ya de por sí animado en lo que se refiere a turismo extranjero. Le ha tocado adaptar horarios para poder dar comidas y cenas más pronto y tener siempre en la carta platos que sabe que le piden, como las tapas o la paella.

En lo que va de año han atracado en la ciudad 16 cruceros con 11.130 pasajeros a bordo, aunque el impacto económico que han dejado en la ciudad todavía está por cuantificarse, en parte porque algunos tienen excursiones contratadas y apenas tocan suelo tarraconense son trasladados en autobús a otros destinos cercanos.

No se sabe pues cuántos se van y cuántos se quedan, pero desde la Autoridad Portuaria explican que editan folletos específicamente para cada día de crucero, con información de la ciudad, del territorio, horarios de museos, si hay actividades culturales aquel día... Además, hay guías turísticos en la propia terminal.

La alegría va por barrios

Pero los que terminaron pisando las calles de Tarragona, en especial la Part Alta, fueron mirados con un interés especial por parte de los comerciantes. Y no es pura curiosidad, sino también oportunidad de negocio. Según la CLIA (Cruise Lines International Association), la contribución de cada crucerista a la economía local en un puerto de escala es de 62 euros.

La alegría, de todas formas, va por barrios. Los que relatan haber notado más su presencia son los restauradores de la zona de paso y las terrazas, como confirma la dependienta de una tienda de helados de la bocacalle de la Plaça de la Font, quien dice que los días de crucero se ha notado en la caja.

Menos entusiastas son los comercios de souvenirs, y eso que el número de estos establecimientos ha crecido notablemente en los últimos meses en la Part Alta. El dueño de una de las tiendas más veteranas, que resiste desde los años cuarenta en la Plaza de la Font, cuenta que apenas han entrado cruceristas. Consultamos a otros cuatro establecimientos del Carrer Major y coinciden en que les han visto, sí, pero pasar de largo.

Aunque hay quien prefiere ver la botella medio llena, como en turrones Vicenç, donde explican que los extranjeros cada vez saben más de qué va su producto y lo compran todo el año. Se alegran cuando sabe que quedan seis barcos por llegar hasta fin de año. Incluso en la Farmacia Salazar se han percatado; los cruceristas también pasan por la puerta, generalmente pidiendo antiinflamatorios y medicamentos para molestias menores.

Trabajo bien hecho

Pero, anécdotas aparte, desde la patronal, Pimec Comerç, creen que desde el Port (Tarragona Cruise Port Costa Daurada) se están haciendo bien las cosas porque el crecimiento de los cruceros ha sido importante (este año serán 22, el doble que los 11 del año pasado) pero ha sido posible asimilarlo bien.

Florenci Nieto, su presidente, cree, no obstante, que si la llegada de barcos se consolida (desde el Por todavía no adelantan previsiones para el año que viene) sí que habrá que pensar en algunas tareas pendientes.

Una de esas tareas es mejorar la información, porque si bien ahora ya se avisa a los comercios de los días en que vendrán cruceros cree que haría falta hacerlo con más anticipación. Así los comerciantes potencialmente implicados podrían preparar su stock y, si hace falta, ampliar el personal.

Pero la gran tarea, explica, es reabrir el debate de la apertura los días domingos y feriados que hay cruceros. «Nadie quiere visitar una ciudad fantasma donde todo está cerrado. Hay que dar una imagen viva de Tarragona», asegura, por lo que los comercios deberían plantearse hacer una inversión al respecto.

Este tipo de turistas, explica, no sólo no suele mirar mucho el bolsillo, sino que además está informado, tiene una visión del territorio, «no va detrás de unas castañuelas».

Salvador Minguella, de la asociación tarraconense de comerciantes Via T, coincide en que las cosas se están haciendo bien y en que hay que plantearse la apertura dominical. En este sentido apunta que es necesario que el Ayuntamiento de Tarragona haga gestiones ante la Generalitat, unas gestiones que, asegura, están pendientes.

En su propio caso cuenta que ha tenido alguna venta interesante a un crucerista, pero cree que si se decide abrir los domingos habrá que tener paciencia y verlo como una inversión porque habrá días que se abra y apenas haya actividad.

Restauradores esperanzados

Finalmente, el otro sector que sí ha notado la llegada puntual de cruceristas es el de la restauración, en particular del casco histórico. Eva Sánchez, de la Associació de Restaurants de la Part Alta (ARPA), comenta que se ha notado especialmente en los establecimientos donde no hay que hacer reservas y los que tienen terrazas. «Sé que esos días en la Plaça de la Font se ha trabajado muy bien», ejemplifica.

A los restaurantes también se les informa de la llegada de cruceros y, de momento, han podido absorber bien la demanda en días puntuales.

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