Médicos más expertos en el virus pero agotados e indignados

Hay colapso en los CAP y calma tensa en hospitales. El aprendizaje y la provisión de material suficiente no esconden la preocupación por la segunda ola y la rabia por la relajación social

Raúl Cosano

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Concentración de médicos internos residentes (MIR), en Tarragona, durante esta semana. Foto: Pere Ferré

Concentración de médicos internos residentes (MIR), en Tarragona, durante esta semana. Foto: Pere Ferré

Tani Francesch, médico especialista en geriatría y paliativos en Joan XXIII, enfermó de coronavirus en la primera oleada y estuvo dos meses de baja. «Llegamos a estar a tope, con necesidad de poner a especialistas de otros ámbitos a hacer medicina interna.

La situación fue muy angustiosa, lo pasamos mal», explica ella. A su vuelta, tras pasar debido al SARS-CoV-2 por un cuadro serio de salud, neumonía incluida, tuvo que recibir ayuda psicológica, y no fue la única entre un personal sanitario que acabó exhausto y cansado. «La gente lo ha pasado muy mal, emocionalmente muy agotada. Ahora vemos que los ingresos van subiendo y cada vez tenemos más en la UCI», añade Francesch.

El propio Fernando Vizcarro, presidente del Col·legi Oficial de Metges de Tarragona (COMT), resume así la situación: «En los hospitales el trabajo va subiendo poco a poco y en primaria estamos muy saturados». El verano apenas ha supuesto una tregua, pero breve, ya que el aumento de contagios provocado por los rebrotes ha complicado la situación antes de lo previsto, a la expectativa de ver el impacto que tiene la recuperación de la movilidad y la vuelta al cole en la curva pero, sobre todo, en la ocupación de camas y de la UCI. «La situación es de calma tensa y de preocupación aunque, por otro lado, sabemos que estamos mejor preparados», admite Tani Francesch. 

«Mejor que en abril»
Los protocolos son mucho más claros y los conocimientos mucho mayores. «La situación es bastante mejor que en abril, también desde el punto de vista anímico. Veo a los médicos tranquilos, pero a la expectativa. Hay dos cosas clave. No hay falta de equipos de protección, las reservas son suficientes para un tiempo aceptable, algo que en la primera oleada provocó mucha angustia. Por otro lado, están claros los protocolos que se tienen que seguir y eso da un cierto grado de seguridad a los profesionales», explica

Joan Inglés, doctor especialista en medicina del trabajo en el Hospital Sant Joan de Reus. Inglés reconoce, eso sí, cierta inquietud creciente «por ver cómo repercutirá la apertura de los colegios y cómo evolucionan unas tasas que indican un riesgo potencial de que la situación empeore». 

En el lado positivo está ese bagaje médico acumulado casi a contrarreloj, gracias en parte a la carrera acelerada de la ciencia en unos pocos meses. «Los médicos que llevamos este tipo de pacientes, como los internistas o los neumólogos, hemos cogido mucha experiencia sobre la enfermedad. Ahora la Covid-19 nos preocupa como otra patología. Es una enfermedad importante pero tenemos que seguir realizando nuestra actividad rutinaria, que quedó parada en el mes de marzo. Hacemos simultáneamente las dos cosas», explica Antoni Castro, jefe del servicio de medicina interna del Sant Joan y decano de la Facultat de Medicina i Ciències de la Salut de la URV. Castro explica que «aunque haya menos ingresados, el virus no es ahora menos violento», sino que hay sistemas de detección más tempranos. 

El desgaste también está presente en Reus. «Nos preocupa lo que pueda pasar a partir de ahora. Estamos a la expectativa, con esa tensión puesta de adaptarnos a incrementos puntuales de trabajo. Es el estado de ánimo que ya tiene el sanitario de por sí, después de sufrir muchos años de recortes. Está claro que no estamos en la situación que nos gustaría, pero tenemos capacidad de respuesta», añade Castro.

Otro factor que perturba es la eventual falta de profesionales, debido a las cuarentenas que tengan que hacer derivadas del impacto del virus en los centros educativos. «Nos preocupa que la Covid-19 coincida con los resfriados y la gripe, que en algunas ocasiones ya suele colapsar las emergencias», cuenta Castro. 

El otro sentir de los médicos es el de indignación, en un mayor o menor grado, por esa cierta relajación en la que ha incurrido en ocasiones una parte de la sociedad. «No recojo la impresión de una culpabilización desde los médicos, pero sí que ha habido una cierta despreocupación, una relajación que se tendría que haber minimizado pero, al fin y al cabo, es algo que no podemos controlar, no depende de nosotros», cuenta Joan Inglés. 

