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Los pescadores de Tarragona luchan por sobrevivir los dos meses de veda

Armadores y marineros paran sus embarcaciones en unas condiciones 'injustas' y aseguran sentirse perseguidos

Carla Pomerol

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El armador Domingo Pedrol y sus trabajadores arreglan algunas de las cosas en mal estado de la embarcación La Guita I. Foto: Lluís Milián

El armador Domingo Pedrol y sus trabajadores arreglan algunas de las cosas en mal estado de la embarcación La Guita I. Foto: Lluís Milián

Los pescadores del arrastre ya llevan una semana sin salir a pescar. Como cada año, las administraciones obligan al sector a amarrar sus embarcaciones durante dos meses para que los peces y el mar se regeneren. El año pasado, los armadores decidieron reivindicarse y parar solamente un mes, «porque la administración, en este caso el Estado español, sólo tenía intención de pagar quince días a los propietarios de las embarcaciones», explica Esteve Ortiz, presidente de la Confraria de Pescadors de Tarragona. Este año, la cosa ha cambiado. Hace unas semanas, los armadores y marineros se reunieron en asamblea para decidir cuántos meses parar la empresa. Se decidió, por mayoría, amarrar las embarcaciones durante dos meses. ¿Pero cómo viven los armadores y marineros esta temporada?

La respuesta de algunos es mal, y la de otros, muy mal. «Como empresa, parar dos meses es insostenible», asegura Domingo Pedrol, armador y patrón de La Guita I. Y es que, durante estos meses, las empresas del arrastre no reciben ningún tipo de ingreso. En cambio, hay muchos gastos, ya que, en esta época, los patrones y armadores aprovechan para arreglar la embarcación y llevar a cabo el mantenimiento para después no encontrarse con sorpresas durante las inspecciones. Los propietarios de las embarcaciones, –conocidos como armadores–, dejan de trabajar y de ganar durante dos meses por obligación, y el Estado, –encargado de gestionar los fondos europeos destinados a la pesca–, solamente paga quince días de los sesenta.

«Es complicado trabajar diez meses al año para mantenernos doce meses», explica Pedrol, quien añade que, «puedo permitirme estar un mes parado, dos ya no». Pero la mayoría manda y decide. «Es una decisión complicada. Está claro que parar dos meses es mejor para la regeneración de las especies marinas, pero, por otro lado, tener la empresa parada dos meses es terrible», explica Esteve Ortiz, presidente de la Confraria de Pescadors.

Por otro lado están los marineros, que, por ley, trabajan tres días después de empezar la veda y tres días antes de finalizarla. Su historia es diferente, aunque tampoco mejore mucho. Ellos utilizan el paro para poder sobrevivir estos dos meses. Cobran una media de mil euros mensuales, que les ayuda a pasar esta temporada. La gran mayoría son padres de familias, impotentes por no poder llegar a fin de mes. Pero no para todos es negativo. Yousseef Outaleb, marinero de la embarcación La Guita I, aprovecha estos dos meses para ir a visitar a su familia a Nador, en Marruecos. «Como cobramos del paro, solamente nos dejan ir a nuestro país quince días», explica Yousseef Outaleb. Unos y otros tienen la misma sensación «nos están tomando el pelo».

Así pues, desde el 1 de mayo hasta el 30 de junio, 33 de las 40 embarcaciones de arrastre están paradas. Las siete restantes son las que van a pescar gamba, que llevan a cabo la parada biológica durante el mes de junio y julio.

‘Nos sentimos perseguidos’

El armador Jaume Pijoan, conocido como Chambelico, desmonta la red para llevarla a arreglar. «Estos dos meses viviré de lo que he podido recoger durante el invierno, pero no hay suficiente», explicaba Chambelico, quien añadió que «yo ya no confío en cobrar ni los quince días. Me deben tres vedas y, encima, nos tienen perseguidos y vigilados como si fuéramos delincuentes». Desde hace unos años, las embarcaciones deben llevar, por obligación, una caja azul, una especie de GPS que controla todos los movimientos de los pescadores. Algunos ya han sido sancionados, lo que significa que no cobrarán ni los quince días prometidos. Chambelico como casi todos los armadores, aprovecha estos dos meses para arreglar las embarcaciones, «porque sino, cuando salimos a pescar, llegan las inspecciones. Tenemos que tenerlo todo a punto». Uno de sus trabajadores, Antonio Recasens, es padre de familia. «Cobramos una miseria del paro, –no llega a mil euros, asegura–, y encima estamos más perseguidos que los ladrones. Parece que lo que quieren las administraciones es eliminar el sector de la pesca», comenta, enfadado, Recasens, quien añade que «esta situación no es justa».

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