Los precios suben tres veces más que los sueldos en Tarragona

La inflación se dispara un 4% en la provincia y los salarios solo crecen un 1,15% hasta septiembre. El alza de los costes merma el poder adquisitivo, pone en riesgo el ahorro y amenaza con ampliar la brecha

Raúl Cosano

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A inicios de la emergencia sanitaria, los tarraconenses tenían 12.170 millones en depósitos bancarios, casi 1.200 menos que en la actualidad. Foto: Pere Ferré

A inicios de la emergencia sanitaria, los tarraconenses tenían 12.170 millones en depósitos bancarios, casi 1.200 menos que en la actualidad. Foto: Pere Ferré

Comprar el pan es cada vez más caro. También cortarse el pelo, ir al supermercado, repostar el coche o, directamente, darle al interruptor de la luz en casa. El imparable precio de la electricidad ha dejado una huella profunda en el coste de todos los productos y servicios, cuyas tarifas siguen desbocadas. Se trata de una inflación descontrolada que amenaza la recuperación económica ya superado lo peor de la pandemia y también a los más de 13.300 millones de euros que hogares y empresas de Tarragona tienen guardados en el banco. A pesar de los visos de normalidad y de las reaperturas, 2021 también está marcado por el ahorro, como lo fue 2020. A inicios de la emergencia sanitaria, los tarraconenses tenían 12.170 millones en depósitos bancarios, casi 1.200 menos que en la actualidad. Los precios suben a niveles nunca vistos en casi 30 años.

A la espera de conocer el dato provincial de octubre, en septiembre la inflación subió un 4% en Tarragona, según el balance de INE. Se trata del mayor incremento en nueve años, desde finales de 2012, cuando la subida fue del 4,1%. Pero lo peor no es el crecimiento en sí sino cómo eso se traduce en una pérdida del poder adquisitivo, sobre todo porque los ingresos se tambalean, justo en un momento precario por el impacto de la Covid-19. Los sueldos están subiendo pero lo hacen a un nivel muy inferior. Solo hay que mirar los últimos datos del Ministerio de Trabajo: los salarios por convenio han crecido en lo que va de año un 1,15%. Por lo tanto, los precios en Tarragona están creciendo el triple que los sueldos. Y viene siendo así durante todo el año. Los salarios se han movido en un incremento que ha oscilado entre el 1,15% y el 1,26%, muy inferior a las tasas de 3,3 o 3,6% del IPC, que han llegado incluso a alcanzar ese 4%.

Electricidad por las nubes

En resumen, esa dinámica supone un menoscabo a la capacidad económica de las familias. Pese a toda la dureza económica derivada de las restricciones de la pandemia, la dinámica era totalmente opuesta en 2020. Hace justo un año, los sueldos por convenio subían un 1,77% y los precios descendían alrededor del 1% en las comarcas tarraconenses.

Hay dos factores clave en estas escaladas. El principal es el incremento de la tarifa de la luz, clave no solo para el consumo doméstico sino para las empresas y para toda la cadena productiva. En lo que va de año, la electricidad, el gas y otros combustibles se han encarecido un 32,1% en Tarragona. En comparación con justo hace un año, la factura ha crecido incluso un poco más, hasta el 35,7%. Pero quizás el alcance de tan endiablada dinámica se ve mucho mejor si se analiza mensualmente. En septiembre, el recibo subió un 7%, pero ya se viene de incrementos acumulados que eran del 6,6% o incluso del 8,2% durante este 2021, unas cifras inéditas en toda la serie histórica del INE que llega hasta 2002.

La inflación se dispara especialmente en otoño, pero es una inercia que se está prolongando durante meses. El informe de coyuntura económica del Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre publicado por la URV sobre el segundo trimestre ya indicaba que el factor clave es «el incremento encadenado de los precios del petróleo y de la energía eléctrica como consecuencia del sistema de subasta y de las repercusiones de las emisiones de CO2 a las empresas productoras».

«Desajustes oferta-demanda»

Ese informe alertaba hace algunos meses de «desajustes entre la oferta y la demanda, con incrementos de precios, y se teme que pueda comportar una modificación de la política monetaria ante este aumento inflacionario».

El alza de los precios también está provocada por la escasez de suministros, precisamente por esos desequilibrios, que tienen en las carencias de microchips uno de los ejemplos más claros y recurrentes. Un informe reciente de Pimec alerta de que siete de cada diez empresas de Tarragona sufren falta de suministros y apunta a alguna de las causas, como «la rápida e intensa recuperación económica después de la superación del primer impacto de la pandemia». A eso se añaden las «presiones de grandes inversiones internacionales en mercados de materias básicas», así como dos fenómenos clave como la digitalización y la transición energética.

Pimec indica que hay un «parón de inversiones en explotaciones mineras y petroleras y en equipamientos industriales, que reducen la capacidad de producción de materias básicas». La concentración de materias primas y componentes en escasos países y pocas empresas derivan en problemas de transporte marítimo, una cuestión logística que da la puntilla a esa mencionada tormenta perfecta que ha desembocado en esta coyuntura extrema.

Los sindicatos alertan de la situación. «Aún estamos arrastrando las consecuencias de la crisis. En Catalunya una de cada cuatro personas está en la pobreza. Hemos empobrecido muchísimo a la población. Mucha gente aún está saliendo de la crisis. Si ahora sube el coste de la vida, muchos no podrán asumirlo», advierte Mercè Puig, secretaria general de CCOO en Tarragona. «Es un problema que ya teníamos, el de gente que trabajaba y era pobre. Ahora esto se agrava y la situación es insostenible para muchas familias», reconoce Joan Llort, su homólogo de UGT en la provincia. «Hay muchísima gente que sigue cobrando ayudas y estamos viendo que la salida de la crisis de la pandemia va por sectores. Muchos puestos de trabajo tienen sueldos precarios, y si a eso añades un incremento de costes y de los impuestos todo empeora. ¿Irá esto acompañado de ayudas sociales? Habrá mucha gente que se quede descolgada», añade Puig, que ve necesaria «una subida del salario interprofesional para impedir que mucha gente quede por debajo del umbral de pobreza». «Muchos convenios se habían desvinculado de las subidas correspondientes en función de cómo aumentaba el IPC pero volveremos a poner cláusulas de actualización en previsión de estos grandes desvíos de la inflación que estamos viendo», indica Joan Llort.

«La recuperación pierde fuelle»

Los expertos ponen el foco en los efectos provocados. «Hay una pérdida evidente de poder adquisitivo. El escenario que parece que viene es el de amplitud de la brecha entre grupos económicos, ya no digo clases o grupos sociales, entre la gente que tiene asegurados sus ingresos y los que no tienen capacidad para repercutir la inflación, que es el impuesto de los pobres, porque no tienen esa opción para igualar el incremento de precios. Otra de las consecuencias es que la recuperación económica ha perdido fuelle», recalca Rafael Muñoz, economista del gabinete de estudios de la Cepta.

Muñoz cree que la situación es compleja y que un incremento de los salarios también tendría sus riesgos: «Es peligroso para la inflación, porque si subes sueldos, estás aumentando costes y añadiendo más inflación. El empresario, si hace eso, tiene que aumentar las ventas y eso le puede dejar colgado si no lo consigue. Otra cosa es que reduzcas por ejemplo las cuotas de las empresas a la seguridad social, pero eso aumenta la deuda y entonces los fondos europeos pedirán explicaciones. A veces no hay mucha alternativa, o recortas o te endeudas».

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