Los expertos, sobre el 'blackout': «Es una paranoia»

Un profesor de la URV y varios consultores apuntan a la solidez y diversificación del sistema español para garantizar el suministro

Raúl Cosano

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Catalunya y, por extensión, España están plenamente protegidas. EFE

Catalunya y, por extensión, España están plenamente protegidas. EFE

«Hay que dejarse incluso de matices semánticos. No es que el riesgo de un apagón sea mínimo, es que es inexistente, no es mayor que el de hace un año o dos, pero hemos ido siguiendo la psicosis de lo que se dijo en Austria y también es una derivada de la pandemia y lo que genera miedo», cuenta Juan Antonio Duro, catedrático de Economia y profesor en la URV.

Catalunya y, por extensión, España están plenamente protegidas. «No hay ninguna razón fundamentada. Hace años el mercado eléctrico español realizó una serie de inversiones y tiene una capacidad para producir más energía de la que consumimos. Con este sistema, no hay ningún riesgo».

Marc Segura, consultor energético y coordinador de la Comissió d’Energia de la Cambra de Comerç de Reus, añade: «Tenemos un mix de generación bastante amplio, para lo bueno y para lo malo. Somos capaces de utilizar carbón, de emplear la hidroeléctrica de forma indiscriminada cuando se necesita y utilizamos el gas, que sí está en crisis, pero se puede sustituir por las renovables, por ejemplo. En el caso en que falle el gas estrepitosamente, hay alternativas».

Reservas y gas por barco

Ni siquiera con ese gas, afectado por el recorte de uno de los gasoductos que enlazan con Áfirca, habría problemas. «El suministro del gas está diversificado. Hay que decir que tenemos suficientes reservas estratégicas de gas, que podrían abastecer a España muchos días y que son las más elevadas de los últimos años. Pero si hiciera falta podría venir el gas por barco, y luego a las centrales gasificadoras de los puertos, que tenemos suficientes», señala Duro.

En resumen, se trata de un sistema de producción sólido. «La estructura de generación eléctrica es suficiente en la parte hidráulica, la nuclear, en los ciclos combinados. Otra cosa es el precio, pero no hay ningún riesgo. Austria está en una situación diferente, sin mar por el que puedan llegar barcos, con unas posibilidades de conexión más reducidas y más dependiente de las conexiones con Rusia».

Duro recalca que «nuestro medio eléctrico coge producción de muchos tipos, también conecta con Francia, que tiene una capacidad más que suficiente». Marc Segura opina en esa línea: «Tenemos un sistema de generación sobredimensionado para nuestras necesidades. Parece ser que la situación es distinta a la de un norte de Europa que depende del gas ruso. Nos abastecemos de dos gaseoductos, uno de ellos cerrado, pero en el otro ya se ha decidido aumentar la producción».

«Hay muchos mecanismos»

Segura cree que «contra la falta de energía siempre está la racionalización del consumo» o «el transporte del gas», en esencia, «muchos mecanismos» como «cortes puntuales que puedan favorecer la racionalización, como se ha hecho en algún invierno muy frío», «así que un blackout de dos semanas es impensable y no se entiende una paranoia generalizada».

Segura cita otro recurso al que acudir, el impuesto de interrumpibilidad, una remuneración que perciben una serie de grandes clientes de energía por estar dispuestos a no consumir en momentos puntuales de alta demanda. «Se trata de un impuesto que entra dentro de los peajes del sistema y que se reparte en las facturas de todos los consumidores. Imaginemos unos grandes hornos que consumen mucho. Reciben millones por estar dispuestos a que les corten la luz en un determinado momento», dice Segura.

Roger Medina, economista e investigador del Institut Ostrom, también considera que el riesgo de un desabastecimiento es mínimo: «En España hay una potencia instalada de 112.00 megavatios y la demanda eléctrica media está alrededor de 30.000, con puntas de 45.000. Hay muchas alternativas y herramientas disponibles, como redirigir parte de la generación, usar subsidiariamente plantas de carbón que se han ido cerrando o importar gas natural licuado a través de contenedores».

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