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Los ladrones 'patrullan' en busca de casas vacías

En un año se producen en la demarcación de Tarragona más de 3.500 robos en casas y pisos, la mitad de ellos, según el Ministerio del Interior, en la época vacacional

Álex Saldaña

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Estado en que encontró su piso un vecino de Tarragona. FOTO: DT

Estado en que encontró su piso un vecino de Tarragona. FOTO: DT

Los datos más recientes hablan de que en la provincia de Tarragona se registraron el año pasado 3.540 robos en viviendas –un incremento de un 4,5% sobre el anterior–, lo que da una media de diez asaltos cada día. En el conjunto de España son más de 100.000 al año. Claro que esto de las medias no es tan exacto. De hecho, la mayor parte de estos actos delictivos –casi la mitad, según indica el Ministerio del Interior– tiene lugar durante la época vacacional. 

En efecto, con la llegada del verano se hace más habitual que los hogares permanezcan vacíos, sobre todo en fin de semana. De hecho, según el Barómetro anual de Europ Assistance sobre las vacaciones de verano, el 60% de los ciudadanos ya tiene planificadas las jornadas que pasará fuera de su hogar habitual, de una duración media estimada de 1,9 semanas. Y los ladrones se frotan las manos con tanto piso vacío, por lo que las cifras de robos con fuerza en domicilios se disparan durante estos días. De hecho, según aseguran fuentes policiales, durante esta época estival los cacos refuerzan sus «patrullas» por la ciudad poniendo la vista en casas y pisos sin actividad para acceder a ellos y llevarse todo lo que puedan, «generalmente joyas y dinero en efectivo».

Y tras todas esas cifras se esconden sufridos ciudadanos como Raúl, un vecino de la zona cercana al hospital Joan XXIII de Tarragona que se fue una semana de crucero con su familia para encontrar a su regreso la casa patas arriba. 

«Era un espectáculo desolador. Abrieron y vaciaron sobre las camas y el suelo todos y cada uno de los cajones y armarios de la casa. Se llevaron las joyas de oro y algo de dinero, unos pocos cientos de euros que siempre tenemos en casa por si surge alguna emergencia. No tuvieron compasión. Se llevaron incluso la caja de caudales de mi hija de siete años, con sus pocos ahorros», dice Raúl. 

«Pero lo peor –continúa– no es lo que te roban, pues tampoco somos gente que invierta en oro y no se llevaron una fortuna, pero sí teníamos algunas joyas con un gran valor sentimental, como las dos cadenitas de oro que le regaló la madre de mi mujer a mi hija cuando nació y cuando hizo la Primera Comunión. El disgusto que se llevará la mujer será tan grande que ni siquiera nos atrevemos a decírselo. Y claro, los policías no hallaron ni una huella que pudiera delatar a los delincuentes. Además, al final tienes que dar gracias de que no estábamos en casa, pues al menos evitamos un enfrentamiento».

La tira transparente

Los amigos de lo ajeno entraron en casa de Raúl por la puerta. «Los mossos que vinieron a casa me dijeron que posiblemente utilizaron el método de la radiografía para forzar la cerradura. Y que seguramente usaron tiras de plástico transparente para vigilar mi casa», dice con una mezcla de rabia e impotencia. 

Se trata este de un método común ya observado en otros robos en Tarragona: los delincuentes utilizan este elemento a modo de marcador. Doblan la tira, de unos dos centímetros de longitud, en dos mitades y la colocan entre el marco de la puerta y la propia puerta, a poca altura, a un palmo por encima del nivel de suelo. Los ladrones esperan unos días para regresar al edificio en el que han colocado las tiras, y comprueban qué viviendas o trasteros se encuentran sin actividad: si el marcador continúa en su sitio, significa que esa puerta no se ha abierto y, por tanto, el inmueble está vacío: es el blanco perfecto para perpetrar un robo. Si la tira está en el suelo o, sencillamente, ha desaparecido, el ladrón sabe que hay movimiento.

Imagen de una de las tiras plásticas que los ladones utilizan para saber si hay actividad en una casa. FOTO: Cedida

El hecho de que sean tiras pequeñas, transparentes y que se coloquen a una altura muy baja provoca que la mayoría de las personas no se fijen, es decir, que son casi imperceptibles.

Vigilancia

No es el único método que tienen los ladrones para vigilar las viviendas que pretenden saquear. «Se fijan si las ventanas están siempre en la misma posición y si se encienden o no luces por la noche, observando dicho comportamiento durante varios días, apostándose en zonas desde las que controlan la vivienda en cuestión», dice un agente de la Guàrdia Urbana de Tarragona.

«Y también –añade– hay bandas que realizan dibujos con algunos códigos, un lenguaje especial entre ellos para saber el estado de una casa. Si nos fijamos bien podemos encontrar en los accesos de nuestra vivienda diferentes tipos de marcas, pinturas o adhesivos que podemos confundir con algún juego infantil; obviamente, hay que retirar estas indicaciones de inmediato. Si se tiene alguna sospecha, es recomendable ponerlo en conocimiento de los cuerpos de seguridad», advierte.

Una prioridad para los Mossos

Son algunos de los modus operandi más comunes para cometer un delito que preocupa especialmente a los Mossos d’Esquadra por la sensación de inseguridad que genera. 

«Vivo a cien metros de las comisarías de Mossos, Urbana y Guardia Civil. Y han robado en mi casa»

De hecho, el inspector responsable de la Comisaría de los Mossos de Tarragona, Ramon Franquès, admitía recientemente en una entrevista con el Diari que «reducir los robos en viviendas es un objetivo prioritario». Y apuntaba que se trata sobre todo de «ladrones oportunistas, que patrullan tanto como lo hace la policía en busca de su botín. Se trata de delincuentes que huyen si encuentran a alguien dentro. La violencia ha desaparecido en este tipo de robos».

Sin embargo, las víctimas sí que se sienten violentadas. Así al menos lo expresa Raúl, quien no puede contener la rabia. «Y es que lo peor es la impotencia. La impotencia y la sensación de fragilidad que te queda sabiendo que unos extraños han entrado en tu casa, han andado en tus cosas. Y eso que vivimos en una zona donde se concentran en apenas unos metros una comisaría de los Mossos d’Esquadra, otra de la Guàrdia Urbana y el cuartel de la Guardia Civil. Deberían hacérselo mirar, si ni siquiera toda esa presencia policial representa un obstáculo para los ladrones». Y lamenta, como muchos ciudadanos, la falta de policías a pie.

«Porque los que sí patrullan –dice Raúl– son los ladrones. Y, tal como evidencian los datos y atestigua mi caso, ellos sí parece que lo hacen bien».

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