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Tarragona CRÓNICA

Mi reino por un rato de silencio

No hay manera de librarse del ruido. Dentro de un centro comercial hay tanto como en la calle más transitada (en Tarragona)

NORIÁN MUÑOZ

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Mercat Central de Tarragona. FOTO: DT

Mercat Central de Tarragona. FOTO: DT

Ver a cuánto ruido nos exponemos durante el día; ese era el objetivo del experimento cuando nos descargamos una aplicación para el móvil que mide los decibelios. Desde el principio tenemos claro que no se trata, ni de lejos, de datos científicos, pero sí es una manera de poner en evidencia un fenómeno invisible.

Con la App de marras instalada, lo primero que se nos ocurre es mirar cómo se está dentro de la casa en calma (lo en calma que se puede estar si se vive cerca de una vía de entrada a la ciudad). Aparecen 32 decibelios: ¡Bien! Se nota que el vecino de arriba ya ha acabado las obras. La Ordenanza de Convivencia Ciudadana de Tarragona fija en 40dB el máximo que se puede superar en las casas entre las 8 y las 22 horas. Por la noche, el límite está en los 30 dB.

Pero nada más salir a la calle la cosa cambia, hay 78 dB. Deberían ser 65dB máximo durante el día, según la ordenanza, por ser zona de viviendas y oficinas.

Por el camino tenemos un respiro, en el Parc del Francolí hay esta mañana 52 decibelios. Las únicas que meten ruido son las palomas.

Vamos expresamente a Parc Central, a aquella tienda de ropa adolescente con la música estridente. La primera sorpresa llega cuando nos damos cuenta de que la música ambiental comienza nada más entrar. En resumen: 71 dB en una mañana de viernes con pocos clientes. Si la medición fuera oficial no cumplirían con la normativa. Los establecimientos comerciales no deberían superar los 45 dB durante el horario de apertura.

Tanto fuera como dentro

La música de los pasillos compite con la de las tiendas, pero, y aquí viene la segunda sorpresa, en estas últimas hoy el volumen no es significativamente más alto que el de fuera, pese a la percepción. Y es que hay que reconocer que, más allá del volumen, la selección musical también hace que tengamos mayor o menor percepción de ruido.

A la salida, en plena avenida Roma, el nivel de ruido es similar al del centro comercial, salvo casos puntuales, como cuando nos topamos con una máquina barredora y sus 87,2 dB.

De camino paramos a tomar un café, un café con leche y con ruido. En el bar se mezclaba el sonido del molino de café, la música, la camarera ordenando los platos, los comensales pidiendo... Nos sentamos en una mesa un poco más apartada y todavía hay 72 dB.

En el Mercat Central, en hora punta, alcanzan los 83,5 decibelios de puro murmullo. No, no nos salvamos del ruido ni en la calle ni dentro de los edificios.

Al final, después de tomar conciencia del ruido, casi se agradece llegar a la redacción con sus 48 dB de viernes por la mañana. Es el momento de dar gracias por no tener que convivir con el ruido de manera permanente como otros vecinos.

Eso sí, todo sea dicho. El momento de más ruido lo protagonizan, en un instante de risa escandalosa, mis hijas: 102 dB.... Mi reino por un poco de silencio.

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