Tarragona Servicios penitenciarios

Mas Enric es la única cárcel catalana que no permite bodas en sus instalaciones

Los internos deben desplazarse hasta el Ayuntamiento de El Catllar, donde el juez de paz oficia la ceremonia. La Generalitat trabaja para revertir la situación

CARLA POMEROL

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Imagen de archivo de las instalaciones de la centro penitenciario de Mas Enric, en El Catllar. FOTO: PERE FERRÉ

Imagen de archivo de las instalaciones de la centro penitenciario de Mas Enric, en El Catllar. FOTO: PERE FERRÉ

La prisión de Mas Enric de El Catllar es la única en toda Catalunya que no permite que sus internos se casen dentro de las instalaciones penitenciarias. Quien quiera contraer matrimonio durante su estancia en la cárcel de Tarragona debe solicitarlo al juez de paz del municipio de El Catllar. La ceremonia se lleva a cabo en el Ayuntamiento y dura entre cinco y diez minutos. Fuentes de la Generalitat aseguran que esta situación tiene fecha de caducidad y el Departament de Justícia ya trabaja para que Mas Enric pueda acoger bodas.

Esta particularidad tiene su explicación. La cárcel de El Catllar entró en funcionamiento en noviembre de 2015. Antes, el equipamiento estaba ubicado en la avenida República Argentina, a escasos 150 metros de la zona judicial. «Era muy cómodo desplazar a los internos hasta los juzgados o hasta el registro civil, por su proximidad», explican fuentes de la Generalitat, quienes añaden que la dinámica se mantuvo una vez trasladados a Mas Enric. En este caso, el protocolo a seguir es distinto. Los presos que desean casarse deben solicitarlo directamente al juez de paz, encargado de conducir la ceremonia y de pedir la salida judicial del preso. El día de la boda, una comitiva policial acompaña al interno hasta el Ayuntamiento de El Catllar. Al terminar, vuelve a ingresar a la cárcel.

Josep Maria Miquel es el juez de paz de El Catllar. «Cuando los presos se trasladaron hasta Mas Enric, desde el municipio nos ofrecimos para ir a la cárcel a casarles. Nos parecía más fácil desplazarnos nosotros que se tuvieran que desplazar ellos», explica Miquel, quien añade que «nos dijeron que no estaba permitido». El juez de paz explica que la ceremonia dura entre cinco y diez minutos y que «lo único especial es que la pareja va custodiada por los Mossos d’Esquadra. Por el resto es igual que cualquier matrimonio». Miquel explica que ha casado «dos o tres internos, y hemos iniciado los trámites de algunos más». En caso de ceremonia religiosa, los responsables de cada confesión organizan el acto.

En la mayoría de prisiones catalanas, los novios disponen de una sala para celebrar el convite y de unas horas extras de vis a vis para disfrutar de la noche de bodas. «Los procesos son muy similares en todos los centros. Solo varía el espacio, dependiendo de las características de cada prisión», explican fuentes de la Generalitat. El Departament de Justícia trabaja para que la cárcel de Mas Enric pueda llevar a cabo las ceremonias civiles de boda lo más pronto posible. Por el momento, no ponen fecha. «Queremos dejar claro que no es que no se puedan casar, sino que no lo pueden hacer dentro del equipamiento», quieren dejar claro desde la Generalitat.

Según el reglamento penitenciario, no está permitido el consumo de bebidas alcohólicas durante la celebración ni fumar en espacios cerrados. Tampoco se pueden entrar cámaras fotográficas de un solo uso, aunque sí una cámara digital. La normativa prevé un número concreto de invitados por boda, aunque los centros son bastante flexibles, «teniendo siempre en cuenta la situación familiar de los contrayentes», explican fuentes penitenciarias.

La pandemia paró las bodas

En los últimos dos años no se ha casado ningún interno de la cárcel de Mas Enric. Ni en 2019 ni en lo que llevamos de 2020. Y es que, desde que llegó la pandemia, las bodas quedaron totalmente prohibidas en los centros penitenciarios de Catalunya. Por el momento, se desconoce cuando volverá a reanudarse la actividad.

Uno de los últimos enlaces dentro de prisión fue el de Jenni y Manu, el pasado 10 de marzo, justo antes de la llegada de la Covid-19, en el Centre Penitenciari de Quatre Camins. Como invitados solo fueron los familiares más cercanos –unos catorce–, quienes tuvieron que dejar el móvil en la entrada. Los novios se gastaron 200 euros para el convite. Toda la comida tenía que ser comprada dentro de las instalaciones de la cárcel. Ni cava, ni puros, ni vino. Al acabar la fiesta, el matrimonio pudo disfrutar de un vis a vis de cinco horas.

El año pasado, en toda Catalunya se casaron ocho parejas dentro de la cárcel, solo una fue de carácter religioso. En lo que llevamos de 2020, se han celebrado cinco enlaces, ninguno de ellos religioso. Hace dos años que nadie se casa en Mas Enric, como tampoco en las cárceles de Puig de les Basses y en Wad-Ras.

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