«Los niños han cambiado en este par de meses»

Con la entrada en la fase 1, muchas familias han aprovechado para reencontrarse. Es el caso de Ana Maria y Fernando, que ayer vieron a sus nietos

Montse Plana

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Fernando y Ana Maria con su hija Mireia y sus dos nietos, jugando ayer al dominó. FOTO: Kiko Caro

Fernando y Ana Maria con su hija Mireia y sus dos nietos, jugando ayer al dominó. FOTO: Kiko Caro

Dos meses desde que se vieron por última vez, pero ayer los más pequeños ya volvían a correr, jugar, reír y pelearse por casa de sus abuelos. Ana María y Fernando, dos vecinos de Valls, habían mantenido el contacto a diario con todos sus hijos a través de videollamadas, y muy especialmente con sus dos nietos, Júlia, de 6 años, y Francesc, de 15 meses. Virtualmente se lanzaban besos y saludos, pero ayer la barrera física desapareció con la entrada en la fase 1 de desconfinamiento, y su hija Mireia, su yerno Kiko y los dos pequeños se dirigieron a casa de los abuelos para pasar el día en familia. Una visita muy especial. Y es que, justamente cuando empezó el confinamiento estaba prevista una comida familiar para celebrar el cumpleaños de Fernando. El estado de alarma truncó los planes y la visita se ha acabado prorrogando dos meses.

Mireia y sus dos hijos, Júlia y Francesc, jugando en casa de los abuelos. FOTO: Kiko Caro

«Nos hace muchísima ilusión tenerlos hoy en casa», decían Ana María y Fernando. Ambos coincidían en señalar a Francesc como el que había cambiado más en estos últimos dos meses. «Está más alto y espabilado», a la vez que remarcaban que exploraba el piso de arriba a abajo con curiosidad. «Ha abierto todos los armarios, sacándolo todo para ver qué había. Claro que se acuerda, pero es pequeño y para él dos meses son muchos. Hoy necesitaba redescubrir», detallaba Fernando. De lo que Francesc se acordaba perfectamente es de dónde su abuelo tiene guardada una linterna. A través de las videollamadas, Fernando le hacía luces y al niño le hacía mucha gracia, «y hoy ha ido directo a mi mesilla de noche a coger la linterna», decía riendo Fernando.

Júlia, por su parte, se moría de ganas de ver a sus abuelos. De hecho, durante las videollamadas diarias, en ocasiones la niña se hacía dueña del móvil y aprovechaba para enseñar a sus abuelos su habitación, sus muñecas, juguetes, qué era lo que había hecho durante aquel día e incluso los nuevos pasos de baile aprendidos a través de las clases virtuales. Ayer, mientras hacía deberes, a la espera de que la comida estuviera lista, Júlia explicaba lo contenta que estaba de estar otra vez en casa de sus abuelos. «Los niños sabían que hoy veníamos aquí, pero aun así, cuando han subido al coche se lo han mirado raro. Hacía tanto tiempo que no se sentaban en el automóvil, que Júlia decía que ni se acordaba de cómo era», detallaba Mireia.

Una comida de domingo

Aunque ayer era lunes, el menú olía más bien a festivo. «He preparado berenjena rellena y para los niños, caldo, que les encanta», explicaba Ana orgullosa de poder cocinar de nuevo para sus niños. También preparó pastel de naranja, «que a Júlia le encanta». La comida fue solo una excusa para reencontrarse. Prueba de ello es que a media mañana ya estaban todos en casa y la tarde también se alargó, jugando al dominó y a otros juegos que Júlia y Francesc tienen siempre guardados en casa de sus abuelos.

Por su parte, Fernando y Ana Maria admitían que han pasado el confinamiento con tranquilidad. «La casa no se nos ha caído encima. Lo que fastidia más es tenerse que ceñir a unos horarios para poder salir», decían.

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