Los enigmas de la simbología rupestre

Bea Menéndez Iglesias es arqueóloga especialista en arte rupestre. Investiga e interpreta los dibujos que grupos humanos prehistóricos plasmaron en medio mundo.

Gloria Aznar

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Bea Menéndez entre los restos romanos de la Plaça del Fórum de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Bea Menéndez entre los restos romanos de la Plaça del Fórum de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

¿Cómo concebían el mundo aquellos primeros hombres y mujeres que poblaron la Tierra? ¿Qué pensamientos ocupaban la mente de nuestros ancestros? ¿En qué creían? «Pues alguna creencia sí tenían. Eso es seguro», señala Bea Menéndez Iglesias

La comunidad científica no cesa en su búsqueda de las manifestaciones que aquellos humanos prehistóricos plasmaron hace miles de años. En profundas grutas, en cuevas o en rocas, apenas visibles y de difícil acceso incluso en estos tiempos. Dibujos que se intentan datar e interpretar, en pos de una mayor comprensión de su forma de vida.

Es el caso de Bea Menéndez, arqueóloga especialista en arte rupestre. «No siempre aparece lo mismo. Por ejemplo, en Sonora, en el noroeste de México, tenemos documentadas no solo figuras humanas y animales sino también soles, lunas, símbolos astrales o que se relacionan con la lluvia».

«Círculos y espirales se repiten en todo el mundo. Estas últimas suelen estar vinculadas al agua, un elemento básico»

Espirales, círculos... ¿Qué significa todo ello? «Es complicado. Son elementos que se repiten en todo el mundo y las espirales, concretamente, suelen estar vinculadas al agua, algo que tiene mucho sentido porque es básica y en zonas desérticas todavía más, como en Sonora-Arizona».

En otros casos -añade- «aparecen representados en las paredes animales ya extintos, pinturas que, a pesar de disponer de restos de fauna, ayudan a hacerse una idea de cómo eran».

Esta asturiana llegó a Tarragona en 2004 para cursar un máster con el Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES) y un doctorado posterior. Ha trabajado en el Abric Romaní así como en Atapuerca y durante tres campañas en la Guinea Ecuatorial de Teodoro Obiang, en los poblados de Evian y Mabewele.

«No siempre los hallazgos son prehistóricos.  En Niza un militar romano dejó su nombre y numeración»

«Se trata de un proyecto arqueológico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el que me encargo del comportamiento simbólico del que, por el momento, no hemos encontrado vestigios. Hasta ahora se han hallado restos de industria lítica», comenta esta profesional que tiene que lidiar en África con pobladores como tarántulas, serpientes y hormigas «que son pequeñas y pican. Las verdaderas reinas de la selva», bromea.

Nueva vida en México
Este mes de agosto Bea cambia África por México, donde trabajará durante un año con la UNAM, universidad que le ha otorgado una beca postdoctoral. «México es rico en arte rupestre. Encontramos de diferentes momentos históricos, desde el periodo arcaico (8000-2000 a.C.) hasta la actualidad», revela la arqueóloga. 

«Identificar grabados en la roca no es fácil porque algunos son muy finos y la erosión también afecta».

¿Se aprecian diferencias estilísticas entre las diversas partes del mundo? «Sí», responde. «Los pigmentos son naturales, vegetales o minerales». En cuanto a los estilos destaca los de la Baja California, «figuras tremendamente grandes, pintadas una mitad de un color y otra mitad de otro, negras, rojas...». Del mismo modo, resalta la belleza de las halladas en Francia, en la región franco-cantábrica.

Esta profesional puntualiza que no siempre el descubrimiento de las pinturas rupestres va acompañado de restos humanos. Y no siempre los grabados son prehistóricos. Así, cuenta cómo en los Alpes italianos, en la zona de Niza, teníamos inscripciones romanas. Había pasado por allí algún militar romano que dejó su nombre y la numeración. Y en Sonora, armas grabadas».

«En la Baja California las figuras son tremendamente grandes, pintadas en rojo y negro. En otras ocasiones las pinturas aportan información sobre animales ya extintos».

En México profundizará en la investigación que ya abordó en su tesis doctoral. «Continuaré con la documentación y el registro de yacimientos en la frontera entre Arizona y Sonora así como un estudio de la pátina del desierto con el objetivo de datarla, ya que en ocasiones contiene grabados en su interior, tapados por capas y capas de estas formaciones». Para trabajar, Bea utiliza preferentemente la fotografía digital.

«Los grabados y las pinturas no se pueden ni se deben tocar porque al coger muestras destruyes. Tomar imágenes in situ es primordial porque a partir de ahí podemos investigar», explica. Todo ello teniendo en cuenta que no siempre son fáciles de identificar. «Algunos grabados son muy finos y la erosión también afecta».

Pinturas o grabados han llevado a Bea por Europa, África y ahora también América tras unos ilustradores que, «aunque había de todo, por lo general eran buenos dibujantes». 

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