Marta Román: «Hemos tenido a los niños preconfinados»

Entrevista a la geógrafa. ¿Por qué una generación que ha ido andando sola a la escuela ni se plantea que lo hagan sus hijos? Esta geógrafa cree que es urgente revertirlo

NORIÁN MUÑOZ

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Marta Román ayer en la sede de la Guàrdia Urbana donde tuvo lugar la formación.  FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Marta Román ayer en la sede de la Guàrdia Urbana donde tuvo lugar la formación. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Marta Román es geógrafa y miembro de la consultora Gea 21. Estos días ha estado en Tarragona ofreciendo talleres a las asociaciones de padres y a los técnicos municipales que están trabajando en la implementación de los caminos escolares en la ciudad.

¿Por qué en una ciudad de las dimensiones de Tarragona hay tantos padres, muchos de ellos en coche, llevando a los niños hasta la puerta de la escuela?

Lo que pasa en Tarragona está pasando en muchas ciudades y hasta en pueblos pequeños. Es un cambio del papel de la infancia en la ciudad. Ha habido un cambio demográfico; los niños se han convertido en algo muy escaso y tienen más valor social. No permitimos que corran ningún riesgo que los adultos podamos evitar y eso ha llevado a un proceso de privatización de la infancia.

¿A qué se refiere?

Un niño solo es visto como una anomalía y eso es algo que no debe ser...Tenemos que desmontar por un lado lo que es más físico, conseguir que la ciudad recupere la vida en las calles y, por otro, desmontar una maternidad y paternidad intensivas frente a lo que antes era una crianza comunitaria, un acompañamiento ciudadano de los niños.

¿Hay ejemplos de ciudades que han avanzado?

Tenemos el ejemplo de Pontevedra que lleva mucho tiempo apostando y los niños han ganado autonomía; también el de algunos municipios del País Vasco y en ciertos barrios de grandes ciudades... Pero no es sencillo, es un proceso que implica mucho personalmente.

¿Qué necesita una ciudad para empezar ese camino?

Primero tener muy claro que nos jugamos mucho. El bienestar infantil está relacionado con la capacidad de tener un tiempo propio y una espacio conocido. Hemos tenido a los niños preconfinados antes del confinamiento y hemos visto las secuelas que deja la privación de espacio. Ya con esa experiencia deberíamos entender que es urgente que los niños vuelvan a tener relaciones con sus iguales en un espacio próximo, tener relaciones ajenas a la familia, correr riesgos... Son cosas que suenan complejas pero son absolutamente necesarias.

¿Qué ganarían los niños si pueden ir solos a la escuela?

Ganarían autonomía, pero, sobre todo, tener una ciudad, un espacio para jugar... Además podrían desarrollar habilidades espaciales, ahora mismo tenemos niños perdidos que no saben unir dos puntos de su ciudad porque les traes y les llevas como paquetes. También ganarían en responsabilidad y en saber que forman parte de la comunidad porque conocen a la vecina, al comerciantede su calle...

Y también educan para una movilidad sostenible

Los caminos escolares son educativos sobre todo para los adultos, que son los que tienen que aprender. La familias tienen que aprender a organizarse de otra manera, las ciudades tienen que aceptar a los niños, el ayuntamiento tiene que aprender a gestionar lo público de otra forma. Basta ya de que los niños aprendan, tenemos que dejar que experimenten, que jueguen y tenemos que crear las condiciones para ello.

¿Se necesita mucha inversión?

Es, sobre todo, una inversión mental. Viendo lo que he recorrido esta ciudad es perfectamente apta. No estamos en una ciudad minada ni en guerra; hay unas buenas condiciones de caminabilidad, buen clima, buenas redes sociales de apoyo...Igual hay que mejorar algún cruce, o mejorar los entornos escolares o no dejar que los padres aparquen en la puerta. Hay que hacer guiños para que comencemos a pensar que los niños tienen derecho a usar la ciudad. No se traduce necesariamente en una gran inversión.

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