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Más de 3.500 ciclistas toman la calle

Cuando está a punto de cumplir su trigésimo aniversario, la Bicicletada Popular es todo un clásico del calendario

Núria Riu

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La salida de la Bicicletada Popular junto a la Tabacalera.  Foto: Pere Ferré

La salida de la Bicicletada Popular junto a la Tabacalera. Foto: Pere Ferré

Algo pasa en Tarragona cuando un domingo a las 9.45 horas de la mañana prácticamente no hay coches en las calles y por todas partes aparecen grupos y más grupos de bicicletas. Los pelotones eran más numerosos a medida que uno se acercaba a la Tabacalera. Y es que ayer era día de Bicicletada Popular, un evento que, después de 28 ediciones, ya forma parte de los clásicos del programa de actividades anual de la ciudad.

Minutos antes de la salida, los más precabidos calentaban para evitar cualquier disgusto durante el recorrido. El espectáculo era variopinto. Los que aprovechaban para sacarse una selfie bien equipados con el casco y la camiseta a juego, las familias que ya se peleaban antes de salir y los que al levantarse se les pasó las ganas y decidieron dar plantón a los amigos. «Júlia me ha llamado y ha dicho que tiene pinchazo, que no va a venir», decía a sus amigas una joven adolescente. El speaker recordaba a los asistentes que era una prueba para pasarlo bien, en la que los asistentes debían aparcar  la competición.

En la primera fila de la salida el director del site Tarragona Basf, Rodrigo Cannaval, con el director del complejo industrial de Repsol en Tarragona, Josep Font. A su lado, en esta ocasión, ningún político, aunque había algún concejal como el portavoz del PDeCAT, Dídac Nadal.  

Pasaban escasos minutos de las diez cuando el presidente del Club Ciclista de Campclar, Diego Boss, iniciaba la cuenta atrás desde el vehículo de asistencia y el concejal del Partido Popular José Luis Martín daba el pistoletazo de salida. Una enorme masa de bicis y más bicis empezó a avanzar sigilosamente desde la Avinguda Cardenal Vidal i Barraquer. Las había de montaña y de esas de ciudad que están de moda, con ruedecitas, sin pedales, tándems, tirando carritos infantiles. Los que no tenían bici y que iban con el patinete o en patines. En total había más de 3.500 participantes.  

«Nosotros esperamos a que acaben de pasar todos y después ya arrancaremos», le decía Maria Elena Cruz a su hija de cuatro años, que ayer se estrenaba y se movía toda nerviosa ante semejante espectáculo. Y, cuando ya habían salido todos, llegó Tarracus, que había sufrido dificultades para avanzar ante el tropel que se había encontrado por el camino. 

Los mayores ya habían empezado el recorrido de 17 kilómetros cuando, unos minutos más tarde, se daba la salida a la segunda prueba, la de 2,4 kilómetros. En este caso ya con la mascota de los Juegos Mediterráneos a primera fila, que tímidamente se movía al ritmo de la música. Escasos minutos tardaron algunos de los asistentes de este recorrido corto en completar el circuito.Y es que, a pesar de que se trata de una prueba para ir a disfrutar con tranquilidad, el espíritu competitivo ya sale desde pequeño. 

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