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Los hospitales de Tarragona todavía no están saturados, pero faltan EPI

Los sindicatos dicen que muchos trabajadores ya hacen turnos de 12 horas y que hay sanitarios infectados 

Anna Ferràs / Eloi Tost

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Imagen del Pius Hospital de Valls, que no tiene UCI y deriva a sus pacientes al Joan XXIII de Tarragona.  FOTO: Pere Ferré

Imagen del Pius Hospital de Valls, que no tiene UCI y deriva a sus pacientes al Joan XXIII de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Los principales hospitales de la demarcación de Tarragona están evitando la saturación debido al coronavirus, de momento. En todos se han incrementado los pacientes en los últimos días, pero el aumento de camas disponibles, especialmente en las UCI, les está permitiendo superar la situación.

Así lo aseguran representantes sindicales, que lamentan unánimemente la falta de Equipos de Protección Individual (EPI) para los sanitarios. En el Joan XXIII de Tarragona, Sant Joan de Reus, Pius Hospital de Valls y Verge de la Cinta de Tortosa hay casos de personal que se ha infectado. Esto ha reducido la plantilla disponible para afrontar la pandemia, y ha hecho que en los hospitales de Tarragona y Tortosa los trabajadores hayan tenido que pasar a hacer turnos de doce horas.

En el hospital Joan XXIII de Tarragona han reestructurado el centro para incrementar la disponibilidad de camas de UCI. De hecho, han pasado de una unidad de UCI, a cinco. Aparte, hay dos plantas más, la tercera y la sexta, reservadas a casos de Covid-19 menos graves. «De momento hay camas, tanto para coronavirus como para otras patologías, esperamos que no empeore», señala un miembro del comité de empresa.

La situación, aunque con unos volúmenes más reducidos, se reproduce en otros centros. La excepción es el Pius Hospital de Valls, que no ha tenido nunca UCI, y deriva los casos al Joan XXIII. En los cuatro centros consultados tampoco se ha detectado una carencia de respiradores ni de medicamentos para los enfermos.

Preocupa la falta de EPI

Lo que sí que falta, y en importantes cantidades, son EPI. De hecho, este punto es el que más preocupa a los trabajadores ahora mismo. Incluso más que un nuevo incremento de casos. Apuntan que sin mascarillas y batas los sanitarios se pueden contagiar, lo que les dejaría sin poder trabajar. «Tenemos compañeros angustiados por la situación y por si llevan el virus a casa», comenta Artur Sardà, miembro del comité de empresa del Sant Joan de Reus.

En el Hospital Verge de la Cinta de Tortosa, donde el pico de la enfermedad se prevé que pueda llegar en las próximas semanas, el personal sanitario está ahorrando tanto como puede el material de protección porque llega «con cuentagotas». También alertan de que se está planteando la reesterilización de las batas de los sanitarios –sin ningún estudio que avale que sea eficiente y en contra de las recomendaciones del propio fabricante–.

En Reus, la dirección ha pedido explícitamente a los trabajadores que «las mascarillas se deben reaprovechar hasta que den muestras claras de deterioro», según Sardà. En Tarragona les obligan a reciclar batas y mascarillas, y en Valls se quejan de que «las batas son muy cortas y dejan las piernas expuestas», detalla Robert Rosset, presidente del comité de empresa.

Denuncian que la carencia de EPI se demuestra con los índices de contagio del personal médico: un 2% en China, un 17% en Catalunya. En todos los centros hay personal infectado. Por ejemplo, el miércoles en el Verge de la Cinta había tres sanitarios contagiados, y ocho en atención primaria. Aparte, 18 médicos, 9 enfermeras y 4 celadores estaban aislados. 

Cambios de horarios

Con menos personal y más pacientes, las direcciones han reestructurado las plantillas. En Tarragona y Tortosa ya se han implementado los turnos de doce horas, mientras que en Reus y Valls la propuesta está sobre la mesa y los sindicatos creen que puede aplicarse en cualquier momento. Representantes de los trabajadores denuncian que no se permitirá que se obligue a los sanitarios a devolver las horas que pasan en confinamiento para diferenciar grupos y evitar contagios. «Esto sería aberrante. Nos quedamos en casa para proteger a los compañeros y que no nos contagiemos todos», apuntan.

Robert Rosset, del Pius, lo complementa: «El decreto de alarma permite a los de recursos humanos hacer lo que quieran. Ahora somos como soldados. Sabemos que los sanitarios debemos estar delante de todo, pero no de cualquier manera; a nosotros también nos va la vida», exclama. En el Joan XXIII de Tarragona los profesionales ya no pueden coger vacaciones ni días libres.

La indignación es creciente ante protocolos que cambian a diario y en función del material disponible. La CGT de las Terres de l’Ebre lamenta que todavía tengan que exigir que se saquen de primera línea a trabajadores vulnerables, como son embarazadas, enfermos de diabetes o cardiopatías y mayores de 60 años, entre otros. En Tarragona, la dirección ha ampliado horarios a personal que estaba a media jornada o a un tercio, y ha contratado estudiantes de último año de carrera. Una medida que también reclaman desde el Sant Joan de Reus.

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