Marcel Aragonès, música para los ojos

El artista de Mont-roig del Camp pinta «el mundo» con trazos mironianos y una caligrafía con aire árabe y oriental

Gloria Aznar

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Marcel Aragonès, en su estudio en L'Hospitalet de l'Infant. Foto: Pere Ferré

Marcel Aragonès, en su estudio en L'Hospitalet de l'Infant. Foto: Pere Ferré

«El arte tiene que nutrir e iluminar nuestros espacios y vidas. No quiero que mi obra sea triste, aburrida o depresiva. Por ello mis cuadros tienen mucho color, formas, marcas energéticas y apasionadas como elementos centrales. Veo mis pinturas como música para los ojos». De esta manera describe Marcel Aragonès su creación artística, con la que cautiva a ciudadanos de Europa, Estados Unidos y Oriente Medio.

Pinceladas y trazos mironianos presiden su obra. Lienzos que evocan al genio barcelonés. «Soy de Mont-roig por lo que el estilo mironiano está prácticamente implícito. Es uno de mis artistas preferidos», cuenta Aragonès. De hecho, explica que tuvo la suerte de conocer a Miró cuando tenía once años. «Recuerdo muy bien que le dije que quería ser artista, a lo que él contestó que pintara y dibujara cada día, que no dejara de hacerlo». Y Marcel lo cumplió. No obstante, entre sus otros referentes figuran Keith Haring, Jackson Pollock o Brice Marden. Así como su predilección por las caligrafías china, japonesa y árabe, muy presentes también en sus dibujos.

El artista de Mont-roig explica que conoció a Joan Miró siendo un niño, quien le animó a no dejar de pintar ni un solo día.


Marcel comenta que siempre ha pintado, desde pequeño, de la misma manera que siempre ha estudiado Historia del arte, su «gran pasión». Autodidacta, prefiere seguir su inspiración a las orientaciones de un profesor, ya que defiende que justamente lo que caracteriza a un artista es la experimentación, encontrar su camino y expresarse libremente, sin condicionantes de ningún tipo. Gusta de repetir que su formación es «a base de práctica, de ensuciar mucho papel y de ensuciarme yo».

Marcel es un pintor de estudio. Paciencia, horas sin tiempo y un silencio en ocasiones solo roto por la cadencia musical. «Acostumbro a trabajar con grandes formatos y con materiales muy diversos. Para mí sería complicado plantarme en una plaza con un caballete y pintar lo que veo, y además, tampoco es lo que me gusta hacer», dice. Pero rápidamente reconoce que ha recibido cierta influencia del grafiti y de lo que llaman Street Art. «El arte nació en las paredes y las cuevas, no lo podemos olvidar».

Pasa el tiempo entre estuches de pintura y pinceles, pero como buen comunicador, conectado al mundo. Ha sido precisamente Instagram (@marcel.aragones) la vía desde donde ha saltado de su estudio, sito en L’Hospitalet de l’Infant, al mundo. Así, ha expuesto en galerías y ferias de arte de París, Lille, Riad, en Arabia Saudí y ha abierto mercado en Bruselas. Sin embargo, donde más vende es en Estados Unidos. Allí precisamente tenía que haber viajado este año, a San Francisco, para pintar un mural en unas oficinas. Además de California tiene pendiente trabajar en Canadá, México y Dubai, así como volver a Riad. Pero es paciente ya que como sostiene «he pospuesto proyectos muy interesantes que seguro que volverán y los recuperaré. Pero desgraciadamente, la Covid ha afectado a la salud de muchas familias y esto es lo más importante».

Exposición en Riad. Foto: cedida

Arabia Saudí
Es en los países árabes donde Aragonès ha vivido la diferencia cultural más grande. En Riad expuso durante un mes en Mono Gallery, «una de las galerías más importantes del país». El pintor de Mont-roig relata que se interesaron por sus cuadros tras verlos en la red social. De aquel país se queda con su gente, «con la educación y el respeto que te muestran, su amabilidad y hospitalidad». Destaca, asimismo, la enormidad del territorio, «con un 95 por ciento de desierto». Como conocedor de la realidad saudita revela que «es realmente bonito y ahora se está empezando a abrir. Están trabajando en un horizonte de 2030 para diversificar la economía, potenciar el turismo para no depender únicamente del petróleo».

Justamente una de sus anécdotas tiene que ver con sus grafismos tan característicos, ya que tienen cierta similitud con la escritura árabe u oriental. «Tengo que ir con cuidado», dice y añade que procura «que no tengan ningún significado negativo para ellos. Por lo que a veces recurro a algún asesor lingüístico y cultural que conozca bien su manera de pensar, leer y escribir». Pero, ¿qué quiere decir esta caligrafía que plasma en los lienzos? «Lo que hago me gusta estéticamente, pero no quiere decir nada», responde.


Es «arte para decorar vidas», como lo define. Marcel apunta que ni da largas conferencias filosóficas sobre sus cuadros ni pretende arreglar los problemas del mundo o reflexionar sobre la filosofía humana. Simplemente arte «porque el mundo es cada vez más oscuro. Cuando no hay una guerra, hay una pandemia, como la que tenemos ahora. Necesitamos un poco de color, pintarlo». Para llegar al corazón de sus seguidores, trabaja con técnicas mixtas que, como manifiesta, «es una manera elegante y moderna de decir mezclarlo todo. Utilizo mucho tintas, acrílicos, acuarelas y todo tipo de pinceles y brochas». Algunos incluso se los elabora él mismo con pequeñas ramas de árbol, lo que, asegura, le permite «dar un trazo diferente e irregular a las pinceladas».

¿Su inspiración? «Picasso decía que la inspiración existe, pero que te tiene que encontrar trabajando. Y realmente es así. No creo demasiado en estar paseando por la playa, por ejemplo, y que de golpe te llegue. Hay que trabajar, pintar mucho y mientras lo estás haciendo, aparece. De repente descubres que aquello funciona». Trabajo y música. Porque su otra compañera de viaje es la guitarra. «En el estudio siempre tengo alguna. Si no pinto, compongo. Un vínculo que a mí me va muy bien», concluye. 

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