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Los usuarios de transporte público en el Camp de Tarragona caen más del 50%

La modalidad más afectada son los desplazamientos con autobús interurbano, con un descenso que supera el 60%, principalmente a causa de la frenada de la actividad turística

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La movilidad interurbana es la que ha caído más. FOTO: Alfredo González

La movilidad interurbana es la que ha caído más. FOTO: Alfredo González

La reducción de los desplazamientos a raíz de la pandemia ha tenido un claro impacto en el volumen de viajeros del transporte público, tanto en lo que se refiere a la media distancia como a nivel regional. Según datos de la Autoritat del Transport Metropolità (ATM) del Camp de Tarragona, el volumen de usuarios cayó de media un 50,7% en el último año, pasando de los 21,8 millones de validaciones en 2019 a tan solo 10,8 en el último ejercicio completo.

Sobre al respecto ha profundizado el Grup de Recerca d’Anàlisis Territorial i Estudis Turístics (GRATET), del Departament de Geografia de la Universitat Rovira i Virgili. En el marco del proyecto Covmovtur, este equipo de investigación ha recogido los principales datos sobre este sector, que ha completado encuestando a 2.791 personas en el último semestre de 2020. Las informaciones recogidas ponen de manifiesto que la utilización del transporte público tocó fondo durante el pasado mes de abril, cuando en el conjunto del Camp de Tarragona se registraron 74.022 usuarios, lo que tan solo representa un 4,5% de lo habitual.

A partir de la desescalada, las cifras empezaron a remontar progresivamente, hasta situarse en un 56% con la llegada del invierno. Aaron Gutiérrez, investigador del GRATET, destaca que el descenso ha sido especialmente significativo en verano. «Aquí tenías un perfil de usuario que básicamente has perdido. Por un lado, porque prácticamente no hubo turismo y, por el otro, los trabajadores de ese sector, que básicamente se mueven en transporte público».

Las cifras del transporte público incluyen tanto el bus urbano (con 13,17 millones de viajeros en un año normal), como el interurbano (8,4 millones) y el tren (181.000). El modo más afectado por la pandemia en términos relativos fue el servicio interurbano, con un descenso del 61,3%. En este caso, se ha constatado que el descenso ha sido superior que en otras áreas metropolitanas. Y esto se explica por dos motivos principalmente. El primero, la caída del turismo, un público que en este territorio se desplaza principalmente en transporte público. Y, en segundo lugar, por la facilidad que ofrece el vehículo privado respecto a otras áreas metropolitanas como pueden ser Barcelona o Madrid. «Allí hay redes mucho más densas, en las que la alternativa del vehículo privado no es factible. En cambio, aquí es mucho más fácil, lo que ha hecho que los esporádicos hayan caído en picado, porque lo tienen más fácil, mientras que se han mantenido los usuarios cautivos, porque en muchos casos no tienen alternativa».

En la encuesta realizada a posteriori, tras seis meses de restricciones, pudo completarse la información relativa al perfil de los usuarios que no cambiaron sus hábitos de transporte en las dos áreas urbanas del Camp de Tarragona, como son Tarragona y Reus. Esta reveló que el viajero mayoritariamente era femenino (60,2%) y de menos de treinta años (57,8%). Respondían a unos ingresos familiares bajos, que en el 58,6% no alcanzaban los 2.000 euros por familia, sin una alternativa de transporte motorizado (83,1%) y con un perfil de usuarios de a diario (54%).

El estudio asegura que los usuarios del transporte público perciben un riesgo de contagio «moderado», a pesar de que hay diferentes estudios que demostraron que en la mayoría de los casos la transmisión del virus se producen en el domicilio o en el ámbito familiar. En una escalera de 1 a 10, en el que se medía si el nivel de percepción era «poco» o «mucho», los viajeros del autobús o el tren afirmaron que el riesgo era elevado, con una nota de un 5,5, mientras que en el hogar apuntaron que la posibilidad era más baja (3,7). El espacio en el que percibían un mayor riesgo de amenaza de contagio era en el vehículo de transporte (5,6), mientras que en las paradas la nota media era de un 3,7.

Un último elemento destacable de la encuesta revela que al 24% de sus usuarios les producía estrés viajar en transporte público, mientras que el 53,8% creía que las medidas de prevención son eficaces, el 49,4% consideraba que los otros viajeros respetan las medidas de prevención y un 49,3% aseguraron percibir que los autobuses van más vacíos de pasajeros. En este apartado también se consultó sobre el impacto de la Covid-19 en la salud mental y, aunque las personas que confesaron sentir tristeza, miedo y ansiedad, se incrementaron sustancialmente, se concluye que «todo apunta que las percepciones de inseguridad y los efectos sobre la salud mental vienen más por inputs exteriores que no a raíz de su experiencia con el transporte público».

En lo que va de año, Gutiérrez afirma que se ha constatado un «repunte» en las cifras. «Está costando mucho llegar de nuevo a los esporádicos y la vacunación debe ser clave. Otra cuestión son las mascarillas ahora que ya no son obligatorias en el exterior y aquí es donde puede haber de nuevo un aumento de la percepción de riesgo», argumenta. La prueba de fuego será este verano y qué pasa con el turismo. Las perspectivas son mejores que el año pasado, aunque no se asumirán los niveles de 2019. Qué pasará con el transporte público es una incógnita. Pese a ello, este profesor de la URV avanza que «teníamos una movilidad turística que se canalizaba mucho sobre el transporte público y esto es positivo. Si empezamos a perderlo podemos tener problemas».

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