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Los museos de TGN, un misterio por aprender

Misteri als Museus. La iniciativa cierra
su segunda edición en la Casa Canals con éxito y con un aumento de participación

LAURA ROVIRA

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El jardín de la Casa Canals se llenó de gente a la vez que de murmullos de nerviosismo tras conocer el escaso tiempo que tendrían para dar con la solución. FOTO: ALBA MARINÉ

El jardín de la Casa Canals se llenó de gente a la vez que de murmullos de nerviosismo tras conocer el escaso tiempo que tendrían para dar con la solución. FOTO: ALBA MARINÉ

«Lo habéis conseguido, la bomba está desactivada». Con esta frase, Jordi Salvadó, uno de los responsables de Misteris als Museus, cerraba con éxito la segunda edición de esta iniciativa.

Este año, esta particular y divertida forma de recorrer todos los museos de la ciudad cambiaba de historia y de protagonista y es que el hilo conductor de todos los misterios era el Doctor Von Pumpe, el malvado personaje al que los participantes tenían que vencer a través del conocimiento para poder desactivar las bombas ficticias que colocaba en cada museo. «Se puede parecer a la mecánica de un Escape Room pero con un trasfondo cultural y con el aprendizaje como objetivo», declaraba Salvadó.

Misteris als Museus, es un proyecto impulsado por todos los museos de Tarragona que consiste en resolver en equipo un misterio propuesto por cada museo relacionado con la historia o cultura de Tarragona.

La iniciativa empezó el pasado 6 de octubre en el Museu d’Història de Tarragona y después de siete días, este domingo se resolvía el gran misterio final. Durante la semana, el Museu d’Art, el Museu Bíblic, el Museu Diocesà, el Museu del Port, el Museu Nacional Arqueològic, el Caixaforum o el Centre d’Art han acogido a una gran cantidad de visitantes dispuestos a descifrar todos los detalles de cada una de las salas al más puro estilo Sherlock Holmes. Más de 300 personas se inscribieron en grupos para experimentar esta aventura y aunque la cifra disminuyó hasta llegar a la gran final, desde la organización valoran muy positivamente este segunda edición. «El año pasado acabamos muy contentos, pero este año más. Ha aumentado el número de participantes y la respuesta de la gente ha sido muy positiva», declaraba Salvadó..

La Casa Canals, el destino final

El Doctor Von Pumpe citó por carta a todos los participantes que habían llegado a la fase final en la emblemática Casa Canals a las doce del mediodía. La última bomba para desactivar quedaba en manos del grupo ganador y que en esta ocasión tendría que ser el más rápido. «En las otras pruebas no había tiempo, pero en la final decidimos poner un límite y premiar también la rapidez», comentaba Salvadó, quién frente a la sorpresa y preocupación de los participantes anunció que solo dispondrían de veinte minutos para resolver el misterio final.

Así pues, el jardín de la Casa Canals se llenó de gente a la vez que de murmullos de nerviosismo tras conocer el escaso tiempo que tendrían para poder dar con la solución y convertirse en los ganadores de la edición.

Familias enteras, parejas, grupos de amigos… la inquietud cultural de esta iniciativa albergaba un público muy amplio y diferente. Dos sherlocks i quatre Watsons era el nombre de un grupo familiar que repetía la experiencia y que aprovechaba esta actividad como una forma de hacer que los más pequeños visitarán los museos de una forma diferente. «Nos lo pasamos muy bien, es una forma de romper la imagen de que los museos son aburridos», comentaba este grupo, que añadía: «El único problema son los horarios, son difíciles de compaginar y más con niños pequeños».

En cuanto se repartió a cada grupo la carta con el misterio final, el silenció invadió el jardín de la Casa Canals y los participantes se fueron distribuyendo por el espacio. El inicio de la cuenta atrás cambió los rostros de expectación y nerviosismo por los de concentración, después de siete días haciendo de detectives, nadie quería quedarse a las puertas de resolver el último misterio.

Una final memorable

El último misterio consistía en un ejercicio de memoria ya que los concursantes debían contestar preguntas de las pruebas realizadas en los museos durante la semana para crear una combinación final con esas respuestas y desactivar la bomba.

«Últimos 30 segundos», anunciaba Salvadó provocando pequeñas carreras de los participantes más atrasados. Finalmente, y entre aplausos, Salvadó anunció que la bomba había sido neutralizada y que ya tenían los dos finalistas y por supuesto, el grupo ganador. Espineta i Caragolins fue el equipo vencedor y el que recibió el primer premio formado por todo tipo de productos y servicios por cortesía de cada museo participante.

«Nos enteramos de casualidad de que hacían esta iniciativa y creemos que se debería promocionar más y sobre todo en escuelas o institutos, es una forma muy divertida y didáctica de conocer un poco más de la cultura e historia de Tarragona», comentaban los miembros de Espineta i Caragolins, que añadían: «Esperamos volver el año que viene».

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