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Los secretos de Atapuerca

Trayectorias paralelas. El yacimiento y el IPHES están estrechamente unidos y no se entiende uno sin el otro

Gloria Aznar

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Equipo que participó en el descubrimiento del ‘Homo antecessor’, con una alta presencia de miembros de IPHES y URV. Foto: Cedida

Equipo que participó en el descubrimiento del ‘Homo antecessor’, con una alta presencia de miembros de IPHES y URV. Foto: Cedida

«Atapuerca ha cambiado la historia de la Humanidad. Allí descubrimos una especie nueva, el Homo antecessor, algo muy difícil de hallar y que ha demostrado la variabilidad de los homininos que había ya hace un millón de años en Eurasia». Quien así se expresa es el arqueólogo Eudald Carbonell, artífice de buena parte de los decisivos hallazgos que han tenido lugar en los yacimientos de Burgos, de la mano de investigadores e investigadoras del IPHES. Porque los destinos de Atapuerca y del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), van unidos. «No concibo uno sin el otro», manifiesta Andreu Ollé, profesional del instituto sito en Tarragona. 

Ethel Allué en el río Arlanzón. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca.

La relación de Carbonell con Atapuerca viene de lejos, del año 1978, antes de su llegada a Tarragon y del nacimiento del propio IPHES. Desde entonces, la cantera no ha dejado de arrojar luz sobre la historia de la evolución humana con Carbonell al frente, quien ha arrastrado con él a los mejores estudiosos de la Prehistoria. Cuatro décadas en las que casi 500 especialistas del IPHES y de la URV le han arrancado sus secretos. Descubrimientos, alguno de ellos, que han cambiado el paradigma que se tenía hasta el momento. Es el caso del Homo antecessor, el más antiguo de Europa, en la Gran Dolina. Pero Atapuerca también aporta «la primera prueba de canibalismo de la historia, la acumulación de cadáveres más remota o el ADN más antiguo secuenciado que se ha encontrado», como apunta Carbonell. 

Eudald Carbonell (izq.,) y Robert Sala, el primero y el actual director del IPHES respectivamente, en 1984, en Ibeas. Foto: José María Bermúdez de Castro.

Llegar a estos hallazgos ha requerido esfuerzo y tesón por parte de los profesionales implicados. «Los veteranos hemos hecho de la investigación en Atapuerca un proyecto de vida», afirma Marina Mosquera, especialista en tecnología cognitiva y evolución tecnológica, que no se ha perdido una excavación desde hace 31 años. Como ella, la carrera profesional de otros investigadores del IPHES está intrínsecamente unida al sitio arqueológico. Es el caso de Andreu Ollé, miembro fundador del instituto, quien pisó el yacimiento siendo estudiante en 1990. Ambos trabajan la tecnología lítica, el estudio de aquellos homininos, de su comportamiento, a través de las herramientas que elaboraban.  

Marina Mosquera , en la Gran Dolina. Foto: Susana Santamaría / Fundación Atapuerca.

Ha sido la colaboración en equipo y la diversidad de especialistas lo que ha hecho posible el éxito. Así, proyectos arqueológicos, antropológicos, geológicos o botánicos permiten «que el programa de conocimiento funcione», explica Carbonell. En este sentido, Aitor Burget, que este año iniciará su quinta campaña, estudia el papel del fuego en la evolución humana. «Es mucho más que calentar y cocinar.  Es un espacio de sociabilización, de intercambio de ideas y de cohesión de grupo». Mientras, Raquel Hernando, que inició su andadura como voluntaria, se está especializando en antropología dental y en especial en la «reconstrucción de la dieta de las primeras poblaciones agricultoras y pastoriles, una dieta mixta con un alto consumo de productos cárnicos y cereales». 

También Xosé Pedro Rodríguez forma parte de aquel núcleo inicial del IPHES y está vinculado desde siempre a Atapuerca, que califica de «referente científico a nivel internacional y un pilar de la investigación española». Además de la tecnología lítica, Xosé Pedro evalúa la producción científica relacionada con arqueología prehistórica, sector en que también sobresalen los científicos y científicas del IPHES con unos 250 artículos de impacto.

Isabel Cáceres con Rosa Huguet, investigadoras del IPHES, en Burgos. Foto: Susana santamaría/f. atapuerca

Xosé Pedro destaca la activa participación del IPHES en el proyecto de Atapuerca. «En el instituto estamos la inmensa mayoría de los arqueólogos que hemos excavado y excavamos los yacimientos de la Trinchera del ferrocarril», subraya, por su parte, Marina. Para Aitor, «Atapuerca contiene todo lo que nos ha sucedido como especie y el IPHES es el cerebro y el músculo de ese gran monstruo».  

¿Se imaginaba todo esto Carbonell? «Haces las cosas porque piensas que pueden pasar y estoy muy contento porque lo que era un sueño se ha convertido en una estructura de investigación de las más importantes y competentes del mundo».

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