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Los okupas vuelven a Ca l'Ardiaca y roban agua de un bloque de pisos

Ematsa entró ayer por la mañana y subsanó la pérdida de presión que denunciaban los vecinos desde hacía meses

J.Cabré

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La puerta, en la Plaça dels Cabrits, da acceso a un pasillo de servidumbre donde están los contadores. FOTO: LL. MILIÁN

La puerta, en la Plaça dels Cabrits, da acceso a un pasillo de servidumbre donde están los contadores. FOTO: LL. MILIÁN

La puerta de madera del número 8 de la plaza dels Cabrits pasa desapercibida si uno no se para un segundo a observarla. Es un antiguo acceso de servidumbre del Palau Gòtic de Ca l’Ardiaca y un lugar ideal en su día para colocar contadores de los servicios básicos como son el agua y la luz. Si se convierte en hotel de lujo, todos estos contadores deberán reubicarse. Pero hasta entonces a nadie molestan.

Detrás de esta puerta están los contadores de agua del número 4 de la calle Merceria. El bloque de pisos, reformado, está pegado con el palacio por la parte de atrás. Los vecinos del edificio se quedaron sin agua hace ya algunos meses. Son cuatro familias. «Sufrimos la falta de presión en estas Navidades», explica uno de los afectados, harto de no poder poner la lavadora. La falta de presión no sólo afectaba a este electrodoméstico, también al grifo de la cocina o a la caldera para ducharse en estos días de frío intenso.


Alguien está dentro
Se llamó a Ematsa. La avería debía solucionarse cuanto antes. Según los vecinos, la compañía mixta que gestiona el servicio les explicaba que no podía hacer nada porque necesitaba autorización del propietario para acceder a los contadores. Entre 2013 y 2016 no pudieron entrar y la primera lectura en estos años fue la de junio del pasado ejercicio. Pero cuando volvieron en diciembre, ya no pudieron entrar.

La falta de presión en el servicio y el impedimento de los técnicos de Ematsa coincidieron con la presencia de okupas. Los vecinos, temerosos del estado de ruina del edificio, no daban crédito a que alguien podía robarles el agua y no hubiera solución a su problema. «Y la facutra se cobraba puntualmente», explican los vecinos.

Algunas fuentes hablan de dos personas que estarían conviviendo estas últimas semanas dentro del palacio y que habían accedido por la plaza dels Cabrits.

Ayer, Ematsa pudo entrar junto al administrador de fincas y comprobó que alguien había pinchado el agua. Los técnicos repararon el fraude y la comunidad recuperó la presión. «Hacía semanas que no podía poner lavadoras e iba con el cesto de la ropa a casa de mis padres», explicaba la afectada.

Otro testigo afirmó que ayer había un okupa, que en ningún momento interfirió en el trabajo de los técnicos de la compañía de agua de la ciudad.


Temor a otro fuego
Los vecinos aseguran que nadie se preocupa del estado de este palacio gótico del siglo XIV y que la presencia de gente viviendo dentro es un riesgo para ellos y para el resto de fincas que comparten esta isla en la Part Alta.

El 11 de febrero de 2016 hubo un incendio que Bombers apagó. Una puerta y diferentes maderas quemadas en el interior todavía se encuentran a día de hoy.

«Aquel día no pasó nada, pero podía terminar en una desgracia. El humo y las llamas buscan oxígeno y muchas viviendas estamos en riesgo», explican los vecinos.

Desde aquel día se creó una plataforma en una página de Facebook –Salvem l’Ardiaca– con el fin de explicar la situación de riesgo que existe en este punto del Pla de la Seu. «Si se hunde Ca l’Ardiaca, ¿cuántas casas se llevará consigo? Todas las paredes se apoyan entre sí», explican los afectados.

De momento, el agua a vuelto a las casas y el edificio parece sellado, aunque nadie descarta que los okupas sigan buscando un refugio entre estas dependencias llenas de palomas y guano.

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