Marta Lewko: «Los mejores músicos han tocado en la calle»

Entrevista. La profesora y música, tarraconense de adopción, defiende la vía pública como un gran escenario abierto a todo el público. Junto a Lyubomira Stoycheva y María González forman Ellas Music Band

GLORIA AZNAR

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La música y profesora Marta Lewko, en la plaça dels Carros. FOTO: Fabián Acidres

La música y profesora Marta Lewko, en la plaça dels Carros. FOTO: Fabián Acidres

Marta Lewko es profesora de inglés en un instituto de Secundaria, y también artista. Tarraconense de adopción, nació en Gdansk (Polonia), donde durante su adolescencia aprendió música de forma autodidacta. Apasionada del mundo hispánico, primero viajó a México, para después recalar en la Universitat Rovira i Virgili (URV), en un Erasmus de Filología Hispánica. Ya no se marchó. El destino quiso que se encontrara con Lyubomira Stoycheva y María González, con las que formó Ellas Music Band. Tres mujeres, tres culturas y el mensaje de que el entendimiento es posible con el lenguaje musical.

¿Viene de tradición familiar?

En nuestra familia, en general, todos tocaban algún instrumento que otro. Pero mi hermano y yo nunca tuvimos formación musical reglada, sino que de manera autodidacta, desde los 12 o 13 años, empezamos a tocar, mi hermano el bajo y yo la guitarra. Formamos una banda de rock, heavy metal y mis padres siempre nos apoyaron. Pero mi trayectoria es un poco extraña. Después del Bachillerato me fui un a México y durante mis primeros años en Tarragona perdí la conexión con la música.

¿Por qué?

Es una lástima, pero tenía la sensación de que todos los músicos con los que conectaba se marchaban. No llegué nunca a tener un núcleo como el que tengo ahora. Como consecuencia, dejé aparcada la guitarra, sacándola solo en ocasiones especiales.

¿Cómo la retomó?

Fue casi una casualidad. Dejé de trabajar en La Salle, de repente tuve más tiempo libre y volví un poco a las raíces. Es una oportunidad que aparece en la vida, en la que reconectas con lo que realmente es tu esencia. Empecé a asistir a alguna Jam Session, en la plaça del Pallol y también en el Stone, uno de los pocos bares que resisten con la música en vivo. Buscando estos ambientes me topé con Lyuba, una violinista muy conocida aquí.

Por ser multada por tocar el violín en la vía pública...

Sí. Lyuba es responsable de que ahora esté todo reglado. Ella toca sin amplificar y yo conozco gente que le agradece que sus hijos se hayan puesto a estudiar violín porque la escucharon durante años en la misma calle.

¿Cómo es tocar en la calle?

Quizás no sea la persona más adecuada para responder. Yo he tocado en varios sitios en la calle, pero no soy la música de calle por excelencia. De hecho, ahora gracias a las chicas estoy adentrándome en este mundo, sin prejuicios, porque cuesta un poco. Sobre todo aquí en Tarragona hay mucha connotación negativa. Los músicos callejeros se ven como mendigos, pero eso lo piensa gente que no ha vivido nunca en una ciudad más grande o no ha viajado mucho, no ha visto que los mejores músicos también han tocado en la calle. Aquí reconozco que en algunos momentos me ha dado una sensación de vergüenza. También porque conozco a músicos de Tarragona de toda la vida y les veo esta actitud, les cuesta romper. Tocar en la calle es algo muy digno. Todos los músicos que lo han hecho reconocen que es una experiencia increíble.

Habla de vergüenza.

Es una vergüenza extraña porque se te mete en la cabeza la sensación de que estás pidiendo dinero, aunque no es así. Tú estás tocando y tienes que abrirte y dejar que la gente también haga lo que le dé la gana. Si alguien te echa una moneda porque le das pena, da igual, porque hay muchas otras personas que se quedan escuchando y lo agradecen. Si te dan algo es porque realmente les has llegado al corazón. Hay diferentes públicos dependiendo de los escenarios. Puedes tocar en un bar cuando la gente está cenando o en un lugar donde se ha pagado una entrada para escucharte. Pero la calle tiene este punto especial porque la gente que pasa, se lo encuentra por sorpresa y decide si pararse o no.

