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Más muertas por violencia machista que en todo 2019 en Tarragona

En lo que va de año, tres mujeres han muerto en la demarcación de Tarragona presuntamente a manos de sus parejas en La Bisbal del Penedès, en Creixell y el pasado viernes en Cambrils

ÀNGEL JUANPERE

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El crimen de La Bisbal fue cometido en esta finca de la urbanización Can Gordei.FOTO: J.M.B./DT

El crimen de La Bisbal fue cometido en esta finca de la urbanización Can Gordei.FOTO: J.M.B./DT

Con la mujer hallada muerta el pasado viernes de Cambrils –y que la juez instructora está investigando como un nuevo caso de violencia de género– son tres las fallecidas este año en la demarcación de Tarragona a manos de sus parejas o exparejas. Las otras dos fueron asesinadas en La Bisbal del Penedès y Creixell. La cifra representa el triple que en todo el 2019, cuando fue una sola víctima. El año pasado no hubo ninguna.

Estos datos negativos van acorde con los que se dan en España. La plaga de la violencia de género vive en España uno de sus momentos más álgidos en muchos años. Desde que el 9 de mayo terminó el último estado de alarma, con el retorno general a una casi normalidad, los maltratadores han perdido buena parte del control que lograron sobre sus víctimas durante el año de pandemia y confinamientos. El fin de las restricciones horarias y de movimientos y la vacunación han permitido a muchas mujeres tratar de sacudirse el dominio machista e incluso dar pasos hacia el abandono o la separación. Muchos agresores, iracundos y frustrados, han respondido con violencia y asesinatos.

El año pasado, en que los ciudadanos estuvieron la mayor parte del tiempo confinados y en pleno estado de alarma, las víctimas de violencia de género bajaron a cero en Tarragona. No hubo ningún caso. Ello no significa, sin embargo, que la problemática no existiera. «Es un estado latente que siempre existe. Y cada mujer tiene su tiempo de respuesta o de reacción», reconoce Rosa Casas, antropóloga, educadora y trabajadora social, especialista en género y cofundadora de la Associació Dhides (Dones i Homes per la Igualtat i el Desenvolupament). Añade que «la violencia crece o se hace más visible a medida que las mujeres reaccionan. Y el agresor sube un grado más de violencia», recalca.

El resultado es lo que el propio Gobierno ha definido como situación de «alerta machista», que ha cristalizado durante mayo, junio y el recién acabado julio en el trimestre con más crímenes de género en una década en España. Son 20 muertes en once semanas. Un triste récord para el que ni siquiera ha hecho falta incluir el primer asesinato machista de agosto, el registrado el lunes en la población malagueña de Rincón de la Victoria, que supone ya el número 29 desde que comenzase el año.

En estado de alarma

En el caso de la demarcación de Tarragona, diez días antes de levantarse el estado de alarma una mujer era asesinada presuntamente por su pareja en La Bisbal del Penedès. El 26 de abril la víctima, de 50 años, fallecía en la Unitat de Cremats del Hospital de la Vall d’Hebron a consecuencia de las graves quemaduras sufridas. Su pareja, un hombre de 37 años, fue quien alertó del incendio y aseguró que su compañera había intentado suicidarse quemándose a lo bonzo. Pero no contaba con que la víctima, a pesar de tener el 96 por ciento del cuerpo con quemaduras, pudiese pronunciar las que seguramente fueron sus últimas palabras: «Ha sido este hijo de puta el que me ha quemado». Una expresión que oyeron tanto el personal del Sistema d’Emergències Médiques (SEM) como los Mossos d’Esquadra, que fueron los primeros en llegar al domicilio tras recibirse el aviso de incendio.

El juez envió a prisión al sospechoso, acusado de un delito de homicidio y otro de conducir sin carnet. Ya había estado entre rejas tres años –entre 2015 y 2018– por haber maltratado a su madre, delito por el que fue detenidos dos veces.

No había denuncias previas por malos tratos. Eso sí, la mujer ya había sido maltratada por dos de sus parejas anteriores, de las que incluso tenía órdenes de alejamiento.

El caso se está instruyendo en un Juzgado de El Vendrell y será un jurado popular quien se encargue de juzgar el asunto.

Homicidio y suicidio

El segundo crimen de violencia de género tuvo como escenario un piso de Creixell, cuando ya se había levantado el estado de alarma. Un hombre de 56 años mató con un arma de fuego presuntamente a su pareja –de 52 años– durante el fin de semana y acabó suicidándose la noche del lunes 17 de mayo después de hablar con su madre.

El piso donde ocurrieron los hechos, situado en la calle Adrià, es propiedad de la madre del acusado. Él vivía en este municipio del Tarragonès con su nueva pareja después de haberse divorciado de la anterior.

Y una escena bastante diferente, principalmente por como transcurrió la investigación, es la que rodea el crimen de una mujer de 25 años asesinada el viernes de la semana pasada en Cambrils. Inicialmente, los Mossos d’Esquadra detuvieron a su pareja, un hombre de 53 años, como autor de un delito de quebrantamiento de condena por haberse saltado la orden de alejamiento que tenía vigente. Fue él quien alertó que había hallado muerta a su antigua compañera. Los resultados de la autopsia no resultaron determinantes para saber las causas de la muerte. Lo que está claro es que presentaba secuelas de golpes, que se habían producido en varios días. Ahora se está a la espera de unas analíticas del Instituto Nacional de Toxicología para que ayuden a la investigación.

El pasado lunes, el sospechoso pasó a disposición del Juzgado de Violencia sobre la Mujer de Reus. Las respuestas dadas durante el interrogatorio llevaron al fiscal a acusarlo de un delito de homicidio –además de quebrantamiento de condena y maltrato en el ámbito familiar– y solicitar prisión provisional y sin fianza, a lo que la juez accedió.

Rosa Casas señala que el maltratador «siempre va a buscar la estrategia para seguir teniendo a la víctima bajo su control. Si ella va respondiendo a la violencia, él aumentara el nivel. Porque al final lo que busca es que ella vuelva al lugar de la sumisión». En solitario, muy pocas mujeres dicen «basta», porque están aisladas, «no tienen el apoyo de otras personas. Por ello, es importante que tengan este amparo de alguien».

La antropóloga recalca que son pocos los hombres los que llevan la violencia al extremo –hasta la muerte de la víctima–. «La mayoría acaban bajando la presión, sobre todo si ellas están rodeadas de personas que las apoyan».

Casas señala que la situación actual ya venía dada desde antes del estado de alarma: «El malestar estaba latente, pero no se ha visualizado. Todo lo latente está saliendo a la luz. Y morirán más mujeres. Ojalá me equivoque».

En ese sentido, añade que a partir de ahora aumentará la violencia, «porque es una revolución. Ningún cambio social se ha dado de forma gratuita. Siempre hay pérdidas para conquistar derechos. Y crítica que el sistema permita que todavía siga habiendo violencias sutiles, como el desprecio y la falta de valoración.

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