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Los picos de muertes en enero alcanzaron a la primera ola

Enero fue el mes más letal por la Covid-19 en Tarragona desde abril. Nuevos datos del INE revelan que las defunciones en la tercera ola igualan los récords más aciagos de la pandemia

Raúl Cosano

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Sanitaria en la UCI del Verge de la Cinta de Tortosa.  FOTO: ICS Ebre

Sanitaria en la UCI del Verge de la Cinta de Tortosa. FOTO: ICS Ebre

Los contagios bajan drásticamente, la vacuna hace su efecto y la Covid-19 se contrae con los hospitales aún en situación crítica, pero la cifra de muertes sigue golpeando las estadísticas en Tarragona. El Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre respiran por fin con la mejora de la situación epidemiológica y sanitaria pero atrás quedan unas semanas durísimas y, en concreto, un mes de enero especialmente devastador y letal por las pérdidas de vidas.

Comparación entre años: 2019 (rojo) 2020 (azul). DT

Los 248 muertos por Covid-19 se quedan cerca del tope de 303 de abril, el mes más mortal de la pandemia, pero los registros semanales muestran algunos picos tan abultados como los de la primera oleada. Y no solo a consecuencia de la Covid-19. Enero es históricamente el mes del año con más fallecidos, fundamentalmente por el efecto de las bajas temperaturas y su afectación en enfermedades respiratorias; esa tendencia asentada desde hace tiempo, junto con el impacto del virus provocado por las fiestas navideñas, han hecho que el pico de defunciones supere al de la segunda ola y se acerque al de la tercera.

Una estadística experimental del INE, que recoge y publica datos semanales, muestra que Tarragona ha arrancado el año con un exceso de mortalidad del 36,42%, el peor balance de lo que llevamos de emergencia sanitaria y entre los más graves de España en estos momentos. En las cuatro primeras semanas de enero, se registraron 839 fallecidos (no solo por coronavirus, sino también por otras causas) por los 615 de 2020, antes de que irrumpiera el SARS-CoV-2. Pero lo más llamativo es que las casi 230 defunciones semanales actuales se parecen mucho a los balances en los mismos intervalos del mes de abril, el momento más crudo de aquel primer envite, en pleno confinamiento domiciliario. El gráfico de esta página lo ilustra: en abril se superaron durante tres semanas consecutivas los 200 fallecimientos en Tarragona, exactamente la misma situación que se ha vivido durante el mes de enero.

La vacuna no llegó a tiempo

La vacuna, distribuida desde el 27 de diciembre, no ha llegado a tiempo para evitar que se batan nuevos récords cuando se llevan 11 meses de pandemia. En enero se han registrado crestas de hasta 15 decesos por Covid-19 al día, según el Departament de Salut. Esta tercera ola del virus aún colea, según las previsiones de las autoridades sanitarias: la mejoría se nota primero en el número de casos diagnosticados en la atención primaria y posteriormente en las hospitalizaciones en planta. Los ingresos en UCI de aquellos casos más graves y las defunciones suelen ser los indicadores que más tardan en bajar, teniendo en cuenta que el empeoramiento de los cuadros clínicos es progresivo y se puede prolongar semanas.

Para hacerse una idea del impacto de esas jornadas infaustas, otra comparativa: en la semana más fatal hasta la fecha de 2021 morían 32 personas al día, cuando la media en la misma época del año anterior era de 21. Por lo tanto, si el cénit de la tercera ola ha quedado atrás en cuanto a contagios, la mortalidad general aún no ha alcanzado su tope, ya que faltan los datos de las semanas que llevamos de febrero y no publicados aún por el INE, lo que acabará de dar una fotografía más exacta de la magnitud de la pandemia.

El secretario de Salut Pública, Josep Maria Argimon, ha dicho recientemente que las cifras pueden ser frías, pero se ha registrado una media de 400 muertes semanales en toda la epidemia, un impacto que en ningún caso conviene olvidar. Y que, apuntó, seguramente se traducirá en una reducción de la esperanza de vida de entre 0,9 y 1,5 años. Este descenso solo se ha dado en España en el último siglo por la pandemia de gripe de 1918-20 y por la Guerra Civil (1936-39). En Tarragona los datos medios son igualmente impactantes: ocho decesos al día por el virus según el balance de enero. Desde mediados de diciembre, la tercera ola ha provocado más de 380 fallecimientos.

Esta nueva embestida del patógeno sigue la tendencia apuntada durante toda la pandemia: las mujeres se contagian más pero son los hombres quienes padecen los efectos más graves y terminan falleciendo. Desde diciembre han muerto en las comarcas tarraconenses 207 hombres por 181 mujeres, lo que vuelve a confirmar una vez más la mayor vulnerabilidad del género masculino ante un virus que sigue teniendo mucho de imprevisible. En cambio, son ellas las que registran más contagios: 9.100 frente a 7.813. Eso sí, la edad sigue siendo un factor clave del desenlace fatal: el 88% de las defunciones en Tarragona eran de mayores de 70 años.

Primeras señales de alivio

Solo las restricciones y la mejor preparación de los hospitales, a pesar del cansancio físico y emocional de los sanitarios, han contenido algo la situación para que no llegara a ser tan extrema como en la primavera pasada. Sin embargo, las UCI han estado ahora más llenas que entonces, cuando el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre se salvaron relativamente de unas cifras asoladoras, en comparación con otros territorios.

El de muertes es el último pico que se pasa en las olas epidémicas y en febrero está siendo alto, con una media diaria de cinco óbitos, cifras que pueden ser el último reflejo de la pesadilla, a la espera de que se asienten las primeras señales de una tendencia positiva. Quizás la más evidente es que los traspasos en las residencias han caído prácticamente a la mitad gracias a la inmunidad conseguida por la vacunación. Está por ver si la peor estadística de mortalidad ya ha pasado.

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