Máxima emergencia social en Tarragona

Cáritas triplica sus ayudas en algunas zonas y Creu Roja atiende en la provincia a unas 8.000 personas más en la pandemia que en todo 2019. La situación es crítica y se alargará meses

Raúl Cosano

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Reparto de comida a domicilio de Creu Roja en Terres de l’Ebre. Foto: Creu Roja

Reparto de comida a domicilio de Creu Roja en Terres de l’Ebre. Foto: Creu Roja

En tres meses más personas atendidas en Tarragona que durante todo 2019. La comparativa ilustra el impacto de la pandemia en la atención social. «Hemos estado desbordados», confiesa Anna Sabaté, coordinadora de Creu Roja en Tarragona. «Después del confinamiento hemos seguido atendiendo a muchísimas personas, mirando cuál es el estado emocional… Hay mucha gente sin trabajo, sin ingresos», apunta Sabaté.

En plena nueva normalidad veraniega, en la incertidumbre económica y con el paro en aumento, la emergencia social no cesa. Así lo refleja el balance de Creu Roja, una de las entidades volcadas. En algo más de tres meses de pandemia se han atendido a 31.345 personas. Durante 2019, los asistidos por esos mismos proyectos (de salud, ayudas básicas, gente mayor) se quedaron en 23.834. 

Es decir, son casi 8.000 más, un 33% más pero teniendo en cuenta que esos datos abarcan únicamente un trimestre. Cualquier indicador muestra el aumento. Las ayudas básicas (entrega de bienes y económicas), que tienen en cuenta a todo el núcleo familiar, llegaron en 2019 a 13.365 personas. En este periodo de pandemia se han alcanzado las 16.809. Son 3.500 más.

«Un shock imprevisto»

Entre las entidades sociales manda la idea, más allá de cómo evolucione la situación sanitaria, de que esta urgencia va ir para largo. «En la anterior crisis ya se percibían unos indicadores que decían que la situación iba mal, pero esta vez no, ha sido algo de hoy para mañana, de quedarse sin trabajo de un día para otro. El shock ha sido más espectacular, en algunos casos afectando a más de un miembro de la familia. Desde el punto de vista social, seguimos en la emergencia. Hay mucha incertidumbre económica. Tendremos trabajo durante muchos meses», cuenta Sabaté. 

La nueva normalidad no ha traído un alivio, porque el paro y la falta de ingresos siguen azotando

Esta crisis, además, ha hecho que familias que hasta ahora no habían necesitado ayuda (en algunos casos, porque se mantenían con ingresos en negro de la economía sumergida) hayan tenido que recurrir a entidades de beneficencia. Sabaté añade que «el confinamiento provocó de manera inmediata la pérdida de empleos vinculados al trabajo a domicilio (limpieza, cuidado de personas mayores y niños), un sector en el que predomina la economía irregular y en el que más del 90% son mujeres».

Un 50% más de familias

Un ejemplo de esta excepcionalidad lo ofrece Cáritas Diocesana de Tortosa. En junio advirtió que la crisis del coronavirus había disparado en un 50% las familias que habían pedido ayuda. Si la tendencia se alargara a final de año, se podían llegar a atender a 5.000 familias, el 40% más que en 2013, cuando Cáritas registró más atenciones de su serie histórica (3.653). Además, de ese aumento del 50%, un 30% eran usuarios que pedían auxilio por primera vez. 

En Tarragona, los balances de Cáritas son similares. Durante la pandemia, los 62 puntos de distribución de alimentos que tienen en las diferentes diócesis han permitido llegar a 3.935 familias, un 48% más que en el mismo periodo del 2019. Las familias con más riesgo de vulnerabilidad son las que tienen hijos a cargo (54% de las atendidas) y las personas solas (22%), grupo en el cual tienen un peso importante los mayores. También han detectado un incremento de personas migrantes, especialmente procedentes de países latinoamericanos.

«Vienen personas que nunca habían pedido ayuda», «y gente que hace cinco años que no veíamos». Son los comentarios de algunos voluntarios de Cáritas, que asisten en primera fila a este aluvión de necesidades sobrevenidas. 

Los servicios sociales del Ayuntamiento de Tarragona también han detectado este auge, especialmente entre abril y mayo. Las asistencias se han acabado triplicando, después de aumentos progresivos: de las 673 atenciones en febrero se pasó a las 1.006 de marzo, a las 1.350 de abril y a las 2.026 de mayo. Del total de atenciones, 5.517, en 675 casos no se había acudido nunca a servicios sociales. «Los datos nos dan una idea del gran aumento que ha tenido la demanda ciudadana», apunta la concejal Carla Aguilar-Cunill, que recalca «el gran esfuerzo realizado por el personal municipal, que pudo asumir el reto y darle respuesta». La asistencia es muy diversa; va de ayudas de urgencia para alimentos o medicinas mediante tarjetas monedero a pagos para poder sufragar los suministros de luz, gas, agua o el alquiler.

Las entidades están desbordadas. Algunas personas acuden por primera vez a pedir ayuda

La herida del virus es profunda y va más allá de la subsistencia. «Ha aflorado otro tipo de vulnerabilidad que no es económica y que en Creu Roja tenemos muy detectada, pero de la cual la persona a veces no es consciente, como es la soledad. Muchas personas mayores han estado confinadas y, aunque no tenían un problema económica, no podían salir a la calle y se quedaban desprotegidas por estar solas», añade Sabaté. 
Al tiempo en que crece la necesidad, también lo hace la red de voluntarios y de las propias aportaciones. Al inicio de la pandemia, Creu Roja Tarragona no tuvo más remedio que enviar a casa a una parte de su voluntariado de más de 65 años por ser personal de riesgo, pero una nueva oleada de personas jóvenes acudió para arrimar el hombro en esos momentos tan graves, en los que se tuvieron que ampliar los días de reparto.  

Las perspectivas más inmediatas no son buenas. En Creu Roja se prevén meses de mucha actividad y en Cáritas se preparan para atender la emergencia social al menos hasta finales de año.

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