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Más de 79.000 personas viven solas en Tarragona

El porcentaje se eleva al 57% si se añaden las viviendas con una pareja o una familia monoparental. La consecuencia: los promotores construyen pisos de igual tamaño pero con menos habitaciones

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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Cada vez vive más gente sola o en pareja sin hijos en Tarragona. FOTO: Pere Ferré/DT

Cada vez vive más gente sola o en pareja sin hijos en Tarragona. FOTO: Pere Ferré/DT

Las viviendas al estilo de la serie ‘Cuéntame’ en que residían la abuela o el abuelo (o los dos), los hijos y los nietos han pasado a la historia. Los cambios sociales han provocado que, según los datos del estudio ‘Projeccions de Llars 2016-2036’ del Idescat (Institut d’Estadística de Catalunya), uno de cada cuatro hogares de la demarcación de Tarragona (exactamente el 24,72%) esté habitado por una sola persona y en un 32,19% vivan dos personas, fundamentalmente parejas y familias monomarentales. Es decir, en casi el 60% de las viviendas residen una o dos personas.
Si trasladamos esos porcentajes a cifras absolutas, se observa que en el Camp de Tarragona (las comarcas del Alt Camp, Baix Camp, Baix Penedès, Conca de Barberà, Priorat y Tarragonès) hay 62.387 hogares con un/a solo/a residente. En el caso de las Terres de l’Ebre (Baix Ebre, Montsià, Ribera d’Ebre y Terra Alta), la cifra es de 16.224. Por tanto, en el conjunto de la demarcación hay 79.061 personas que viven solas, lo que supone un 9,94% de los 794.969 habitantes de Tarragona.

¿Por qué los hogares son cada vez más pequeños en número de habitantes? El sociólogo Francesc Valls, técnico de la Càtedra d’Inclusió Social de la URV apunta dos grandes motivos. El primero es la mayor esperanza de vida. Las personas mayores viven más tiempo y lo hacen, en muchas ocasiones, en soledad ya sea por elección propia, porque los familiares no pueden (o no quieren) acogerles en sus domicilios, porque no tienen familia o porque los abuelos y abuelas no cuentan con medios para pagar una residencia. Gran parte de las personas que viven solas son de avanzada edad, aunque también hay de mediana edad, sobre todo hombres solteros o divorciados, en la franja de edad entre los 30 y 55 años, señala el sociólogo de la URV.
El 40,8% de las mujeres de 80 o más años de edad viven solas, cuantifica Valls. Se han quedado viudas y permanecen en sus domicilios porque aún tienen autonomía vital. Suelen ser viviendas de una cierta antigüedad. De ahí que Valls apunte un posible nicho de mercado para los constructores en épocas de crisis: la rehabilitación o adaptación de los inmuebles. «El que un edificio no disponga de ascensor y dificulte que la persona salga a la calle comporta un gran riesgo de aislamiento social», advierte Valls. 

Más de 79.000 personas viven solas en la demarcación, un 10% del total de habitantes

El segundo gran motivo es la creciente dificultad de los jóvenes para formar una familia, lo que les lleva a vivir en pareja, pero sin tener hijos. Las viviendas habitadas por dos personas lo están en su mayoría por parejas jóvenes sin hijos, parejas de avanzada edad que prefieren seguir residiendo en su casa porque no necesitan cuidados especiales y familias monoparentales: la madre que vive con el hijo de la pareja tras un divorcio, ya que suele ser el padre el que abandona el domicilio familiar y se va a vivir solo.

La precariedad laboral obliga a los jóvenes por un lado a emanciparse más tarde y, por otro, a acumular cada vez más estudios para poder encontrar un trabajo digno. Esto repercute en que la edad de emancipación sea más tardía, se tengan hijos a edad más avanzada y la natalidad sea inferior.

Valls rescata más datos. La tasa de fecundidad en Catalunya era de 1,3 hijos por mujer en 2018, frente a los 1,6 de media en la Unión Europea y los 1,9 de Francia. La edad media en que se tiene el primer hijo es de 32,2 años mientras que hace quince años estaba por debajo de los 31 años.

Si a lo anterior le añadimos las dificultades en la conciliación de la vida laboral y familiar y la poca capacidad de ahorro, se entiende que las parejas no tengan hijos y los hogares sean ‘solo’ de dos personas, no de tres o cuatro. 

Con tres personas hay un 20,84% de hogares en Tarragona y con cuatro, un 16,63%.
Más allá de las repercusiones sociales, hay una consecuencia inmobiliaria, según explica uno de los principales promotores de Tarragona, José Luis García: «Si nos llegan a decir en los 70 que habría tantos hogares con una o dos personas no nos lo habríamos creído. Entonces construíamos viviviendas de 90m2 con cuatro habitaciones y un baño. Ahora son prácticamente todas de tres habitaciones, algunas de cuatro y un 10-15% de dos habitaciones».

Por comarcas, la que más porcentaje de viviendas con un solo habitante tiene es la Conca de Barberà, con un 27,82%. La que menos es la Ribera d’Ebre, con un 22,34%. También la Conca es la comarca donde los pisos tienen menos superficie de media: solo 50,4 metros cuadrados, frente a los 98,7 metros cuadrados del Tarragonès. Es decir, los pisos son el doble de grandes en la comarca de la capital que en la Conca. 
¿Y en el futuro? Valls pronostica que «la mayoría de personas que vivan solas será gente de avanzada edad y, dadas las condiciones sociales y laborales, es difícil que haya un repunte de la natalidad». Consecuencia: seguirán creciendo las personas que viven en soledad así como los hogares que alberguen a una pareja.

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