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Los ‘souvenirs’ arrinconan al comercio tradicional en el Carrer Major

Los negocios de toda la vida conviven con los cientos de turistas que a diario pasean por uno de los ejes más céntricos de la ciudad, lo que ha cambiado el perfil de los clientes
 

Núria Riu

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Vista general del Carrer Major, uno de los ejes más transitados de la ciudad, en pleno centro de la Part Alta.  Foto: Pere Ferré

Vista general del Carrer Major, uno de los ejes más transitados de la ciudad, en pleno centro de la Part Alta. Foto: Pere Ferré

Ramon Sentís cerrará a finales de mes su carnicería en el Carrer Major de Tarragona. Finalmente, ha decidido bajar la persiana de un negocio que abrió las puertas hace cuatro años y que seguía la senda iniciada por el abuelo hace 41 años, primero con el matadero en el Passeig Torroja y más tarde con la carnicería en el Mercat del Fòrum. «El trabajo ha bajado bastante. La Part Alta se inclina más por el sector turístico», argumenta.

El hijo, Aaron Sentís, quiere estudiar. Durante algún tiempo ha ayudado al padre detrás del mostrador, pero ha visto que quería abrirse nuevas oportunidades. «Ya vemos cómo está todo, hace unos meses cerró el Pijuan –el horno de pan de la Part Alta–, tampoco hay una pescadería, la gente no sube a comprar aquí», argumenta Ramon.

La carnicería Sentis es uno de los establecimientos donde los lugareños acostumbran a hacer su compra. No obstante, éste es uno de los ejes más transitados por los miles de turistas que cada año visitan la ciudad y esto ha cambiado el perfil de los clientes y, por tanto, de los establecimientos. Entre grupos de visitantes que se dirigen a la Catedral uno se encuentra sorteando los reclamos de las tiendas de souvenirs, en los que los imanes son los grandes protagonistas. La oferta es variopinta. Desde toreros con la inscripción de Tarragona a castells, pasando por imágenes del Amfiteatre, estelades y jarras de sangría son algunos de los productos estrella. Algunos con un toque local, otros sin ninguna personalidad, de los que pueden encontrarse en cualquier calle turística de una ciudad española.

En los últimos años los establecimientos de estas características han proliferado. Tan solo en este eje hay hasta cuatro negocios pensados de cara al turista. Aunque no son los únicos, ya que hay que sumarle otras dos tiendas especializadas en la venta de bolsos y marroquinería, que despiertan el interés básicamente del público extranjero.

En medio de esta oferta sobrevive Pere Vergés, de Antiguitats Poblet. Empezó el negocio en el año 1975, aunque la tienda ya la habían abierto sus tíos y a sus 73 años afirma que «prácticamente puede decirse que nací aquí». Antiguitats Poblet es el establecimiento más antiguo que queda en esta calle. Ha vivido la transformación del barrio, los años de decadencia y su posterior renacer. Ahora también el auge del turismo. «Era un centro histórico muy animado, pero se está transformando en un espacio turístico que ha perdido todo su encanto», argumenta.

En su momento dulce, en la Part Alta había quince anticuarios. Solo quedan tres. «No funciona. El turismo no compra y la gente de Tarragona no sube», explica Vergés. Lamenta que este eje esté perdiendo su personalidad. «Por todas partes te encuentras con los mismos souvenirs y todas las tiendas nuevas que abren están pensadas para el turista», explica.

Es consciente de que lucha a contracorriente en esta transformación que vive esta parte de la ciudad, pero junto con Capri y Castellarnau seguen manteniendo la tradición de la compraventa de antiguallas.

La floristería Llorenç, la bodega Jové y la Joieria Blázquez son otros de los negocios más longevos que pueblan este eje. Por el camino se han sumado nuevos y muchos otros han cerrado. En total hay tres tiendas regentadas por paquistaníes y en sus escasos 300 metros pueden contarse alrededor de media docena de establecimientos vacíos, entre los que se encuentra el antiguo Sirco Airlines, que podría tener una nueva utilidad pronto.

Teresa Solé es otra de las comerciantes del Carrer Major. Regenta una tienda de camisetas, chancletas y pendientes en el extremo en el que empieza la Baixada de la Misericòrdia. Un establecimiento que abre sus puertas el 1 de marzo, con el inicio de la temporada veraniega, y las cierra el 30 de octubre. Así ininterrumpidamente desde 1996. Solé se muestra satisfecha con el cambio que ha experimentado el barrio. «Antes estaba muy muerto, al menos ahora hay negocios nuevos», asegura. Atribuye al cambio desde que Tarragona fue designada Patrimoni de la Humanitat y ahora lo nota más que nunca los viernes. «Hay una invasión de cruceristas», explica. Pese a ello, defiende que en el Boy me voy compran los lugareños y los visitantes. «Son camisetas que no son para los turistas, me viene mucha gente de Tarragona», defiende.

En el otro extremo de la calle, Sonia Pérez Quílez y su hermana Esther se hacen cargo de Esports Catedral. Es de las pocas tiendas de deporte que sobreviven en la ciudad. «Vendemos para turistas, valoran más el género y el deporte», manifiesta Sonia. Lamentan las dificultades de aparcamiento han acabado con los negocios de toda la vida. Por ello, se muestran contentas de que el turismo mantenga vivo este eje. «Me da igual de lo que sea, pero al menos que no cierren los locales porque en invierno esto está muerto».

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