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Los ‘skaters’ de Tarragona reclaman más sitios para patinar

La pista de ‘skate’ del Francolí, teóricamente cerrada por la Covid, se queda pequeña cada día. El año pasado se pusieron 15 denuncias por patinar en la calle, algo que está prohibido

NORIÁN MUÑOZ

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La pista de patinaje del Francolí en teoría debería estar cerrada pero han quitado el precinto y se vuelve a llenar. FOTO: PERE FERRÉLA PISTA ES COMPARTIDA NO SOLO POR ‘SKATERS’, SINO TAMBIÉN POR PERSONAS EN PATINETES Y HASTA BICICLETAS Y PERSONAS DE TODAS LAS EDADES. FOTO: PERE FERRÉ

La pista de patinaje del Francolí en teoría debería estar cerrada pero han quitado el precinto y se vuelve a llenar. FOTO: PERE FERRÉLA PISTA ES COMPARTIDA NO SOLO POR ‘SKATERS’, SINO TAMBIÉN POR PERSONAS EN PATINETES Y HASTA BICICLETAS Y PERSONAS DE TODAS LAS EDADES. FOTO: PERE FERRÉ

Según las restricciones impuestas por el PROCICAT a causa de la pandemia, la pista de skate del Parc Francolí debería estar cerrada. En el decreto se especifica que «queda prohibida la utilización de equipamientos deportivos que no estén supervisados y que deberán quedar cerrados físicamente, incluidas pistas y campos de deportes al aire libre».

Pero hasta aquí la teoría; la práctica es que tanto el Skate Park como el resto de espacios y pistas aledaños están a pleno rendimiento. Las cintas plásticas que han colocado en distintas ocasiones advirtiendo de que no se puede pasar han ‘volado’ cada vez que las ponen.

Pese a que es invierno y oscurece pronto, la pista se llena no solo de skaters en monopatín;abundan también los patinetes, de vez en cuando llega una bicicleta BMX y también personas en patines, entre otros.

Antonio Cardoso, presidente del Club Skateboard Tarragona, explica que lo de ahora es apenas una pequeña muestra de lo que pasa todo el año porque, más allá de la pandemia, la pista hace mucho que se ha quedado pequeña para todas las personas que la utilizan. Una tarde cualquiera es fácil encontrarse allí a una treintena de patinadores esperando su turno.

Pero más allá de la masificación, el gran problema es que la pista es utilizada por personas de todas las edades y niveles, incluidos niños pequeños. De hecho, aunque inicialmente la pista solo estaba destinada a mayores de 10 años, en algún momento se decidió bajar la edad a 5 años.

«Es un problema de seguridad importante. Yo soy padre y nunca dejaría a mi hijo entrar allí, porque un niño pequeño, si chocamos, lleva las de perder. Pero hay padres que no lo entienden y tenemos conflictos constantes», explica David Sanz, vicepresidente del club.

El mantenimiento, además, aseguran, tampoco se hace como debería. «Hemos estado a punto de tapar nosotros los agujeros».

«La comunidad skate hace tiempo que se siente desamparada de sitios para patinar en la ciudad», explica Sanz. Hace años que reivindican contar con otro espacio que, además, sea céntrico. Uno de los miembros del club, arquitecto, ha diseñado una propuesta para hacer una nueva pista en la plataforma del Miracle.

Recuerdan que Tarragona está en clara desventaja respecto a otras localidades cercanas, más pequeñas y, sin embargo, mejor equipadas para practicar un deporte que, recuerdan, será olímpico por primera vez este año en Tokio.

Cardoso considera que contar con más espacios en otros puntos de la ciudad haría que los patinadores pudieran estar más repartidos, algo que también podría ayudar a evitar conflictos con los vecinos.

Quejas vecinales

Y es que, como deporte de calle, el skate no está exento de conflictos con el resto de usuarios del espacio público. Una vecina de la plaza Mossèn Salvador Ramon, cercana a la Plaça del Rei, en la Part Alta, asegura que el ruido en su casa es insufrible cuando los skaters se ponen a patinar y usan el banco de piedra de la plaza. «Aquí en la Part Alta las calles son estrechas, así que cuando hay un ruido así se escucha muchísimo», explica.

Cardoso reconoce que lo primero es la tranquilidad de los vecinos: «No es de recibo tener a alguien patinando a las once de la noche y haciendo ruido donde moleste a otros», dice. Sugiere que se podrían pactar algunos lugares y horas para patinar para mejorar la convivencia.

Multas por llevar el patinete

La ordenanza ciudadana vigente solo permite ir por la acera si se adecua a la velocidad del paso de una persona, «algo que ya no sería deporte», señala Sanz.

Nacho Climent, un joven patinador que participa en competiciones de alto nivel, explica que se sienten perseguidos. La semana pasada, sin ir más lejos, en la Plaça del Rei multaron a una decena de patinadores, tanto los que estaban patinando en ese momento hasta otros que, como él, en ese momento estaba estirando. Las multas suelen ser de 100 euros pero se quedan en 50 si se paga pronto.

Cardoso explica que han estado en conversaciones con la Guàrdia Urbana y no hay una orden expresa de perseguir la actividad de los skaters, pero están atentos a las quejas de los vecinos.

Desde la policía municipal explican que el año pasado se pusieron 15 multas a conductores de monopatín: 11 por «circular o hacer uso de los monopatines de forma que perjudiquen los bienes públicos o privados o produzcan inseguridad a los ciudadanos»; dos por circular con un pasajero, una por circular por aceras y zonas peatonales «siendo mayor de 15 años» y una por «circular con un monopatín por un área de peatones causando molestias a los vecinos».

Mientras la pista del Francolí esté cerrada, dice Cardoso, piden que las autoridades sean más flexibles. Ya sucedió, recuerda, cuando comenzó la desescalada y pudieron volver a hacerse de nuevo deportes individuales. Esos días muchas personas sacaron sus skates sin problemas.

A esto se suma, acota Climent, que en los últimos meses en la ciudad ha aumentado la afición a este deporte, con una participación muy importante de chicas jóvenes, algo poco frecuente hasta ahora. Un auténtico boom.

Sanz recuerda que el skateboard como tal es un deporte individual, al aire libre, con lo que no implica demasiado riesgo de contagio. «Ahora mismo, paradójicamente, puedo ir a nadar a la piscina y juntarme con otras personas en el vestuario, pero no puedo ir a patinar», señala.

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