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Malestar por las terrazas en Corsini los días de mercadillo

El Ayuntamiento ha dado luz verde a cinco bares de la plaza del Mercat y la calle Lleida para ocupar la vía pública. Los que se han quedado sin espacio presionan a Espimsa para reubicar paradas

Núria Riu

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Malestar entre los bares de la Plaça Corsini después de que el Ayuntamiento de Tarragona ha dado luz verde a la instalación de algunas terrazas en esta superficie en los días de mercadillo. En concreto, los beneficiados por esta medida son dos establecimientos que se encuentran ubicados en la fachada opuesta al Mercat Central, además de otros tres negocios ubicados en la calle Lleida. 

El decreto se firmó esta semana y ayer jueves las dos cafeterías de Corsini ya montaron sus mesas junto a las paradas de los marchantes. Tienen permiso para estar allí a partir de las 9 de la mañana hasta la 1 del mediodía y por las tardes, ya que su estancia no debe dificultar que puedan acceder a sus puestos los vendedores ambulantes con sus furgonetas. «Si el Ayuntamiento nos ha dicho que podíamos estar aquí es porque han considerado que había el espacio suficiente», argumenta Juan Miguel Marmol, de la cafetería Marmol. Este empresario considera que en estas tres semanas, desde que los marchantes volvieron a su antiguo emplazamiento, ha incrementado la afluencia de gente. Afirma que, después de los viernes y sábados, los martes y jueves son los días en los que atiende a más clientela, y que ahora, con la terraza, «ayudará a que haya más movimiento de gente», argumenta Marmol.

La medida, en cambio, no ha agradado a los propietarios de los bares de la plaza, ubicados en la calle Governador González. Cada martes y jueves por la mañana sacan las mesas, sillas y sombrillas a la calle para tener espacio suficiente para atender a los clientes. No obstante, no pueden montar su terraza, ya que enfrente tienen la entrada al párking, que deja una vía de paso insuficiente. Los afectados son los bares Piscolabis, Teclas, Joe y Sirvent. Ayer por la mañana se miraban con resignación la situación y pedían una solución. 

Rosa Rollán, del Piscolabis, solicitaba «reubicar las paradas y dejar un espacio libre». En un primer momento les informaron de que en los días de mercadillo no habría terrazas ni en Corsini ni en la calle Lleida. Pero la situación ha cambiado, por lo que estos restauradores aseguran que «se está produciendo una situación de agravio que no compartimos». Afirman que los martes y jueves por la mañana facturan un 70% menos lo que ha hecho que «estamos prescindiendo de personal». 

Jordi Queralt, Rosa Rollán y Daniel de Molina defienden que «con buena voluntad, hay posibilidad de solucionarlo». Para ello, ya se han puesto en contacto con la Empresa de Serveis i Promocions d’Iniciatives Municipals (Espimsa) para conseguir reubicar alguna parada y que les quede espacio para ocupar la vía pública. «Con la distribución que nos dio Espimsa, vimos que había el espacio suficiente para estas cinco terrazas y consideramos que entre que no hubiera ninguna o que sí, es mejor esto», defiende el concejal de Domini Públic del Ayuntamiento de Tarragona, Josep Acero. 

Actividades que conviven
El edil del Partido Popular (PP) defiende que «si nos dan una nueva distribución está claro que la vamos a estudiar, pero con la situación actual tenemos poco margen». Acero se muestra partidario de que los bares y cafeterías junto a la plaza puedan tener sus terrazas. «Es bonito que convivan, pero ahora mismo el mercado es lo que es y solo caben estas cinco», defiende.

El segundo punto que se ha visto afectado por la medida es la calle Lleida. Allí, las mesas siguen la hilera de las paradas, que aún no están en su ubicación definitiva ya que no se ha retirado la caseta de electricidad de Endesa, junto al edificio de Correos. En este punto se encuentra la parada del presidente de la Associació de Marxants de la Província de Tarragona, Josep Gómez, quien apunta que «de momento no hemos tenido ningún problema para entrar con las furgonetas». Pese a ello, alertaba del «caos» que puede producirse en los días de lluvia. Ayer, cuando el pronóstico ya avanza esta posibilidad, la situación ya fue anómala. «Faltan algunas paradas y otros han decidido dejar la furgoneta en la plaza, por si hay que recoger», defendía.

A escasos metros, Maria del Mar Simó e Israel Violero ayer servían los cafés con una sonrisa. Los propietarios de Tarraco Taverna afirman que estuvieron «muy preocupados» cuando les dijeron que en los días de mercadillo no podrían montar. «Para nosotros era fatal, porque el local es tan pequeño que si tenemos el mobiliario dentro no se puede entrar. No podíamos abrir», explica Simó. Tan solo podrán montar seis de las diez mesas y esta cifra ayer se vio reducida a la mitad, ya que un marchante se reubicó, porque había llegado más tarde y no pudo entrar. Pese a ello, esta restauradora defiende que «al menos está solucionado».

Mario Moscoso, del restaurante Els Sentits, no se veía afectado. Está en el número 8 de la calle Lleida, cuando la prohibición de terraza tan solo era para el 6 y 7. «Es una lástima que el mercadillo se ha comido a muchos locales y aún faltan cosas por arreglar, pero estoy convencido de que, con el tiempo, nos beneficiará a todos».

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