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Los vendedores ambulantes de Tarragona, contra las cuerdas

Piden al Procicat que les permita volver a parar durante los fines de semana y a los ayuntamientos una rebaja de la tasa de ocupación de la vía pública prolongada

Núria Riu

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El Procicat tan solo permite vender productos de alimentación durante el fin de semana. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

El Procicat tan solo permite vender productos de alimentación durante el fin de semana. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Las más de 400 familias en la provincia de Tarragona que viven de forma directa de la venta ambulante están en una situación límite. «Estamos casi muertos», afirma el presidente de los Marxants TGN, Juan Benítez. Durante el año pasado los profesionales que se dedican a la venta de ropa y complementos estuvieron más de cien días encerrados en casa a causa de las restricciones por la pandemia. De nuevo, el pasado 7 de enero el Procicat obligó a suspender esta actividad durante los fines de semana. «Estamos al aire libre y las autoridades sanitarias nos dicen que esto es seguro, por lo que no se entiende de ninguna forma. Si hay mercado de fruta y verdura la gente sigue yendo igual, por lo que no se entiende que a nosotros no nos dejen», argumenta Benítez.

El colectivo expone que está trabajando a un ritmo del 30%, mientras sigue pagando el 100% de las tasas, una situación «insostenible» en un contexto en el que afirman que las ventas se han desplomado alrededor del 60%. «La gente tiene miedo de venir al mercado. La clientela es de alto riesgo, porque hay personas mayores y encima hay que sumarle el cierre durante los fines de semana», indica Benítez, quien también forma parte de la Taula de Comerç de la Federació d’Associacions de Veïns de Tarragona (FAVT).

Los marchantes aseguran que las ventas han caído en más de un 60 por ciento

En la primera ola y hasta que no se recuperaran los mercadillos, la mayoría de los ayuntamientos decidieron suspender el cobro de tasas de cara a los paradistas. En el caso de Tarragona, Espimsa también hizo una rebaja del 50% en el último trimestre, unas medidas que los representantes del colectivo aseguran que son «insuficientes» y que deberían revisarse a nivel de todos los municipios de forma conjunta. «A los ayuntamientos la ocupación de vía pública no les cuesta nada. Si hay que pagar la basura, nosotros lo asumimos. En esto estamos de acuerdo, pero hace falta que se pongan las pilas, porque los mercados se mueren y lo que han hecho hasta ahora no son ayudas, sino que simplemente no se paga cuando no se trabaja, que es lo mínimo», sigue explicando Benítez.

El malestar fruto de los apuros económicos está empezando a hacer mella entre los marchantes. En los últimos meses ya ha bajado la afluencia de paradistas en la mayoría de los mercados, mientras algunos están sopesando cesar la actividad también han crecido los impagos. Y es que independientemente de los ingresos, las facturas siguen llegando.

La parte más importante de los gastos corresponde a la tasa que pagan a los ayuntamientos. Una parada de doce metros puede pagar unos 480 euros al mes para montar todos los martes y jueves en la Plaça Corsini, una cifra que aún es superior en el caso de algunos de los municipios próximos de la costa, como es el caso de Salou. «Es una barbaridad si lo comparamos con lo que pagan los bares por una terraza, por tener una sola mañana de venta», indica Benítez. A esto hay que sumarle los gastos de las furgonetas y la cuota de autónomos, entre otros.

Los representantes del colectivo están hablando con los ayuntamientos para esta revisión de las tasas. «No nos ayuda tener tres meses gratis o un año, sino que pedimos una rebaja para que podamos tener una progresiva recuperación de los comercios hasta que la situación económica mejore», sigue explicando el representante de Marxants TGN.

Se preparan protestas

Suenan tambores de movilizaciones durante las próximas semanas. La última vez que los marchantes salieron a la calle fue cuando se hizo el traslado del mercadillo de la Rambla Nova a Corsini. Ahora, no obstante, van a hacerse extensivas al conjunto de los municipios, ya que quieren obligar a todos los ayuntamientos a sentarse a negociar.

Especialmente complicada es la situación para los marchantes que trabajan en los municipios de la costa. Allí la actividad prácticamente depende del turismo, por lo que «el panorama es negativo no, lo otro», indica Javier Domingo. La Semana Santa representaba el pistoletazo de salida de una temporada básicamente estival, con pérdidas en los meses de invierno. Sin embargo, en este último año sin turistas este sector se ha hundido.

Domingo suma doce años trabajando como vendedor ambulante, cuando decidió dejar su anterior empleo para hacerse cargo del negocio de su suegro, que se jubiló. «Quería tener más tiempo para la familia y la posibilidad de tener las tardes me pareció bien», indica. Así es que siguió adelante con la venta de objetos de marroquinería. La anterior crisis económica ya dejó tocado el sector. Aunque lo peor ha llegado en los últimos meses. El tercer lunes de 2021, Domingo hizo en una mañana una caja de tres euros en Salou. «Cambrils o Torredembarra es lo mismo. Hay compañeros que no se estrenaron y que llegaron a casa sin poder comprar una barra de pan», lamenta este vendedor. En dos meses tan solo en tres de los 27 mercados a los que ha ido ha rozado los cien euros de facturación al día, mientras que el total de ingresos en los otros 24 no alcanza los 1.500 euros. Por el momento sigue tirando de ahorros, aunque no sabe hasta cuándo seguirá saliendo a trabajar con esta situación. «Algunos compañeros de toda la vida han cogido y han cesado la actividad, para irse a trabajar al sector privado», sigue explicando Domingo. Otros están tirando de la ayuda de los padres e incluso de los hijos para poder mantenerse. «Levantar de nuevo esto sin ningún tipo de ayuda no se puede. No queremos limosna, simplemente que nos dejen un trozo de calle para que podamos parar y lo que ensuciamos ya lo pagaremos», concluye.

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