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María: 'El secreto es, como decía mi marido, poco plato y mucho zapato'

Tiene ya 102 años y hasta hace poco le bastaba caminar con bastón. Ahora usa caminador

Xavier Fernández

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María Rico y Elisa Rodríguez, en la residencia Nostrallar de ElsPallaresos. Foto: Lluís Milián

María Rico y Elisa Rodríguez, en la residencia Nostrallar de ElsPallaresos. Foto: Lluís Milián

Elisa Rodríguez está a punto de entrar en el club de los centenarios –nació en Cádiz el 5 de marzo de 1916–. Su amiga y ‘vecina’ María Rico –ambas viven en la residencia Nostrallar, de Els Pallaresos– ha superado ya ampliamente el siglo de vida: vino al mundo el 27 de junio de 1914. Ninguna de las dos aparenta la edad que tiene. Sufren algunos achaques y les cuesta un poco moverse pero tienen la mente clara y una lucidez que les permite desvelar el ‘secreto’ de su longevidad.

«Ahora necesito el caminador para andar. Hasta hace poco me bastaba el bastón –lamenta María–. ¿Cómo he llegado a más de 100 años? Como decía mi marido: poco plato y mucho zapato». Rico alude a una comida frugal y sana y a una vida activa centrada en el trabajo. Elisa apunta su particular receta: «Vivir con tranquilidad, sin envidiar a nadie ni hacer daño».

María recuerda que el día de su 100 cumpleaños «sentí una gran emoción. Lo celebramos en un restaurante. Vinieron familiares que no había visto desde hacía tiempo». María, que nació en Valdefuentes (Cáceres) y llegó a Tarragona con tres años de edad, tiene dos hijas, dos nietos y tres bisnietos, dos de los cuales son gemelos.

Sin tele ni móvil

Elisa se muestra ilusionada por llegar a la centena, pero al mismo tiempo asegura que «lo vivo con normalidad. Ahora ya no tienes ilusión por muchas cosas. Pierdes el oído, la vista...». Tiene dos hijos, cuatro nietos y cinco bisnietos.

Han vivido dos guerras mundiales y una Guerra Civil. Han visto en la jefatura del Estado a tres reyes (Alfonso XIII, Juan Carlos I y Felipe VI), dos presidentes republicanos (Niceto Alcalá-Zamora y Manuel Azaña) y al dictador Francisco Franco. Han asistido al nacimiento de inventos –que ahora parecen tan normales–como la televisión o el telé-fono móvil. Y han contem-plado el desarrollo urbanístico de Tarragona: ambas aún guardan en la retina las imágenes de una ciudad mucho más pequeña y que, como rememora María, «se acababa en la Plaça Imperial Tarraco ya que más allá todo eran huertos y campo».

Ninguna de las dos quiere hablar de política, aunque los recuerdos de la Guerra Civil asoman amargos en la conversación. Su memoria se centra, sobre todo, en su familia. «Mi mejor recuerdo es la vida de casada –responde segura Elisa–. Fue una vida muy feliz. Y cuando nacieron mis hijos y nietos». «Mi recuerdo más agradable también es el nacimiento de mis hijos», apunta María.

¿Qué aconsejarían a los jóvenes? Responden con voz pausada pero firme, la que da su amplísima experiencia vital. «Que se quieran un poco más. Que antes de ponerse a vivir juntos estén un tiempo conociéndose para que luego no se separen enseguida», dice Elisa. «Les daría tantos consejos... Que tengan educación y respeto», afirma María antes de concluir contundente: «Que sean personas, que ahí está incluido todo».

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