¿En qué ciudades ha tocado en la calle?

Con las chicas, siempre que hacemos una gira. En Budapest, Estambul. Hemos tocado mucho por Bulgaria donde hicimos dos giras. Una de ellas bastante potente y son lugares donde hay más tradición. La gente te mira de otra manera. Porque aquí a veces la mirada es como si te estuvieran juzgando. Pero no me he ganado la vida nunca tocando en la calle.

No parece fácil.

Es un trabajo. Gracias a Lyuba y a toda esta movida de la multa, el Ayuntamiento se abrió a negociar y se empezó todo un procedimiento de hacerlo más controlado. Hay un gráfico, una persona responsable en el Ayuntamiento, así como los puntos de los permiso y horarios. Entonces, los músicos se organizan en un grupo y piden hora. Funciona muy bien, sin jefe ni nada parecido. En el grupo de WhatsApp hay unos treinta participantes. Todos tocan y algunos lo hacen a diario. Y hay quien ha pasado por grandes escenarios.

¿Hay algún escenario que le haya impresionado más?

Pues es curioso, pero tocar online, como durante el confinamiento. Estás ahí sola, delante de la cámara, no tienes el feedback del público aunque sí ves las personas que están conectadas y que te animan. Es extraño porque en casa es complicado tener la calidad de sonido, pero la gente igualmente disfruta, lo aprecia y te apoya. Tuvimos muchos inputs positivos durante el @aislamente festival.

Fue de las primeras en organizar un evento así en Instagram. ¿Cómo surgió la idea?

Pensé en reunir a todo tipo de músicos y estilos. Lo organicé muy rápido junto con Cinta Olivan, quien me ayudó con la parte gráfica. Con Lyuba empezamos a contactar con artistas y de repente se hizo muy grande, por lo que pude llenar un cartel con ocho conciertos diarios, en dos sesiones, por la mañana tipo vermut y por la tarde-noche, hasta las 21 horas.

Hábleme de su música. Porque usted es polaca, Lyuba, búlgara y María, argentina.

Tocamos mucha música balcánica, nos encanta, especialmente a María. Ella es guitarrista, armonicista y cantante y siempre ha tocado blues. Yo nunca he visto a una mujer que tocara la armónica como ella. Y hemos introducido este instrumento en el sonido balcánico. Después, Lyuba con el violín toca de todo, clásico, rock, blues, folck... Así es que como banda tenemos un repertorio increíble. También nos gusta la música celta y cantamos en todos los idiomas, en inglés, gallego, rumano, búlgaro, algunas canciones gitanas o rumba flamenco. Somos tres, pero sonamos como una banda de cinco.

Una banda de mujeres.

En cierta manera también reivindicamos el papel de la mujer en la música porque es un mundo bastante machista. Hay muchos grupos en los que todos son músicos y una cantante, pero muy pocas bandas donde realmente tocan las chicas. Y nosotras demostramos que podemos ser todas mujeres y controlarlo todo. Somos independientes y autosuficientes, aunque no hacemos de ello una bandera. Ha surgido de manera natural. De ahí el nombre. Pero también colaboramos con otros músicos, como por ejemplo con Georgy Olshanetsky y Luis Chacón.

También son un ejemplo de que la música une culturas.

Es un poco nuestro lema. Es como si la música fuera el puente entre culturas. Es un idioma universal, te entiendes aunque no hables la misma lengua, aunque seas de un país absolutamente distinto, tocando te entenderás.

¿Se queda con algún rincón de Tarragona?

¿Para tocar?

Por ejemplo.

Me encanta la Part Alta.

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