Otras voces son más contundentes. «Para mí, la palabra ante algunas cosas que hemos visto es perplejidad. A veces me preguntaba: ¿cómo puede ser que, después de lo que hemos vivido, aún la gente se comporte así? ¿Qué parte de la película se han perdido? La mayor parte de los ciudadanos cumplen pero ves que hay una buena parte que no. ¿Cómo puede ser que haya gente que, a estas alturas, no lo haga bien?», se cuestiona Antoni Castro

. «Es algo que comentamos mucho. Da mucha rabia ver según qué actitudes. Yo no les pondría una multa, les obligaría a venir al hospital para ver lo que vemos y vivimos nosotros», añade Tani Francesch, que alerta de las situaciones agravadas en los últimos meses: «Hay mucha patología oncológica que no la hemos podido visitar, que no se ha diagnosticado, porque las personas, aun teniendo síntomas, se quedaron en casa durante el confinamiento, y ahora hemos visto que eran cosas graves». Francesch admite «que no ha habido un refuerzo de las plantillas» en estos meses, sino que «incluso se ha frenado la contratación que estaba prevista, por ejemplo, en mi ámbito». 

Mientras los hospitales viven en un standby inquieto pero relativamente tranquilo, la saturación está presente ya en la atención primaria, algo que reconoce incluso el propio Departament de Salut, pendiente de inversiones que deberán mejorar las condiciones de los profesionales en los CAP a partir de este otoño.

El doble de visitas en el CAP
«Estamos desbordados, con muchísimo trabajo», desgrana Jordi Daniel, médico en el CAP de Salou y miembro de la Societat Catalana de Medicina Familiar i Comunitària (CAMFiC). «Se hace seguimiento de pacientes con Covid y se toman decisiones en función de lo que se sabe. Es un trabajo muy importante, porque hablamos de perfiles que aparentemente están bien, pero pueden surgir complicaciones y pueden empeorar de un momento a otro, por lo que hay que tener mucho control», cuenta Daniel.

Una comparativa de su labor en la consulta ilustra la situación: «Hace un año, antes de la pandemia, una agenda normal pactada eran 30 visitas de pacientes al día y una o dos a domicilio. Ahora estamos hablando de 50 o 60 llamadas al día y cinco o seis visitas a casas. Y lo que haga falta después, porque hay que tener en cuenta que algunas personas a las que llamas por teléfono tienen que acudir a tu consulta para acabar de ver o solucionar el problema, así que la situación de estrés es muy alta». 

A todo eso, cunde un cierto ambiente de crispación y hasta de enfado por parte de los usuarios, obligados a soportar esperas. «Notamos que la paciencia ha desaparecido, que la gente no termina de entender que no estamos en una situación normal, aunque ya no haya confinamientos. Nos sentimos presionados», añade Jordi Daniel.

La huelga de los MIR: «Somos mileuristas»
«La protesta de los MIR viene precisamente porque han hecho de médicos de batalla, en lugar de estar con la formación, que es lo que debería ser. Ya pasaba antes, porque las plantillas estaban muy limitadas, pero ahora con la Covid todavía más», explica Tani Francesch, doctora en Joan XXIII. Los médicos internos residentes (MIR) de Tarragona han hecho esta semana una huelga de tres días, con un 90% de seguimiento, acompañada de concentraciones. Unos 340 facultativos, un 10% de la plantilla provincial, estaban llamados a esta movilización para reclamar mejoras formativas, laborales y retributivas. Los médicos residentes denuncian unas condiciones «precarias» que se han «agravado» con la Covid-19.

Demandan que se les garantice que el 15% de la jornada ordinaria se destine a la formación. En el ámbito laboral, los residentes piden que la jornada ordinaria sea de 35 horas semanales, como en el resto de España, y un máximo de 48 horas de trabajo semanal entre la jornada ordinaria y las guardias. También, que después de una jornada, algunas de 24 horas, se cumplan las 12 horas de descanso mínimo ininterrumpido, así como las 36 continuadas de descanso semanal, como recoge la legislación. «Somos conscientes de que estamos en formación, pero somos personal que tenemos la carrera de Medicina, hemos aprobado una oposición larga y dura como es el MIR y estamos haciendo entre cuatro y cinco años de formación especializada. Y la realidad es que somos mileuristas», explica Àlex Mayer, portavoz del comité de huelga. 

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