Los jóvenes que restauran la historia

Educación. El Passeig Arqueològic es un bullir de jóvenes picando piedras, lijando maderas, haciendo fotos... Son los aprendices de la Casa d’Oficis de la ciudad

Norián Muñoz

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«Me hace ilusión restaurar estas piedras, son historia de la ciudad. Estoy aprendiendo un oficio al que hay que ponerle responsabilidad y cariño», cuenta Chafik El Kanchir, de 23 años, uno de los treinta participantes de la casa d’Oficis de Campclar y la Part Alta, que este año llega a su octava edición.

Lo cuenta mientras se afana en limpiar la ‘falsa braga’, el muro de defensa que está antes de La Muralla y que, aunque no es romano, tiene valor por datar del siglo XVI. Chafik es alumno del módulo de restauración de piedra que se centra en el patrimonio y que este año se realiza por primera vez. 

Después de haber realizado una primera parte de formación teórica, ahora están contratados con cargo al Serveis d’Ocupació de Catalunya, SOC.

Su profesora es, como en todos los casos, una maestra del oficio, la escultora Ángels Cantos, ‘madre’ de muchas figuras del Seguici de Tarragona y restauradora.

Los alumnos del módulo de madera restaurando un cañón. FOTO: pere ferré

Cuenta Cantos que para los chicos (los participantes en el programa tienen entre 16 y 29 años) es la primera vez que se aproximan al oficio y todo el proceso de trabajo sobre el terreno es un aprendizaje, desde picar piedra (literalmente) hasta recoger los materiales. Reconoce que aunque el mercado laboral no es fácil, «si tienes un oficio y lo haces bien no te falta trabajo».
Reengancharse a los estudios

Manel Castaño, concejal de educación y ocupación, explica que aunque el principal objetivo de este programa de un año es conseguir que jóvenes en paro mejoren sus posibilidades de encontrar un trabajo, después de pasar por el programa algunos deciden ‘reengancharse’ a los estudios que abandonaron prematuramente.

Hay que destacar que para poder apuntarse a la casa, además de estar en paro, hay que haber terminado la ESO. En caso de que no se tenga la educación obligatoria se debe pasar un examen.

Rosa Ferré Virgili, directora de la Casa d’Oficis, explica que este programa tiene el valor agregado de que los alumnos pueden hacer un trabajo que repercute en la ciudad y eso les empodera y les aporta autoestima. Recuperan, además, hábitos y rutinas que les serán de utilidad en cualquier trabajo que emprendan.

Trabajo manual

Unos pasos más adelante, en el propio paseo, están los alumnos del módulo de madera, al mando de Alexandre Arnau Olivé, quien bajo un sol inclemente les está explicando cómo devolver a la vida la madera de la cureña (el carro de madera que sirve de base) de los cañones. Cuando llegamos la mayoría está lijando, un trabajo que no en todas las partes se puede hacer con máquina, por lo que hay que tirar de maña y paciencia. Tendrán que restaurar una quincena de cañones. 

Ferré Virgili explica que tanto los alumnos de los módulos de piedra como los de madera podrán trabajar en rehabilitación en general, pero también tienen conocimientos para restaurar inmuebles y piezas antiguas «tanto públicos como en una masía particular, por ejemplo», señala.

Los comunity managers

Mientras conversamos hay otros chicos que revolotean alrededor haciendo fotos y apuntando cosas en el móvil. Son los alumnos del módulo de Comunity Manager, que están documentando el trabajo de sus compañeros para luego colgarlo en las redes sociales.

Fátima, Alexandra y Tarik explican que han aprendido mucho y ya han realizado encargos para diferentes departamentos del Ayuntamiento, incluido un vídeo para Tarragona Impulsa. Cuentan que esto ha cambiado por completo la imagen que tenían de las redes sociales y les ha permitido manejar distintos programas informáticos necesarios para editar vídeos y fotos.

Los módulos cambian cada año en función de lo que ofrece el SOC y cada ayuntamiento los adapta en función de su mercado de trabajo y de las posibilidades de desarrollar la parte práctica en el propio municipio. El próximo trabajo de este grupo será, de hecho, en los centros cívicos de la ciudad. 

Kachir cuenta que antes de entrar en este programa estaba en paro (su anterior trabajo fue en un supermercado), pero esto le ha despertado las ganas de volver a estudiar: «No me rindo».

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