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Los vecinos de Campclar ignoran el legado de los Juegos del Mediterráneo en el barrio

Conviven con las obras a escasos metros y serán los principales beneficiados de este evento deportivo. Sin embargo, es un tema del que se habla poco 

Núria Riu

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Sandra, Mayvic, Zaira, Patricia y Adriana, de tertulia en uno de los bares de la rambla de Campclar. Foto: lluís milián

Sandra, Mayvic, Zaira, Patricia y Adriana, de tertulia en uno de los bares de la rambla de Campclar. Foto: lluís milián

A menos de un año para que arranquen los Juegos del Mediterráneo, las obras del Anillo encaran la recta definitiva. Esta semana se daba a conocer que el 2 de octubre reabrirá el complejo deportivo de Campclar tras ser remodelado, lo que dejará un legado en Ponent con equipamientos de primer orden. Ubicado en el barrio de Campclar, el Anillo es la joya de los Juegos. Ocupa unos terrenos que antes eran campos semiabandonados junto a la T-11, lo que hace que la mayoría de los vecinos vivan ajenos a lo que pasa en su interior. Si uno pasea por el barrio enseguida se da cuenta de que la mayoría de sus habitantes desconocen qué equipamientos hay en el interior de este recinto y cuál será su futuro tras este evento deportivo.

La Rambla de Campclar es el epicentro. A partir de las siete de la tarde empieza a llenarse de vida, con sus vecinos que aprovechan para tomar el fresco o una cervecita en uno de los bares. Francisco Sánchez es de estos últimos. No vive en el barrio, pero trabaja en él desde hace muchos años. «De los Juegos aquí no habla nadie. Es un barrio obrero, tenemos otras preocupaciones. Quizás el año pasado había cierto interés, pero cuando decidieron aplazarlos a 2018 ellos mismos le restaron importancia. ¿Y después, qué? Si no hay dinero pasará lo mismo que en la Expo de Sevilla».

Alex, Anatoli y Liliana Myerlich son optimistas con los Juegos. Foto: lluís milián

Alfonso Jiménez, Jiwan Kumar y Juanma Aranega están de tertulia después de la jornada de trabajo. Aseguran que las conversaciones giran en torno al empleo y al fútbol, y aunque ahora no hay competición, aún recuerdan los triunfos del Real Madrid. «Hablamos de si han avanzado o no las obras y de lo que se está haciendo, pero el problema es que, con el cambio de fechas, la gente se ha desilusionado», argumenta Jiménez. Sobre el después hay dudas. «Esperamos que dé un poco de vida al barrio, porque lo que es trabajo no ha dado, todas las empresas son de fuera. Nos preocupa más si viene Ikea y genera empleo para la gente de aquí», añade. 

La conversación se anima. «No tenemos información de las instalaciones. No nos han dicho lo que hay,  lo que sabemos nos llega a través de la prensa», dice Aranega. Por su parte,  Jiwan Kumar considera que el Anillo «dará una buena imagen. A ver si después se puede aprovechar». Y aquí entran nuevas dudas. «No sabemos para qué servirá esto, pero supongo que, para el mantenimiento,  habrá otra subida de impuestos».

Alfonso Jiménez, Jiwan Kumar y Juanma Aranega. Foto: lluís milián

Barrio de campeones

Aranega se muestra optimista. «Si hemos tenido a una campeona olímpica en el barrio con aquella pista, vete a saber con la mejora». Ya retirada, la atleta Natàlia Rodríguez sigue siendo la deportista ídolo de Campclar.

Aunque la pista en la que competirán los deportistas de los Juegos nada tendrá que ver con la que entrenó Natàlia Rodríguez. El ‘lifting’ que se ha hecho en esta instalación asciende a 2,5 millones de euros, lo que representa la tercera inversión más importante después del Palau d’Esports y la piscina Olímpica. 

El Anillo suma otros dos equipamientos: el complejo Campclar y el velódromo. Con todo, una inversión en mejora de las instalaciones de 21,5 millones a los que hay que sumar otros 12 millones para la urbanización.

La gestión de estos equipamientos y de la gran zona ajardinada con un lago sigue siendo un interrogante. «Esperamos que después esté abierto al público y podamos disfrutarlo, pero con la mala fama que tiene el barrio...», dice Marta. Una opinión que deriva en un intenso debate con su padre. Éste no confía mucho en lo que puede pasar. «Con toda seguridad del mundo, esto será como Sevilla. Habrá los Juegos y después ya vimos lo que pasó. Igual lo desmontan todo y se lo llevan», opina.

El recocampcrrido sigue a través de la Rambla. En otro de sus bancos están hablando Alex Mylerlich, con su hermano Anatoli y su esposa Liliana. Lleva más de once años en un barrio en el que su madre se instaló procedente de los Balcandes hace 16 años. «Estamos a favor. Tendremos más actividades. Esperamos que después las cuotas... Porque esto también será un nuevo gasto para el Ayuntamiento», argumenta Alex.

Alberto Hurtado opina que será bueno para los niños. Foto: lluís milián

Pero, ¿qué actividades podrán practicar? ¿Saben las instalaciones que se están construyendo? «No tenemos ni idea de lo que hay dentro. Realmente no lo sabemos», dice Anatoli.

Más interés por Ikea

En la terraza de uno de los bares, Sandra Valadez está con sus hijas, Zaira y Patricia. Siguen la evolución de las obras desde el balcón de casa. «Habrá una pista y una piscina, pero aquí la gente no irá. En el barrio no lo utilizará nadie», opina Zaida. Su madre considera que «la zona no es la adecuada. Aquí no hay turismo. Esto no es como Salou, Cambrils o Tarragona». 

En la mesa, en la que también están Adriana, Mayvic y Jordi, se genera una tertulia. «De esto no se habla. No estamos informados. De hecho, pensábamos que estaban haciendo un Ikea», añade Valádez.

La conversación sigue cuando detenemos un poco más arriba a  Alberto Hurtado. Tiene prisa, le esperan en el gimnasio. Opina que el proyecto del Anillo es un acierto. «Esto dará vida. Desde la Rambla no han hecho nada.Estamos dejados de la mano de Dios. En cambio, creo que para los niños será muy bueno, les dará ganas de hacer deporte. Esperamos que sea aprovechable y que no quieran sacar dinero porque esto es un barrio de trabajadores», concluye.

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