Los pavos de la Rambla Nova que residen en un balcón insuficiente

El Seprona abre expediente a los propietarios porque estas dos aves en peligro de extinción viven en un espacio demasiado reducido

Jordi Cabré

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La vivienda está vacía y los dos ejemplares viven en un balcón que da a la Rambla Nova. FOTO: jJ.E.M.R.

La vivienda está vacía y los dos ejemplares viven en un balcón que da a la Rambla Nova. FOTO: jJ.E.M.R.

La Rambla Nova se está convirtiendo en hábitat singular para las aves urbanas. Las sempiternas palomas que siempre habían campado a sus anchas, ahora deben tener cuidado cuando sobrevuelan las gaviotas hambrientas del Port o los halcones pertrechados en las alturas del edificio Atlántico,donde han decidido instalar su base de operaciones. Y toda esta cadena trófica está condimentada con aquellas cotorras, agapornios y otros pájaros que también buscan su hábitat entre los platanos de la Rambla y las palmeras de las inmediaciones.  

Con esta mezcla de aves compartiendo espacio libremente (dejando de lado la invasión de de estorninos con la llegada del frío) en una de las zonas más transitables de Tarragona, existe un balcón en el número 123 cuyos graznidos matinales, de tarde o por la noche molestan al vecindario. El piso en cuestión pertenece a un matrimonio de avanzada edad que por motivos de salud residen en otra parte. Y en su lugar, en balcón se ha adaptado el espacio para criar dos ejemplares de pavo real, el de la cola multicolor.

Los dos ejemplares no son visibles desde la calle, puesto que su espacio urbano se limita a un balcón de la séptima planta. La barandilla está tapada y hasta el techo existe una malla parecida a la que se usa en el sector de la construcción para que no caigan cascotes a la calle. De esta forma no pueden volar, pero tampoco escaparse. Solo los graznidos estridentes indican que en aquel balcón-jaula hay vida detrás de la red.

Los vecinos empezaron a cansarse de los sonidos, que no son tan atractivos como su imagen. Los que entienden de aves lo definen como un graznido con trompeteos graves.
Hartos de la banda sonora de los dos pavos, los vecinos llamaron tiempo atrás a la Guàrdia Urbana y al Seprona (el departamento que se encarga de la protección de la naturaleza de la Guardia Civil).

El 11 de marzo, la Benemérita se presentó en el piso. Observó a los dos ejemplares de pavo real, una especie protegida y que requiere de una documentación específica. Tomó nota del minúsculo espacio donde vivían y preguntó si estaban registrados en el Ayuntamiento. No están en regla. Por ello, ahora hay un expediente abierto, confirman fuentes del Seprona.

La Guardia Civil se puso en contacto con Aduanas para ver si los dos ejemplares cumplían con los requisitos. Si los dos pavos reales se censan como mascotas, la situación de legalidad mejoraría. Dejaron ‘los deberes’ para la familia y acordaron hacer un seguimiento de la ‘comodidad’ de las dos aves, recomendando un espacio más ancho. Los agentes no observaron ni maltrato ni otros posibles delitos contra los animales. 

Esta semana, la Guàrdia Urbana también visitó el piso, aseguran los vecinos. Lo hizo por las quejas reiteradas del ruido que aseguran los vecinos «es insoportable en algunas horas del día». Fuentes municipales aseguran que se está elaborando un informe de los dos pavos y su situación de legalidad en este balcón de la Rambla.

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