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Los negocios de la Platja Llarga, preocupados por su futuro

El proyecto de urbanización de la Budellera comporta que se liberarán diez hectáreas junto a la playa, lo que ha puesto una caducidad a dos de los restaurantes y a uno de los cámpings

Núria Riu

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Los negocios afectados son los que quedan a partir de la zona de dunas hacia el norte. FOTO: Pere Ferré

Los negocios afectados son los que quedan a partir de la zona de dunas hacia el norte. FOTO: Pere Ferré

Cuando empiezan a conocerse los detalles de la segunda versión del Pla Parcial 24 (PPU-24), el cual hace referencia a la urbanización de la Budellera, ha reaparecido la preocupación entre los responsables de los negocios de la Platja Llarga. La continuidad de dos de los tres restaurantes, de uno de los campings y de siete apartamentos puede verse amenazada por un proyecto que ahora están estudiando los técnicos del Ayuntamiento, y que a principios del año próximo podría aprobarse de forma inicial.

«Hasta que no conozcamos el resultado no nos podemos considerar desahuciados, pero es lo que están haciendo», lamenta el propietario del M-15, Joan Marquès. El restaurante seguirá abierto hasta diciembre, cuando cerrará la temporada, y ya en el mes de febrero, «si empieza el buen tiempo», reiniciará de nuevo su actividad. «Vengo todos los días del año», afirma. Así lo ha hecho desde el año 1992, cuando abrió el negocio en unos terrenos que compró  hace cien años su padre, José Maria Marquès, y en los que en 1930 fundó la antigua salina junto con Jacinto Gibert Mosella.

Del párking a Les Palmeres
Mosella es el abuelo de Montse y Jacinto Gibert, los propietarios del cámping Las Salinas. Ambos negocios, junto con El Mirall d’Estiu, tienen fecha de caducidad. Viene marcada por el desarrollo de la primera fase de la macrourbanización que se construirá en los terrenos entre la Vall de l’Arrabassada y Boscos. Según el acuerdo con el Ayuntamiento, la Junta de Compensació Provisional del PPU-24 cederá un polígono de 10,5 hectáreas a la ciudad en el litoral de la Platja Llarga. Son los terrenos comprendidos entre la carretera de acceso a la playa hasta el camping Les Palmeres.


En el POUM aprobado en 2013 se define este espacio como zona verde. Por lo que los propietarios de la Budellera apuntan que «asumirán esta demanda». Explicaron que expropiarán a los dueños, a los que se compensará con unos terrenos en la futura urbanización. Por su parte, el Ayuntamiento será el nuevo propietario, para que pueda recuperarse en su estado natural

La Junta de Compensació Provisional apunta que será la administración local la que «decidirá el uso final que se dará al espacio». No obstante, señala que «Tarragona recuperará la Platja Llarga con el proyecto de la Budellera». Según el calendario que manejan los promotores de esta inversión, el cierre será en 2024, cuando se apruebe la reparcelación.

El Ayuntamiento no se pronuncia
El Consistorio no se ha pronunciado al respecto. Apunta que los técnicos del área de Urbanisme están estudiando el nuevo proyecto para que se ajuste a los requisitos que fijó la administración local y la Comisión de Urbanisme de Tarragona, para dar luz verde definitiva a la futura urbanización. Pese a ello, que la iniciativa comportará esta afectación ya se incluía en la primera de las versiones, y no se hizo objeción alguna.

Los propietarios de los tres negocios se han unido y ya presentaron alegaciones en el primer caso y volverán a hacerlo cuando vuelva a salir a exposición pública. «Somos conscientes de que estando en una zona verde hay una fecha de caducidad que tampoco es inminente, pero no entendemos qué pintamos nosotros con la urbanizaciones de unos terrenos que están al otro lado de la carretera» argumenta Joan Marquès. 

Los afectados piden que se les excluya del proyecto

Jacinto Gibert, del cámping Las Salinas, avanza que van a solicitar que «se nos excluya» del proyecto. «No queremos estar en la Budellera», argumenta. Afirman que hasta el momento no han recibido ninguna información sobre el cómo y el cuándo va a hacerse la expropiación, o de si hay la posibilidad de que el Ayuntamiento considere que los negocios ya estaban allí, y por tanto podrán quedarse. 

Toda la vida en la Llarga
«No podemos hacer demasiado, porque tampoco sabemos nada, pero llevamos aquí desde hace cien años. No son unos terrenos que hayamos usurpado», añade Gibert. De hecho, el cámping Las Salinas celebró en agosto cincuenta veranos desde su apertura.

Xavier Musté también ha pasado más de media vida en la Llarga. Primero como responsable de uno de los chiringuitos de la playa y desde hace veinte años en El Mirall d’Estiu, que abrió sus puertas en 1954. Musté lamenta que «nos viene impuesto por el POUM», aunque no comprende porque se marcó como zona verde esta área y en cambio se mantiene el espacio a partir del aparcamiento hacia Tarragona y desde el cámping Les Palmeres hacia el norte. «Estás troceando la playa en tres partes y el tratamiento es diferente», lamenta el propietario de este establecimiento. 

Con el bocadillo y andando
«Somos tres negocios familiares que en verano generamos empleo y hemos contribuido a preservar este entorno, y ahora no sabemos cuánto tiempo nos queda porque toda la información que tenemos es a través de la prensa», añade Xavier Musté. Tan solo en su restaurante llegan a trabajar treinta personas en plena temporada. En verano los tres restaurantes cuelgan el completo todos los fines de semana. «Quedará un solo restaurante para todo el aforo de la playa. Al final la gente tendrá que venir caminando y traerse el bocadillo de casa», concluye.

A los propietarios ya les tocó manifestarse para salvar la Platja Llarga

Esta nueva preocupación para los negocios llega tras unos años de relativa calma. Alegaron y se movilizaron a medida que se iban conociendo los diferentes proyectos de urbanización de la Llarga, y ahora tendrán que recurrir de nuevo a sus abogados. «Cuando no es una cosa es la otra», lamenta Marquès. La reivindicación la lideró Salvem la Platja Llarga. Para su vicepresidente y representante de Gepec, Toni Bara, la cesión que hacen los propietarios de la Budellera «es una política de mínimos». Lamenta que el litoral se convierta en un «puzle» en lugar de avanzar para «conectar este espacio con la Anella Verda». Bara cree que la única solución pasar por revisar un POUM que ha quedado «arcaico». 

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