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Los feriantes, en jaque por la suspensión de fiestas mayores

El Gremi de Firaires de Tarragona lamenta que solo ha podido montar hasta el momento en Bonavista pero confía en celebrar la feria para Santa Tecla con reducción de atracciones

JUANFRAN MORENO

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En Cambrils hay un carrusel veneciano desde hace semanas. FOTO: A. GONZÁLEZ

En Cambrils hay un carrusel veneciano desde hace semanas. FOTO: A. GONZÁLEZ

El pasado 9 de mayo, la consellera de Salut en funciones, Alba Vergés, anunció la reapertura de las ferias y los parques de atracciones. Una bocanada de aire para un sector duramente golpeado por la crisis del coronavirus. Desde septiembre de 2019 que la noria había dejado de girar. Sin previo aviso. Una situación que condenó a miles de familias que se dedican a ello a un estado de incertidumbre constante.

Con aquel anuncio parecía que el gremio de los feriantes iba a comenzar a levantar el vuelo. La realidad es que no todo es color de rosa y las complicaciones siguen existiendo, al menos en algunos puntos de España y aquí en algunos puntos de Tarragona. A nivel general es cierto que la actividad se ha retomado. Lo ha hecho con sus restricciones y sus medidas de seguridad por toda Catalunya, en la que el montaje de ferias a lo largo del verano ha sido casi constante. Para poner un ejemplo, el fin de semana pasada hubo ferias montadas en el Passeig de Gràcia, en Pineda de Mar, en Roses, en Torroella de Montgrí, en Mollet del Vallès y en el Barri de Sants. Distintos puntos de Barcelona y Girona que acogieron con seguridad una tradición veraniega que en los dos últimos estíos ya no resulta tan sencilla de disfrutar.

En Tarragona no todo está siendo tan fácil, sobre todo en el centro y los barrios de Ponent donde todavía la normalidad no ha vuelto con la celeridad que se esperaba. No ha ayudado el hecho de que la mayoría de las fiestas mayores se hayan suspendido. Ni tampoco que este haya sido un verano de rebrotes e incidencia máxima a pesar de que la vacunación lleva un ritmo frenético. En todo caso, desde el Gremi de Firaires de Tarragona dejan claro que las ferias son lugares seguros: «Las ferias son lugares al aire libre y que tiene un único público que es el infantil. La gente que viene son padres que viene con sus hijos y que cumplen todas las normas por voluntad propia. No somos una discoteca o una playa en la que los chavales se juntan y hacen botellones y se desmadran».

Óscar Gené, vicepresidente del Gremi de Firaires de Tarragona, confirma que el retorno de las ferias a la ciudad no ha sido esperado, y de momento solo han podido montar una en Tarragona y los barrios de Ponent, la semana pasada en Bonavista. «Salió todo perfecto y el comportamiento de la gente fue ejemplar. Eso sí, perimetramos el recinto, reducimos el número de atracciones, contratamos nosotros una empresa de controladores de acceso por nuestra cuenta y para tranquilidad de la gente y desinfectamos cada atracción después de su uso».

La gran esperanza que hay ahora por delante es la Feria de Santa Tecla que cada año se monta en la Rambla de Lluís Companys. Las negociaciones con el Ayuntamiento de Tarragona se están llevando a cabo durante estos días y Ramón Pàmies, del Gremio de Firaires confía en que tengan final feliz: «Nosotros ya hemos tenido la prudencia de en la primera petición que hemos hecho para Santa Tecla de reducir las instalaciones (de nueve a seis atracciones), separarlas como hay que hacerlo y hacer lo mismo que están haciendo en el resto de las ciudades de Catalunya, ni más ni menos. No estamos haciendo nada diferente a lo que están haciendo en Tortosa, en Sant Carles de la Rápita…».

Desde el resto de los puntos de Catalunya observan con sorpresa la situación. Los gremios están en constante comunicación entre ellos y les sorprende la situación que están viviendo los de Tarragona: «Nos dicen en coña que somos los únicos que no están pudiendo funcionar con más o menos normalidad. Lo dicen en tono de broma, pero el problema es que es una realidad. Es duro ver como ellos pueden realizar su trabajo y a nosotros que queremos no nos dejan».

Santa Tecla, última esperanza

El verano comienza a encarar su recta final y muchas de las fiestas mayores ya han pasado sin que se hayan podido realizar, provocando que tampoco haya habido ferias. Desde el Gremi de Firaires de Tarragona observan con impotencia como pasan las fechas y siguen con las atracciones paradas, aunque intentan observar el futuro con optimismo: «A corto plazo tampoco tenemos puestas muchas esperanzas en la Feria de Santa Tecla. Además, estamos esperando a Alcover, que en principio nos han dicho que sí para el Pilar, con las medidas pertinentes».

Oriol Falguera, ingeniero del Gremi de Firaires de Tarragona, expresa que las negociaciones con el Ayunamente de Tarragona se están llevando a cabo y confía en que todo tenga un buen desenlace. Con otros consistorios ha habido entendimiento desde un primer momento. «Ha habido de todo a lo largo de verano. Algunos de los Ayuntamientos han puesto más problemas y otros solo nos han dado facilidades», expresa Falguera.

Bajo su punto de vista, las ferias son un lugar seguro y más si cumplen con las restricciones que los distintos Ayuntamientos están adoptando: «Algunos piden que montemos menos atracciones, otros que hagamos hincapié en la distancia de seguridad en las colas... Cada consistorio es un mundo y tampoco hay una norma global que lo regule todo».

En la nave del polígono de Vila-seca en la que algunos de los feriantes guardan sus atracciones sigue respirándose un clima de impotencia. Se les ve angustiados y con ganas de que todo vuelva a la normalidad. Ya son demasiados meses parados y ver como en otros puntos de Catalunya y del país la actividad de ferias se ha retomado con casi toda la normalidad no ayuda. Confían en que este sea el último verano de una pesadilla que ha durado demasiado. La frase con la que Gené se despide lo resume: «No hay nada peor que querer trabajar y que no te dejen».

El sector de feriantes en Tarragona sigue peleando por intentar volver a la normalidad. En otros puntos de Catalunya y España ya casi lo han conseguido. Les observan con envidia sana, pero confían en que este sea el último verano de impotencia. En todo caso, quieren dejar claro que las ferias son lugares seguros y que merecen una mayor empatía por parte de las instituciones.

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