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Los valores del circo

Cia. Passabarret ofrece un curso intensivo sobre el arte del payaso este fin de semana dentro de la programación de talleres y actuaciones hasta mayo

Amalia Alonso

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Grupo de alumnos en La Circoteca. FOTO: PERE FERRÉ

Grupo de alumnos en La Circoteca. FOTO: PERE FERRÉ

«Hacer circo es todavía una actividad innovadora, poco vista y, al mismo tiempo, al alcance de todo el mundo, todos tienen alguna cosa que aprender o descubrir», asegura Dèlia Batet, fundadora de Cia. Passabarret. Un año más, la compañía ha desarrollado una programación circense variada y para todos los públicos. Dentro de los actos y talleres planeados hasta el mes de mayo destacan dos cursos intensivos de dos disciplinas características de este tipo de espectáculos: el arte del payaso y la cama elástica. El primero tendrá lugar este fin de semana a cargo del artista internacional Loco Brusca, con una amplia trayectoria en Catalunya y Argentina. Además, se estrenarán dos funciones; el nuevo proyecto de la compañía de Reus Mortelo i Manzani y el primer contacto con el público de la compañía Barlou, formada por artistas históricos catalanes.

«Empezamos muy jóvenes, yo tenía 17 años», recuerda Batet. «Hacer circo era la excusa para reunirnos un grupo de amigos, ensayar y compartir lo que sabíamos hacer», continúa. A partir de ahí, la fundadora describe un proceso de profesionalización natural y muy gradual lleno de actuaciones, festivales, visitas al extranjero y la compra de material y carpas propias. Cia. Passabarret está formada por tres socios con unas funciones muy claras. Oriol Llop se encarga de las actividades escolares; David Sancho, de la producción, comunicación y gestión de espectáculos, y por último, Dèlia Batet, del espacio de creación y formación, La Circoteca. Aun así, aproximadamente 25 personas colaboran de una manera u otra en el proyecto. «Al final se demuestra que hacer malabares sí era lo nuestro, movemos muchas cosas al mismo tiempo», reconoce Batet.

La experiencia y la evolución de la compañía desembocaron, el año 2012, en la creación de La Circoteca, un lugar de entrenamiento, una escuela y una oficina. «Lo único que ha hecho La Circoteca es poner en un espacio común una realidad que ya hacía años que vivíamos», opina Batet. Se trata de una pequeña carpa dentro de una nave industrial en el núcleo urbano de Valls que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un punto de referencia en el Camp de Tarragona. Actualmente, la escuela cuenta con 60 alumnos en los cursos regulares. «No hay un perfil de alumno concreto, hemos tenido desde niñas y niños de tres años hasta un estudiante de 60 que quería cumplir su sueño y aprender a usar un monociclo», dice Batet. La Circoteca ganó el Premi de Circ de Catalunya Zirkòlika a la Millor Iniciativa Circense el 2015 y también es la sede provincial de Pallassos sense Fronteres. Según los miembros de Passabarret, «es un lugar para gente que cree que no hay nada imposible».

Dejando a un lado la disciplina, la constancia y el espíritu de superación, Batet destaca que «el circo te enseña a creer en ti mismo». En 2010, la compañía diseñó una propuesta educativa bajo el nombre L’Escola va al circ, en caso de que los centros visiten su carpa para conocer y participar en actividades circenses, o El Circ va a l’Escola, cuando los artistas son los que se desplazan hasta las aulas para ofrecer talleres, charlas e incluso actuaciones. «Hace unos años, las escuelas de la demarcación que querían conocer el circo tenían que salir de la provincia», remarca la fundadora. «Prácticamente todas las escuelas que se inician en esta disciplina con nosotros repiten», se enorgullece. En 2017, más de dos mil alumnos de centros tarraconenses participarán en los talleres y espectáculos de la carpa de Cia. Passabarret.

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