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Tarragona ENCUESTA

Los servicios municipales de Tarragona, a examen

El muestreo público podría servir para reducir esa sensación de que los políticos solo se fijan en la opinión ciudadana cada cuatro años

DÁNEL ARZAMENDI

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Un bus de la EMT, junto a un aparcamiento soterrado municipal, en una imagen reciente. FOTO: PERE FERRÉ

Un bus de la EMT, junto a un aparcamiento soterrado municipal, en una imagen reciente. FOTO: PERE FERRÉ

Uno de los reproches que frecuentemente se lanzan contra el modelo representativo tradicional es que otorga al ciudadano un poder meramente espasmódico. Efectivamente, nuestro sistema institucional vive habitualmente encerrado en sí mismo, y solo de vez en cuando –normalmente cada cuatro años–vuelve puntualmente su mirada hacia la ciudadanía para darle a elegir entre un número limitado de ofertas cerradas. Y en ese momento, los votantes carecemos de la menor posibilidad para opinar sobre cuestiones concretas, sino que debemos limitarnos a optar entre la lista A, B, C o D. El modelo representativo ha demostrado contrastadamente ser el menos malo de los sistemas existentes en culturas democráticas como la nuestra, aunque parece evidente que manifiesta limitaciones significativas a la hora de permitir una participación sustantiva en las decisiones de gobierno.

Afortunadamente, los avances que permite la nueva era de la información hacen posible compatibilizar las ventajas del modelo representativo con una participación ciudadana más activa, continua e influyente. Hacia este objetivo se orienta la iniciativa que el Diari ha puesto en marcha hace unos días, a través de su página web, consultando a los tarraconenses sobre diferentes aspectos de la gestión municipal. Sin duda, este tipo de propuestas deben ser alabadas, en la medida que sirven para tomar el pulso de la calle en cuestiones que afectan directamente a la vida diaria de las personas.

Si entramos ya en los resultados concretos de la muestra, algunos de los porcentajes en las respuestas resultan más que sorprendentes para cualquier observador que intente analizar el asunto con cierta distancia. Por ejemplo, aproximadamente el sesenta por ciento de los consultados afirma sentirse muy satisfecho con el nivel de limpieza y la recogida de basuras de la ciudad. Semejantes cifras chocan frontalmente con la experiencia empírica de cualquier habitante de Tarragona, que no deja de escuchar protestas transversales sobre la calidad de dichos servicios por donde quiera que vaya.

En ese sentido, conviene ser muy cauto a la hora de valorar este estudio, teniendo en cuenta en todo momento que se trata de un mero sondeo donde participa quien quiere (y que, por tanto, es susceptible de verse afectado por un llamamiento interno, desde determinados colectivos implicados, para influir en un determinado sentido).

En cualquier caso, la iniciativa de este periódico debería significar un punto de partida en una nueva cultura de la participación a nivel local, que permita articular procedimientos continuos para testear las impresiones de los ciudadanos en asuntos que les afectan de forma cotidiana y tangible. El agonizante Senat Tarragoní buscaba, en cierto modo, servir como nexo de unión entre el gobierno municipal y la sociedad civil, aunque los criterios de configuración adoptados terminaron convirtiéndolo en una figura tan bienintencionada como inútil, tal y como lamentaron algunos de sus propios miembros que acabaron presentando su renuncia.

Quizás, la encuesta que realiza estos días el Diari podría servir como modelo para establecer algún tipo de muestreo público recurrente, dotado del necesario rigor metodológico y una transparencia absoluta, para reducir esa extendida sensación de que los políticos sólo se fijan en la opinión de la ciudadanía cada cuatro años. Las autoridades locales no deberían observar esta posibilidad como una amenaza, sino como una herramienta para servir a la ciudadanía como ella desea ser servida, que es el objetivo para el que se supone que trabajan.

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