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Mi rincón fetiche en Tarragona

El Claustre del Seminari. Son muchos los momentos que he podido vivir en este espacio único. También se crearon complicidades, entre el público y con los artistas 

MARÍA PARRA

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La compositora y pianista María Parra durante una de sus actuaciones en el Claustre del Seminari. FOTO: ANTONI COLL

La compositora y pianista María Parra durante una de sus actuaciones en el Claustre del Seminari. FOTO: ANTONI COLL

Por aquellas casualidades de la vida, descubrí el Claustre del Seminari en febrero de 2013 de la mano de Xavi Mejuto, gerente de la agencia Itinere, guías de la ciudad en Tarragona. Como si de un tesoro escondido se tratara, como si fuera un rincón de patrimonio solo al alcance de unos pocos privilegiados, me encontré ante la imponente capilla de Sant Pau, esta joya del siglo XIII, rodeada del claustro recientemente restaurado con aquel buen gusto que encuentran algunos de saber integrar el patrimonio inmortal con la modernidad más exquisita. No puedo negar que enseguida me enamoré...

En aquel momento no era consciente de que este lugar se convertiría en el centro neurálgico y en el detonante de un proyecto musical muy personal, que empecé a gestar aquel mismo día. Con las ideas resonando en mi cabeza y en mi corazón, in crescendo y accelerando, aquel proyecto vería la luz por primera vez, en forma de concert matinée, un lluvioso 9 de junio de aquel año. Un día de emotivos reencuentros, ya que dos amigas tarraconenses formarían tándem artístico: la guitarra de Carmen Becerra y yo misma al piano. Aquel espacio se llenó de amigos, familiares y gente amante de la música, con ganas de que en Tarragona se pudiera reavivar la actividad cultural sacudida por la crisis del 2008. Aquel 2013 nacía el Bouquet Festival de Tarragona, que maridaría Patrimonio, Música y Vino (y más adelante Vermut).

El Claustre del Seminari pasaría a ser mi rincón fetiche en Tarragona, la sede de los conciertos con piano, donde durante siete años tendría la ocasión de tocarlo en concierto en la ciudad que me vio crecer. Pero son muchos los momentos memorables que he podido vivir en este espacio único y muchas las anécdotas. También se crearon complicidades, tanto a nivel humano con el público tarraconense, como a nivel musical con un tejido de artistas de diferentes disciplinas que anhelaban poder tocar en su ciudad. Otros músicos invitados del territorio y del resto del Estado también se lo pudieron hacer suyo, así como las complicidades con diferentes instituciones públicas y privadas que se fueron añadiendo.

El Claustre del Seminari sería también la sede de las clausuras y conciertos especiales. Allí presenté mis dos primeros discos, toqué con la Orquestra Camera Musicae en su décimo aniversario o con la violoncelista Amparo Lacruz, un día que se llenó completamente. Tuve el placer de tocar con profesionales como el pianista Eduardo Frías a cuatro manos, la violista Isabel Villanueva o como en el último concierto, con las tarraconenses Isabel y Cecília Serra. Se vivieron momentos apasionantes como el del trío con el batería Jean Pierre Derouard que el buen amigo Xavier Pié nos llevó a la ciudad, o la presentación del disco Rutes del mismo Pié con Macc.

La guitarra impecable de Anders Clemens, el jazz fusionado del Pacheco & Ordax Quintet, el dúo de Pacheco y Susana Sheiman, el octeto de voces a capella Petit Comité, el espectacular concierto de Flutercussió, los alumnos del Conservatori de la Diputació de Tarragona, los Orgàsmic Quintet, el piano de Paula Coronas o la especial clausura en 2018 con ‘Agartha’. Han sido siete años intensos de Bouquet Festival, tanto en el Claustre del Seminari como en otros espacios de Patrimonio de la ciudad. El recuerdo es imborrable.

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