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Los radicales (y los otros): empieza la campaña

El PP hizo un 'Rajoy' y 'huyó' a Reus para evitar cruzarse cara a cara con sus rivales

Xavier Fernández

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Pegada de carteles en el arranque de campaña del 20-D. Foto: Pere Ferré

Pegada de carteles en el arranque de campaña del 20-D. Foto: Pere Ferré

¿Qué hacen un par de alcaldes, un exsindicalista, dos profesionales de la política y un subinspector laboral pelándose de frío una medianoche de diciembre en la Rambla Nova de Tarragona? No. No es un chiste. ¿Están rodando una edición callejera de ‘Gran Hermano’? Con la que está cayendo en la política catalana, casi casi, pero no. Fue la habitual pegada de carteles con la que arranca una nueva campaña electoral. Sí, una más. Y las que nos esperan...

Fue una gigantesca sensación de deja vú o del día de la marmota. De volver a ver de nuevo las mismas caras, saludar a los militantes más fieles, a los compañeros de prensa de los partidos... Como la vuelta al cole.

Ayer noche estaban cinco de los seis partidos con posibilidades de obtener un escaño y los irreductibles de Unió que, inasequibles al desaliento, no cejan en su empeño de sobrevivir. La esperanza es lo último que se pierde, después de que te desaparezcan los militantes, los escaños, los votos...

‘Igual no volvemos’

Había optimismo entre los de Unió que gritaban con ganas su lema: «soluciones», aunque uno de sus simpatizantes soltó con una lúcida ironía: «Igual ya no venimos más». Su número 1, Martí Barberà, ya tiene experiencia en el Congreso. Ha sido diputado de CiU. Las encuestas no le auguran un buen futuro. La del CEO (Centre d’Estudis d’Opinió) ni pregunta por Unió. Inconvenientes de un divorcio traumático. Tu cónyuge te engaña y encima se queda con tus votos (o los que creías que eran tuyos).

También pululaban por el tramo inicial de la Rambla los extremistas de DiL (Democràcia i Llibertat, la marca avergonzada de Divergència –perdón, Convergència– Democràtica de Catalunya). Y los extremistas de ERC. Que nadie se enfade. Extremistas en el sentido etimológico que le atribuye a la palabra la Real Academia Española (perdón por lo de española): «Tendencia a adoptar ideas extremas, especialmente en política». Extremo es intentar independizarse a la brava.

Al frente de CDC-DiL, su candidato, el alcalde de Tortosa, Ferran Bel, que lució su exquisita educación y su paciencia ya que le tocaba volver a Tortosa. Y liderando a ERC, Jordi Salvador, exsecretario general de UGT en Tarragona. Esperemos que el querido amigo Jordi no tenga problemas con Junts pel Mas –perdón de nuevo, Junts pel Sí– por su apellido. Ya sabemos que Salvador en Catalunya sólo hay uno: Mas.

A unos y otros se les echaban en falta los látigos con lo que fustigar a la CUP. Virtualmente, por supuesto. Los cupaires no se presentan a estas elecciones. Los pobrecillos ya tienen suficiente con soportar las embestidas de los extremistas del Procés.

Democràcia i Llibertat compartió el plafón de madera donde pegar los carteles con Unió. Simpatizantes de ambos no evitaron cruzarse reproches. Un ‘unionero’ le pidió a un conocido de CDC-DiL que ondease alguna bandera ya que no llevaban ninguna. El convergente le replicó diciendo que la Senyera y la bandera de Unió eran «españolistas». Fue un rifirrafe envuelto en seda y sonrisas, pero que refleja el statu quo actual.

A las huestes de ERC les tocó estar al lado de la nueva derechona disfrazada de no se sabe qué, es decir, Ciudadanos. Los primeros gritaban con ganas «¡Independencia!» y los segundos replicaban con un «se nota, se siente, Albert presidente». Ciudadanos es el único partido que no incluye en su cartel electoral a su número 1 por Tarragona, Sergi del Campo.

El subinspector laboral Del Campo es un perfecto desconocido para el ciudadano de a pie, pero no importa. Sólo cuenta el omnipresente Albert Rivera. ¡Qué tiempos aquellos en que Albert tenía que desnudarse para que alguien le hiciera caso! Ahora tenemos Albert en el desayuno, en la comida y en la cena; en entrevistas, en debates y en programas de entretenimiento; en prensa, en radio, en televisión y en Internet... Tanto Albert cansa.

Los socialistas llegaron con su cabeza de lista, Joan Ruiz, que iba escoltado por medio consistorio y exconcejales: Begoña_Floria, Elvira Ferrando, Xavier Sabaté, Carles Castillo... No en vano el alcalde, Josep Fèlix Ballesteros, es candidato del PSC por Tarragona al Senado.

El sexto partido en pegar carteles en la Rambla Nova fue En Comú Podem, alianza de ICV, Podemos y EUiA. Su candidato es el periodista metido a político y alcalde de Altafulla, Fèlix Alonso. Los ‘podemitas’ –perdón por usar la pérfida, pero entretenida, expresión de la caverna mediática– también se mostraban exultantes. Una de sus habituales, Teresa Fortuny, una vieja luchadora por la democracia que sigue al pie del cañón, lucía una doble bandera republicana y catalana.

Todos... menos el PP

En medio del jolgorio de los cánticos de los partidos, se añoraba a Joaquín Sabina. De estar, el cantautor habría entonado su famosa «Estaban todos menos tú» dirigido al PP. Vale, vale. Ya sé que Sabina y el PP son como el aceite y el agua, pero también lo son los business friendly de Mas y los anticapitalistas de la CUP. Y ya ven. Al final acabarán juntitos. O no. De momento Terminator-Divididor Mas ya ha conseguido resquebrajar la inquebrantable voluntad cupaire.

Decía que Sabina le cantaría al PP que no estaba... porque los peperos hicieron un ‘Rajoy’, que el diccionario periodístico-político define como «Dícese de la espantada de uno o más políticos de un lugar en el que no se sienten cómodos por su incapacidad para reaccionar con agilidad. Suele aplicarse al presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, por su miedo a responder a las preguntas de los periodistas en directo o de debatir con líderesde otros partidos. Se le puede considerar sinónimo de pantalla de plasma».

Los populares, con Jordi Roca como número 1, se autoexiliaron a Reus. Realizaron una pegada virtual de carteles en el interior de un restaurante de la capital del Baix Camp con nombre de vermut. Muy adecuado, un exquisito vermut de Reus para ayudar a digerir el mal trago electoral que les espera, al menos en Catalunya. Y muy adecuado (dicho con cariño, ojo) el apellido de su candidato. El extremismo del PP, su empeño en no escuchar ni enterarse de nada, recuerdan a una roca, pétrea e inamovible, un enorme pedrusco en el zapato de la Democracia.

Allí estaban, entre Tarragona y Reus, los radicales («partidario de reformas extremas»... «Extremoso, tajante, intransigente», dice la RAE) de uno y otro bando. Los radicales. Pero también los otros._Por suerte.

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