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Malos olores y averías suscitan dudas sobre los contenedores soterrados de Tarragona

El Ayuntamiento hará mejoras, pero no se plantea sustituirlos / La información completa en la edición impresa del Diari este sábado

Norián Muñoz

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Al lado de esta isla de contenedores de Santa Isabel se ha formado un improvisado vertedero

Al lado de esta isla de contenedores de Santa Isabel se ha formado un improvisado vertedero

«No conozco a ninguna asociación de vecinos que haya pedido tener contenedores soterrados. Al contrario, la mayoría están descontentos con su funcionamiento. Se quejan de malos olores, agua acumulada, atascos y hasta cucarachas en verano... Además, algunos están situados cerca de colegios y otros sitios que no eran los más adecuados». Así resume Antoni Peco, presidente de la Federació d’Associacions Veïnals de Tarragona, FAVT, algunas de las quejas ciudadanas sobre este sistema de recogida de basuras que se prometía ideal.

A raíz de las quejas, el grupo municipal de CIU (partido que se encontraba en el gobierno cuando se instalaron las primeras islas de contenedores soterrados) pidió la semana pasada que se cambiaran por los de superficie.

 

Más basura fuera

Con el fin de hacernos una idea de la situación realizamos un recorrido por 33 islas del centro y la periferia durante las mañanas del miércoles y el jueves.

Probablemente debido a la bajada de las temperaturas de los últimos días, apenas encontramos malos olores, la «queja estrella» de vecinos y dueños de comercios y terrazas. Eso sí, damos fe de que hace apenas una semana la situación era distinta.

De las 33 islas visitadas, 13 se encontraban en buen estado, razonablemente limpias y con todos los contenedores en funcionamiento. En otras 13 islas el problema era la basura fuera de los recipientes. Había desde cajas, algo frecuente, hasta restos de muebles, colchones e, incluso, un vertedero improvisado al lado de una isla. Todas las veces comprobamos que los contenedores funcionaban. Nos topamos en varias oportunidades con los servicios de limpieza que retiraban lo que estaba fuera de lugar.

En las siete islas restantes sí encontramos desperfectos de diferente índole y cuatro contenedores estaban inutilizados. En muchos casos la chapa que se asienta en la acera estaba rota o levantada, lo que permite la entrada de agua.

 

‘Piscinas’ putrefactas

Justamente el agua de lluvia es uno de los dolores de cabeza en el barrio de Sant Pere i Sant Pau, ya que en las zonas con pendiente el agua entra en el foso donde encajan los contenedores y se mezcla con los líquidos de la basura. También pudimos corroborarlo en el recorrido. Vinos cómo un operario retiró un contenedor y del mismo se desprendía un auténtico río de agua sucia calle abajo. Luis Trinidad Durán, presidente de la asociación de vecinos del barrio, se queja de que los agujeros se convierten en auténticas ‘piscinas’ y de que no hay ninguna canalización interior para desechar esas aguas.

En este punto, la concejal de Neteja Pública, Ivana Martínez, reconoce que se trata de un problema de fabricación y anuncia que en febrero se iniciarán obras para sellar las juntas y evitar que entre mucha cantidad de agua con las lluvias. Se comenzará, precisamente, por Sant Pere iSant Pau, pero se irá trabajando en el resto de la ciudad. El presupuesto para las obras es de 185.000 euros y la concejal está convencida de que con ello se va a solventar en un 90% el problema de los olores.

Un representante del comité de empresa de UGT apunta que, aunque los empleados trabajan «con el sistema que nos pongan», sí han comprobado que los contenedores soterrados dan muchos más problemas y son más difíciles de limpiar que los de superficie. De hecho, explica que la parte exterior de los contenedores sí se limpia, pero el foso donde van, no. Sólo se usa la chupona para extraer el agua cuando se acumula.

 

No se eliminarán

Martínez asegura que los soterrados no causan más problemas que los de superficie, por lo que «ni nos planteamos cambiarlos». Y recuerda que, además, se instalaron con fondos europeos. «Sería un coste inimaginable», asegura. No obstante, aclara que tampoco está previsto instalar más.

Valga como referencia que en 2006 se anunciaba que 95 islas tendrían un coste de 7,1 millones de euros, de los cuales el 80% se financiaría con la subvención de los fondos de cohesión de la Unión Europea. Se trata de 74.736 euros por isla. Si se toma como referencia este dato, la inversión total hasta ahora rondaría los 18,4 millones.

Por su parte la concejal de CIU Cristina Guzmán cree que es el momento de replantearse el modelo. «Todos pensábamos que era lo mejor, pero si el tiempo ha demostrado que nos equivocamos es el momento de reconocerlo y de buscar una solución», dice.

Guzmán asegura que es consciente del elevado coste que implicaría dejar en desuso los soterrados, pero considera que la sustitución podría hacerse por fases y no sustituyendo los que se averían. Alude, además, que este sistema es más costoso de mantener y es prácticamente imposible de limpiar. Cita, además, problemas de seguridad: «Si se cae un niño allí, ¿cómo lo sacamos?... Un día nos tocará lamentar una desgracia», argumenta.

Pero en lo que coinciden las dos representantes políticas es en la falta de concienciación ciudadana sobre la necesidad de dejar los desperdicios en su sitio. Un trabajador corrobora que hay un efecto llamada, «si alguien deja una bolsa fuera, el que viene detrás ya ni se molesta en levantar la tapa», asegura.

 

Sin ‘chips’ inteligentes

Respecto a la colocación de ‘chips’ que anunciarían cuándo los contenedores están llenos y que se prometió que comenzarían a funcionar a principios de este año, la concejal reconoce que el proyecto estuvo paralizado pero asegura que se retomará.

En lo que se refiere al tamaño de las ‘bocas’ de los contenedores, Martínez explica que se decidió reducir su tamaño « siempre siguiendo la normativa» porque se encontraban con muchos desperdicios que estaban mal separados, es decir, iban a parar a un contenedor que no les correspondía, lo que incrementaba el coste del reciclaje en las plantas. Con las nuevas bocas, reconoce, se recoge menos basura, «pero de mejor calidad».

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