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«Mi misión es decirle: ‘Yo creo en ti’»

Hermano mayor. La entidad Quilòmetre Zero ha iniciado un proyecto en el que siete voluntarios acompañan en su emancipación a siete jóvenes que han estado tutelados

Norián Muñoz

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Los participantes deciden cómo compartir su tiempo juntos y también salen con familia y amigos. FOTO: cedida

Los participantes deciden cómo compartir su tiempo juntos y también salen con familia y amigos. FOTO: cedida

«Mi misión es decirle: ‘Yo creo en ti’; que sepa que hay alguien para quien él es importante. Quiero darle fuerza, aunque la verdad es que él ya tiene mucha». Quien así habla es Elisabet García, una de los siete voluntarios que desde principios de año participan en el programa ‘Amb tu’, que ha puesto en marcha la entidad Quilòmetre Zero por primera vez en la ciudad de Tarragona. 

La idea es que personas adultas (que tengan más de 30 años) dediquen parte de su tiempo a ejercer de mentores, una especie de hermano mayor, de jóvenes que han pasado parte de su infancia o adolescencia bajo la tutela de la administración y que, al cumplir la mayoría de edad, tienen que enfrentarse a su proceso de emancipación.

FOTO: cedida

Marina Claverías, coordinadora de proyectos de la entidad y profesora asociada de la URV, cuenta que el programa está inspirado en el Projecte Referents de la ONG Punt de Referència de Barcelona, que les ha asesorado en la puesta en marcha.

Un encaje perfecto

Para participar en el programa los voluntarios pasan por una formación inicial de 15 horas. Luego se comprometen a encontrarse con sus mentorados dos horas semanales durante seis meses.

En el caso de Elisabet cuenta que «la selección de parejas fue muy acertada. El encaje fue muy bueno y desde el primer momento supe que iba a ser alguien importante en mi vida».

En su caso ella y su mentorado han aprovechado los encuentros para salir en bicicleta, ver un partido del Barça en la televisión con su marido, ir de paseo... Y tiene más cosas planeadas: «Es un chico muy deportista y también le gusta la pastelería, así que apenas pueda iremos a hacer un taller de cocina. También quiero acompañarlo a sacarse el carnet de la biblioteca», explica. 

Cuenta que su mentorado, que tiene justo 18 años, vino de Tánger, como muchos, en patera.  Ahora vive en un piso de la Generalitat y, mientras estudia, está buscando trabajo. «Quise ayudarle a hacer el currículum, pero la verdad es que lo tenía impecable, ojalá le den una oportunidad», relata.

La intención del programa, explica Claverías, es que los jóvenes cuenten con un referente permanente más allá de los profesionales que trabajan con ellos. Alguien que igual les aconseje cuando van a enfrentarse a una entrevista de trabajo que les invite a salir a hacer deporte con su grupo de amigos. «Hablamos de personas que estuvieron tuteladas porque no tienen padres o familia, que hace años que no los ven, o que los tienen a muchos kilómetros de distancia», recuerda.

Más allá de la mayoría de edad

La selección de los jóvenes que participan en esta primera experiencia se hizo con el apoyo del Àrea de Suport a Joves Tutelats i Extutelats, ASJTET, de la Generalitat. En enero de este año el ente atendía a 2.308 jóvenes en toda Catalunya en esta situación.

Relata Claverias que una vez los jóvenes cumplen 18 años en teoría el deber de la administración con ellos se termina. No obstante, reconoce, Catalunya es una de las comunidades más garantistas porque hay recursos habitacionales y algunas ayudas económicas para después de cumplir la mayoría de edad.

No obstante, conseguir que estos jóvenes puedan valerse por sí mismos sin la ayuda de referentes familiares no es fácil, aunque en las situaciones personales que les ha tocado vivir les han hecho madurar muy pronto.

Explica, por ejemplo, que en el caso de algunos jóvenes extranjeros que llegaron siendo menores  han cumplido la mayoría de edad y no ha sido posible acabar los trámites legales para que puedan trabajar. Para ello, necesitarían un contrato por un año, algo difícil de lograr. «Hay chicos bien formados y necesitamos empresas que confíen en ellos», explica Claverias.

Habrá una segunda parte

En esta primera fase, los perfiles de los voluntarios que se han apuntado es de lo más variado y  participan tres hombres y cuatro mujeres. Entre los jóvenes, hay seis chicos y una chica de entre 18 y 23 años. Durante todo el proceso, una trabajadora social supervisa las actividades que realizan las parejas y, a la vez, mantiene el contacto con los educadores sociales de los jóvenes.

Para poner en marcha el proyecto han contado con el apoyo económico de Repsol y habrá una segunda etapa que comenzará en septiembre. 

Elisabet, que ya fue voluntaria acompañando a una persona mayor durante cinco años, cuenta que su participación en el programa le está dando muchas satisfacciones: «Esta experiencia me humaniza y me convierte en mejor persona. Aprendes a no prejuzgar, a ser más humilde y a ponerte en el lugar de otros», resume.

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