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Los vecinos de Cala Romana piden un proyecto global de mejora del barrio

Han solicitado al Ayuntamiento de Tarragona que aproveche las obras de sustitución de las cañerías para soterrar los servicios

Núria Riu

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Vista general de una de las calles principales de Cala Romana.  FOTO: Pere Ferré

Vista general de una de las calles principales de Cala Romana. FOTO: Pere Ferré

Hace más de cuarenta años que la urbanización de Cala Romana fue recepcionada por parte de la administración local. Y, según sus vecinos, en este periodo «el Ayuntamiento a duras penas nos ha hecho caso». Es la denuncia que hace la nueva junta de la Associació de Veïns, presidida por Saül Garreta, que recientemente se reunía con el concejal de Territori y le transmitía la voluntad de impulsar un proyecto global de mejoras para el barrio.

Las necesidades pasan principalmente por una renovación del espacio público. «Hay muchas calles con las baldosas levantadas y el firme lleno de parches e irregularidades, con palos de madera para los servicios que convierten cualquier paseo en una carrera de obstáculos», argumentan. Entre los representantes de la nueva junta hay profesionales del ámbito técnico, que se han fijado en los déficits urbanísticos de esta zona residencial. Aseguran que hay viales que incumplen las «más mínimas» normas de accesibilidad y seguridad, establecidas en el código técnico y en el código de accesibilidad de Catalunya de obligado cumplimiento desde el año 1995.

Cala Romana recibirá en los próximos meses una de las inversiones más importantes que se han ejecutado en los últimos tiempos. Se trata de la sustitución de 6.522 metros de tuberías. 

Es un proyecto impulsado desde la Empresa Municipal d’Aigües de Tarragona SA (Ematsa) en el que se invertirá alrededor de un millón y medio de euros. La intervención debe servir para sustituir las piezas de uralita, un material prohibido desde los noventa por su elevada toxicidad, por otras de fundición. 

El proyecto ha pasado a ser «prioritario» por parte de la empresa pública de aguas, ya que quiere mejorarse el rendimiento de la red de distribución, que ahora es de entre el 60 y el 65%. Esto significa que las pérdidas de agua son constantes y que, por tanto, el abastecimiento es deficitario. Con las cañerías de fundición, el rendimiento podría llegar al 85%.

«Hemos pedido al Ayuntamiento que, ya que se abrirán todas las calles, se aproveche para soterrar los servicios o ensanchar las aceras en aquellas calles en las que son deficitarias», explica la nueva junta. 

Las obras ya deberían haberse iniciado. No obstante, en esta última reunión con el Ayuntamiento se informó de que los trabajos estaban previstos para el próximo mes de junio. A instancia de los vecinos, decidió que se esperaría hasta el mes de octubre, para evitar las molestias que pueden generar durante el verano, que es cuando más gente hay en el barrio.

«Entendemos que una cosa es Ematsa y la otra las mejoras que tiene que hacer el Ayuntamiento, pero lo más lógico es que se aprovechara para dejarlo todo bien», aseguran los vecinos. Estos apuntan que ha llegado el momento de «dignificar» la urbanización. En el año 2011, la anterior Associació de Veïns se reunió con el alcalde y marcaron una hoja de ruta, con un plan de inversiones. En aquellos momentos ya se solicitaba el soterramiento del cableado o el cierre del vial que enlaza con Boscos. «No nos han hecho nunca caso», explica una de las representantes de la nueva junta.

Una cuestión que genera especial sensibilidad es la seguridad viaria. Cala Romana hace tiempo que reivindica una semáforo en la antigua N-340 para regular el acceso a la urbanización. En este punto se han registrado varios accidentes con víctimas mortales. Sin ir más lejos, el último tenía lugar a finales del año pasado.

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