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Medio siglo de acampadas y sábados felices en Tarragona

El Alverna cumple 50. La entidad arrancó ayer las fiestas del cincuentenario y volvió a demostrar que las vivencias y las amistades que nacen en el ‘cau’ marcan para siempre

Noriáń Muñoz

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año de barro en 2001. Una buena compliación de fotos de todos los tiempos puede verse en el perfil de Twitter @AlvernaArxiu. FOTO: cedida

año de barro en 2001. Una buena compliación de fotos de todos los tiempos puede verse en el perfil de Twitter @AlvernaArxiu. FOTO: cedida

La historia arrancó en 1969 con tres muchachos: Enric Rovira, Josep Maria Pastrana y Ricard Espinosa, visitando al padre Matías, entonces guardián del Convento de los Capuchinos, con la intención de formar un nuevo agrupament escolta. Los religiosos les cedieron un local en su edificio de la Rambla Nova. Así arrancaba la andadura del Agrupament Escolta i Guia Alverna. El nombre viene de una montaña situada en la Toscana (Italia) y el color del fular que les identifica es lila, que representa el Camp de Tarragona, y verde, color de la esperanza.

Hoy, 50 años más tarde, el Alverna sigue vivo y un centenar de chicas y chicos de 6 a 18 años, y una veintena de monitores, siguen cumpliendo con el ritual de reunirse cada sábado en el cau. Albert Villarroya, secretario de la entidad, es el ejemplo típico de una tradición que pasa de generación en generación. Su padre ya estuvo en el Alverna y él entró siendo un niño, y ha pasado por todas las etapas, incluidas las de monitor y cap.

¿Por qué pasar tantos años ligado a un grupo? Villarroya dice que «las amistades que se hacen en el cau dificilmente se rompen». Hoy, otros antiguos miembros del grupo lo confirman, aquí han surgido infinidad de amistades y también algún romance que ha acabado en boda.
Experiencias auténticas

Los niños de ahora, claro está, no son los de hace medio siglo y hasta alguien joven como Villarroya reconoce que a estos chicos, tan enganchados a la tecnología, hoy cuesta más atraerles, pero quizá por eso también disfrutan más de poder vivir una experiencia auténtica junto a otros seres humanos: «Aquí se viven cosas que no se viven en ningún otro sitio». Son vivencias que marcan, reconoce. Los días y noches de campamento y las caminatas por la montaña, «aunque a veces ibas protestando», se quedan para toda la vida.

Aunque si hay una seña de identidad del grupo es su compromiso social. Muchas de sus actividades las dedican a ayudar a otras entidades de la ciudad. También se han comprometido en más de una lucha y la Fundació Alverna  organiza, por ejemplo, la travesía de andróminas de Sant Magí en la playa del Miracle.

La historia del Alverna, eso sí, no sería la misma si no fuera por los que pasaron por allí de niños y nunca se han desvinculado del todo, como es el caso de Txus Manjón, de Antics i Amics, que agrupa especialmente a antiguos miembros y familias. Todo este apoyo fue clave cuando en 2008 la marcha de los padres Capuchinos les dejó en la incertidumbre. En 2009 el Ayuntamiento les cedía un local en la antigua Facultat de Lletres y en 2017 inauguraban, por fin, su local propio en la plaça de Sant Fructuós donde hoy funcionan.

Manjón, ingeniero, reconoce, como muchos que han pasado por aquí, que no sería la misma persona sin el Alverna. De hecho, dice, es algo que es capaz de notar cuando trabaja con otras personas. «Si has ido al cau, se ve». El pistoletazo de salida de la celebración de los 50 años arrancó ayer con la plantada de un árbol y se prolongará todo el año.   

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